Decir que ha pasado casi un año desde que escribiese aquí unas últimas palabras es poco más que no decir nada. Un año puede ser tan breve o extenso como se desee: todo depende de la intensidad con la que uno trate de recordar u olvidar.
La cuestión es que vuelvo a estar frente a un folio en blanco, frente al reto digital, mirando por una ventana a un paisaje lluvioso. Ciertamente la estampa es diferente, donde antes había líneas eléctricas ahora hay árboles, y donde antes había arbustos, ahora montañas desnudas. Palabras que se pierden en los recodos cibernéticos, una bitácora con altavoces al máximo volumen.
Ahí vamos.

