Hay motivos para la alegría hoy. A 8.000 kilómetros de aquí, en un rincón que tenemos tan lejos ydeberiamos sentir más cerca, se ha encendido una pequeña luz de esperanza.
En Bolivia ha ganado Evo. Evo Morales, procedente de una familia minera, escapó con su familia al Chaparé siendo un niño, con la esperanza de que una vez cerrada la mina allí podrían plantar unas hortalizas y tener así algo que llevarse a la boca. Pero al eliminar el estado los aranceles a la exportación, alimentos extranjeros muco más baratos inundaron los mercados, y la única opción para los campesinos del Chaparé paso a ser la coca.
Evo Morales, a la espera de los resultados oficiales, se ha convertido en el primer presidente indigena de Bolivia. En un país donde los indigenas son mayoría, a lo largo de su historia ni uno solo de ellos ha ocupado la cabecera del estado. A partir de mañana habrá un aymara. Uno que conoce bien el altiplano, así como la zona selvática y demás rincones. Uno que ha viajado más por Bolivia que por Estados Unidos. El primero.
En los últimos meses Evo ha ido mostrando un pensamiento cada vez más racional. Conoce la política, desde el sindicalismo hasta el Parlamento, cuyo miembro fue hasta que lo expulsaron tildandolo de “suversivo”. Las cosas no serán faciles, porque en el Senado no obtendrán mayoría, y porque además, en esta primera ocasión en la que los bolivianos elegían a los presidentes de sus regiones, les han otorgado el poder a los conservadores en 7 de las 9 regiones.
De cualquier modo, los años venideros son años abiertos a nuevas oportunidades. Cambios institucionales profundos que reclama el pueblo boliviano y son necesarios, un mayor control sobre lo que les pertenece, y sobre todo, la necesidad de que el pueblo sea siempre el eje y motivo de las decisiones. El pueblo y no la macroeconomía, pues ésta no es justificable sino al servicio del pueblo.
Una ardua tarea por delante para Evo con un vicepresidente apropiado, y esperamos, con un buen equipo de trabajo. La reconstrucción de un pueblo anteriormente dividido y polarizado. Evo no es Eva, ni vive en el paraiso, pero le ha tocado dar un paso en su dirección.





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