Vivir en un Colegio Mayor tiene muchas ventajas. Una de ellas es que una tarde de domingo cualquiera regresas de charlar con un compañero y encuentras tu habitación llena de focos, pértigas de sonido, cables y personas que te miran con cara de pocos amigos como si estuvieras profanando un templo intocable. y es que te has cargado el sonido de una toma genial. Porque están grabando. Un corto.
255. Así se llama el proyecto que un buen amigo, David Pérez Sañudo -apunten este nombre porque dentro de unos años lo verán sobre la alfombra roja y podrán decir, sí, sí, a éste chiquito lo seguí en sus comienzos- está rodando en la Residencia que tenemos por hogar. Se trata de una comedia disparatada que gira en torno a Irene, novata omnipresente en los pensamientos colegiales sin ella pretenderlo. Sonrisas inocentes, movimientos de cadera sinuosos… Cuatro amigos terminarán en la habitación de Irene -la 255- la misma noche, de modo inesperado y oculto para los demás.
Llevamos nueve días grabando, desde el viernes 3. Han sido mcuhas horas abrasandonos con los focos, moviendo de un lado a otro toda la amalgama de cables, pero sobre todo, han sido días en los que no hemos parado de reirnos y aprender. Aprender a simular la iluminación de un cine con papel azul, aprender a improvisar, a aguantar repetir la misma escena más de 60 veces sin morir deshidratados. Y además está resultando.
Está funcionando porque un pequeño gran hombre, de nombre David, a pesar de ser incapaz de escribir un plan de grabación -qué día se graba cada escena, quién se encarga del sonido, qué actores se requieren- se está comportando como un auténtico profesional…
Aunque la palabra profesión a esto del arte a veces se le queda muy pequeña.






Comentarios recientes