Archivos para Agosto 2007

24
Ago
07

PeroDespuésVieneWishfulThinking!

 

 

Why can’t the white people play the blues
Why can’t I fall in love with you
It must be because of the seasons

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CanciónDeRegalo..;-)

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If the sky can open its eyes
And cry from up above
Let’s shed some tears of joy
And fall in love

 

24
Ago
07

Me quedé dormido

Anoche me quedé dormido en la playa, y hoy, despertado por la lluvia, he visto esto:

Creo, sospecho, inclusó quizás estoy convencido y puede que llegue a saber, que existe una visión más bonita al despertar, pero nada que se pueda contar (secretos de corazón anarquista…)

24
Ago
07

(un)wishful thinking…

Solo había una cosa en el mundo que le diese miedo. Había navegado volcanes y espantado arañas gigantes sin perder la sonrisa, disfrutaba con las noches oscuras. Para algunos era aventurero, para la mayoría,un loco inconsciente. Pero al acostarse, a veces sentía ahogarse, como si algo le apretara bajo el esternón, y quería llorar. Si no hubiese nadie durmiendo en la habitación contigua, hubiese gritado:
- Puta muerte.
Y es que le asustaba. Mucho. Involuntariamente hacía cálculos de lo que había vivido y lo que le quedaba en cualquiera de sus opciones (optimista, pesimista, accidente fatal…). Los números mareaban y se levantaba a ojear revistas tontas hasta bien entrada la noche, aunque al día siguiente tuviese que madrugar.
Tenía miedo a la muerte, y no podía decirselo a nadie, porque no le entendían.
Ni podía enfrentarse a ella, porque sabía que la vida, como todas las historias imperfectas, inevitablemente tenía un final.

19
Ago
07

Me gustas tú

Tú descuelgas el teléfono y dices:

- Hoooola…

A mí, en ese momento, me gustaría decir:

Qué voy a hacer,
Je ne sais pas.
Qué voy a hacer,
Je ne sais plus.
Qué voy a hacer,
Je suis perdu

 

¿Qué horas son, mi corazón?

17
Ago
07

Navegando (por la vida y sus colores…)

Ayer, con el quad camino de Laga, lluvia tonta de media mañana -sirimiri autóctono- y poco más que un grupo de surfers (con aspecto de focas perdidas) en el agua, nos encontramos con que el mar se perdía en la bruma, no había horizonte, y todo era muy azul.

Bonito día para lanzarse a batallas épicas.

15
Ago
07

¿Quién coño me ha robado la luna?

El otro día me levanté y pensé que sería culpa de las nubes, que estarían ocultandola. O igual le daba pereza salir. Incluso pudiera ser que, a pesar de lo que dice La Fuga (de dónde sacará las pelas la luna para salir todas las noches) se hubiera realmente quedado sin pelas. Últimamente la veía más pálida, desganada. Puede que tenga la baja por depresión…

Una vez me enamoré de la luna. Tampoco fue exactamente amor, entendamonos. Venía yo algo borracho y con un profundo sentimiento de abandono (infortunios amorosos) y ahí la ví. Redonda y pura. Distante y enigmática. Le susurré algo bonito y ni se inmutó, mantiendose lejana. Les dije a mis amigos:

- Mirad la luna, es perfecta, ella nunca te responde con malas palabras y tiene curvas infinitas. Me he enamorado de la luna.

Se lo tomaron en serio y hasta hoy. Una chica me reprochó -medio en serio medio en broma-, en plena declaración de sentimientos, que me enamoraba de cualquiera, hasta de la luna. Debería haberle contestado que sí, que me gustaba incluso ella habiendo tenido antes la luna tan cerca. Pero no le contesté y me fuí directo a darme un baño al mar (la playa siempre escenario involuntario). Es lo mejor que hice en todo el verano.

Pero ahora la luna se ha ido, y no está en el cielo, y solo me queda como recuerdo esta foto que robé entre las rendijas de mi celda una noche fugitiva:

(SE BUSCA LUNA…)

15
Ago
07

El tractor

Hoy ha cumplido los 1000 kilómetros de servicio leal e ininterrumpido al servicio de playas con las sirenas encendidas: auxiliando a un motorista que casi no lo cuenta, en Antzoras. Un accidente en la carretera que une las playas.

Es el quad de rescate que tenemos en Laida, estrenado este verano y que esperamos nos dure muchos más. Mi herramienta de trabajo principal (con él me desplazo de una playa a otra y a las zonas más alejada de la arena cuando hay emergencias). Aunque parezca más un elemento de atrezzo sacado aquella famosa serie de vigilantes de la playa, y a veces llegue a aburrirme de llevarlo debajo del culo, es util. Hoy ha quedado demostrado.

Y además, sé que en octubre lo echaré de menos. Porque con él me muevo por ese trozo de paraiso que es el verano a los veinte: los atardeceres en la playa, las gaviotas los días de tormenta y las quinceañeras suplicandote que les acerques hasta la playa, amen de muchas otras cosas que requerirían un par de sillas del chiringuito y música de los Beach Boys para ser comprendidas. Si a alguien le apetece, que avise, porque las sillas de plástico rojo ya están reservadas.

En la foto Iosu, coordinador general adjunto de las playas vizcainas hasta las 20h  y amigo después, de visita en Laida

13
Ago
07

Momentos a regalar al olvido

Iosu dice que recuerda un día de julio, hace muchos años, en que surfeó hasta el anochecer. Es uno de esos momentos que quedan grabados a fuego en la memoria. Al salir del agua le dijo a su hermana, religiosa:

- Hoy seguramente he estado más cerca de Dios que tú a lo largo de toda tu vida.

Atardecer en Laida

Ayer nos quedamos, al atardecer -después de cerrar los puestos-, a tomar una cerveza mientras comiamos frutos secos y observabamos a tres niñas de cinco, seis años escapando de su madre, rubia platino y chillona. Reían y corrían vestidas hacia la orilla, mientras el padre jugaba a perseguirla cinturón en mano. Seguramente tampoco regalaremos al olvido ese atardecer.

12
Ago
07

La increible historia de Sindy, la socorrista de arena (y algo más)

Supongo que escribir será como una droga, cuanto más consumes, más quieres. Sin embargo, en esta ocasión no hubo síndrome de abstinencia. Despues de varios meses escribiendo -casi- diario, a finales de junio, al volver de Madrid, abandoné este pequeño rincón para dedicarme por completo al trabajo. Y hasta hoy, casi dos meses de silencio inconsciente. Laida y Laga, esos rincones paradisiacos de la costa cantábrica, han ocupado cada momento de mi rutina. He descubierto nuevos socorristas que prometen (aunque alguien les ha dicho que soy enamoradizo y que repito cada día “estoy enamorado”, cosa que no he hecho públicamente, y con mucho esfuerzo, en todo el verano), y confirmado que los compañeros de la vieja guardia forman ya parte de mi historia personal.
Prometo (aunque no pueda prometer) una serie de entradas sobre dichos personajes. Me ha gustado la sección “Playeros” de El Correo, que va describiendo individualmente la fauna que habita las playas, y voy a copiarla sin miramientos. Quienes vivimos en la playa sabemos que hay un catálogo de personas que forman parte del entorno, desde el señor que limpia cada mañana Las Arenas (república independiente) hasta el hondartzaina de Ondarroa, pasando por el jubilado que nada cada mañana, la señora que limpia los servicios públicos, los niños del columpio de la izquierda… Sería muy egoista guardar para nosotros mismos ese elenco que desfila a diario ante nosotros, únicos testigos de la monotonía veraniega (con permiso de las gaviotas). Dentro de lo que el tiempo permita, pasará por aquí.
Han pasado muchas cosas extrañas, ni buenas ni malas, que me da muchisima pereza compartir. He llegado a la conclusión de que la vida invernal en Madrid, la atmosfera que respiramos en el colegio mayor, es una ficción insostenible y que por ello me recreaba constantemente y sin remilgos en ella. Pero cuando te enfrentes a la realidad, tu propia vida, resulta más complicado enfrentar las letras Supongo que en los cientos de entradas anteriores hubo sinceridad, no lo recuerdo, pero ahora se me antoja imposible escribir aquí qué es lo que me hace llorar alguna vez, porque sería como desnudarse en una playa donde nadie hace nudismo. Puedo decir sin embargo qué me hace sonreir (afortunadamente no recuerdo el último día que lloré y sí que esta semana he reido muchas veces).
Por ejemplo, me arranca una sonrisa recibir la mejor visita posible en la playa y conocer de primera mano, mientras disfrutamos de la tarde en Urdaibai desde lo alto de una terraza, la increible historia de Sindy, la socorrista de arena que el mar trajo y nadie conocía.

Existe cierta playa, de cuyo nombre hasta hace poco no me acordaba, donde cada mañana l@s socorristas otean la orilla en busca de tesoros -o basura-. En el mundo en que vivimos a veces la mierda difiere poco del diamante, y por si las moscas -y a pesar de ellas- resulta recomendable buscar con la esperanza casi perdida de sacar algo de provecho. Una luciernaga es mucho más bonita en un descampado por la noche que en medio de la ciudad. La cuestión es que en cierta playa donde todos los días buscan -infructuosamente hasta el momento- la botella que traiga el mapa del tesoro, una mañana se encontraron una socorrista tumbada en la orilla. Llevaba el uniforme tal y como dice el pliego de condiciones técnicas de la Diputación, no soltaba la boya torpedo y lucía melena rubia. Tenía la piel bronceada a pesar de los días nubosos que se habían decretado un par de meses antes. Sonreía y miraba al infinito. Le preguntaron si se encontraba bien y no contestó: se limitó a seguir sonriendo. Trataron de pellizcarle para ver si dolía, pero no pudieron: era de arena, y su cuerpo se deshacía entre los dedos. En la playa sabían muy bien qué era eso de encontrarse seres de arena, porque unos días antes había llegado un galápago gigante de la misma materia, desapareciendo con la siguiente marea. Tenían miedo de que pasara lo mismo con la socorrista, y empezaron a discutir qué hacer con ella.

Sindy

Alguien sensato propuso solicitar una ambulancia y dejar que el hospital decidiera su futuro, pero todo el mundo sabe que a las personas sensatas nadie les escucha. Por ello el resto siguieron discutiendo:
- Deberiamos ponerle nombre. Cuando a las cosas les pones nombre, es mucho más facil mantenerte unido a ellas.

- Pero no es una cosa, zopenco. Es una persona. De arena, pero persona al fin y al cabo -reprobó alguien-.

- Bah, tonterias. Las personas tambien son objetos, por mucho que se estimen a sí mismas.

Así que acordaron ponerle nombre con la esperanza de que a la mañana siguiente la marea no se la hubiese tragado, y en caso de que así hubiera sido, traerla de vuelta a la playa llamándola por su nombre. Al principio cada usuario de la playa propuso un nombre, y se constituyó una asamblea para someter a votación tan serio asunto. Pero alguien propuso comprobar si en la camiseta, por casualidad, la socorrista había escrito su nombre antes de quedar sonriendo inmovil. A todos les pareció una gran idea y por ello disolvieron la asamblea y procedieron a mirar en la etiqueta de la camiseta. No había inscripción alguna, por lo que volvieron a fundar la asamblea y comenzaron las votaciones para darle nombre. Las primeras sesiones solo hablaron los más extrovertidos, pero con el tiempo hasta las gaviotas comenzaron a tomar parte en los debates. Cuando la situación se había vuelto insostenible y estaban a punto de convocar elecciones para formar un parlamento que decidiera el nombre (todo tenía que ser rápido, por la cercanía de la noche y la pleamar) una señora que paseaba bañandose, con el vestido remangado, bolsa de playa y el agua por las pantorrillas, hizo callar a todos.
Yo no la veo muy bien, porque tengo cataratas y además el perro y el canario están enfermos, pero creo que esa chica por la que todos discutis se llama Sindy. Con S. Como en las películas. Parece americana, seguro que viene de allí (y señaló hacia los montes en dirección a Asia).
Nadie se atrevió a ponerlo en duda, porque la señora era demasiado ridícula como para mentir. Decidieron que se llamaba Sindy, lo anunciaron por megafonía y se fueron todos a dormir tranquilamente.
A la mañana siguiente, al abrir el puesto de socorro, buscaron a Sindy por la orilla. No estaba. La llamaron desesperadamente:
- Sindyyyyy. Siiiindyyy.

Pero no apareció. Tampoco la señora que la había bautizado. Hay diferentes hipótesis sobre su paradero; la más extendida de ellas es que la DYA la raptó para llevarsela a trabajar a la playa de Mutriku (extremo que nadie ha podido demostrar). Personalmente creo que se deshizo porque era de arena, y quedó un poquito en la orilla de aquella playa, un poquito en la hélice del ferry que partió al amanecer del día que desapareció, un poquito entre las teclas de mi ordenador, un poquito entre Barinatxe y Arrietara, y el resto vagando por el mar, esperando volver a estar aburrida para convertirse en un ser que atormente a los apacibles paseantes de cualquier playa del planeta.

(Esta historia me la contó a ratos, sin darse cuenta del todo, una socorrista que afortunadamente no es de arena mientras charlabamos en algun que otro sitio entre el Puente Colgante y Ogoño.)

Ya puestos, por qué no decir qué me entristece. Me ha entristecido recordar hoy que vivo en un lugar donde la gente está dispuesta a odiar por una patria, una bandera, y donde la policía y la gente forman parte de este teatro de lo irracional, habitualmente reservado a los políticos. Hoy se celebraba en Amorebieta una manifestación en homenaje a un etarra muerto. Me he escapado de la playa un rato antes para evitar atascos, sustos y por qué negarlo, para acercarme, curiosear, y si era posible, echar unas fotos. He podido hacerlo todo. Y he recordado de golpe que vivo en un rincón del mundo donde la gente es capaz de odiar por defender los colores de una bandera. Me parece ridículo e incomprensible que alguien sea capaz de llegar a odiar para defender “España” o defender “Euskal Herria”. ¿Qué coño se supone que es mi patria? ¿Cómo se pueden defender fronteras? La historia ya demostró hace mucho que son la peor invención del hombre… Me entristece que haya gente, tanta gente, capaz de defender ningun himno, bandera, frontera o patria.

Yo seguiré defendiendo nuestro derecho a dormirnos al sol en cualquier playa a la que el mar pueda llevarnos, en cualquier lugar donde podamos seguir inventando historias de naufragos de arena sin más pasaporte que nuestros miedos e ilusiones.

Mientras tanto, quede este mensaje en la botella cibernética (por si alguien quiere leerlo) y seguimos navegando. Que la brisa mece y parece que viene buena mar. A ver si encontramos el mapa del tesoro.

(C) Fotos: de Sindy, alguien que ya se declarará culpable si le apetece; de la manifestación, un servidor. Más fotos pinchando aquí.




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