Archivos para Octubre 2007

31
Oct
07

Qué hay detrás de las paredes

Anoche terminó el rodaje -en el donner kebab junto a Leganés Central, como no podía ser de otro modo- de “Un segundo de tí”, el tercer corto de Pablo. Hay cientos de fotos e incluso alguna de ellas aceptable; este fin de semana iré poniendo al día todo.

Hoy, todo el día encerrado frente a frente con el ordenador, luchando con el Statgraphics y 160 encuestas… el trabajo está terminado al fín, pero no queda fuerzaalguna para narrar batallas épicas o recrearse en detalles mundanos. Simplemente, porque no hay nada que contar, oquizás sí, pero estoy muy cansado.

Para que nadie se burra, aquí queda una bonita foto con que poner un punto final colorido al día.

Gracias a esta foto se me ha ocurrido que detrás de las paredes de las miles de viviendas iguales, monótonas que pueblan estos parajes urbanos, hay a veces vidas graciosas y coloristas que debieran ser contadas, pero que dejamos pasar porque nos quedamos en la suciedad del ladrillo o los setenta balcones idénticos; el semáforo se pone en verde, cruzas la calle y la casa queda a las espaldas para siempre.

Ya solo falta que la legítima dueña del peluche y el rincón azul -que debiera ser, y esperemos que llegue a ser, verde pistacho- no se enfade por compartiros esta foto. Entonces el día habrá acabado bien.

30
Oct
07

De vuelta en Madrid

Para qué engañarnos.

29
Oct
07

Historia de unos susurros

Estaba de guardia, en Arriluze, y como Micky me había chivado vía SMS que la luna se acercaría a nosotros más que cualquier otro día del año, desafiando a los fantasmas de los naufragos (nuestra base está en el edificio llamado “Casa de naufragos”, y por las noches si uno se queda solo y agudiza el oído se pueden oir extraños sonidos) y luchando contra la tempestad que azotaba las escaleras y empujaba las olas contra la barandilla, llegué a lo alto del faro:

Una vez arriba, esperé a que anocheciese y la luna hiciera acto de presencia. La tormenta paró, y al fin se atrevió a salir:

Me quedé dormido, y a la mañana siguiente, me despertó un susurro que bonitamente mezcló frances e italiano:

Quando sei qui con me
Questa stanza non ha piu pareti
Ma alberi, alberi infiniti
E quando tu sei vicino a me
Questo soffitto, viola, no
Non esiste più, e vedo il cielo sopra a noi
Che restiamo quì, abbandonati come se
Non ci fosse più niente più niente al mondo,
Suona l’armonica, mi sembra un organo
Che canta per te e per me
Su nell’immensità del cielo
E per te e per me.
mmmhhhhhhhh
Et pour toi, et pour moi.

(Carla Bruni, Le ciel dans una chambre)

De vuelta en Leganés, el río baja revuelto y sin ganacia de pescadores, o eso dicen. El café de medianoche lo dictaminará y quién sabe, quizás mañana más y mejor. Gabon…

 

28
Oct
07

Navegantes místicos

Dice Iosu -compañero en lo profesional y amigo en lo personal- que últimamente estoy más místico que nunca. Lo dice guiandose por las últimas entradas del blog, ya que apenas hemos hablado desde que terminase la temporada de playas -quitando una breve conversación el viernes por la mañana, para decirle que el café acordado para esa misma tarde en un lugar secreto del Catábrico quedaba postergado, por encontrarme anclado a Madrid, a la cama y la resaca de una fiesta residencial, y que llegaría a la capital del mundo justo a tiempo para cubrir la guardia de salvamento marítimo-.

Alguna vez he mencionado en estas líneas a Iosu, atado por punzadas del corazón a su bucólica Lekeitio y persona mística por excelencia. Se entrega al kendo, a la meditación y a la extenuante lucha con la reflexión y la introspección contínuamente, con una perseverancia asombrosa y demasiado compleja como para retratar con sus matices en esta página. Quien quiera conocerlo, tendrá que buscar en los rincones inaccesibles de la costa que se pierde entre Bermeo y Motriko, y estar dispuesto a ofrecerle conversación sincera. Advierto, a riesgo de equivocarme frente a terceros, que seguramente se recibirá a cambio más de lo dado.

Y ¿por qué hablo de este compañero de andanzas veraniegas y reflexiones invernales? Primeramente, porque es un claro ejemplo de lo facil que es establecer la frontera clara entre los dos mundos que componen mi vida (Euskadi y Madrid) y lo dificil que resulta no traspasarla. Segundo, porque él forma parte de ese grupo de personas que hoy, en noche de luna pletórica precedida de día marítimo, me vienen a la cabeza.

Hay gente que navega por la vida -figurada o realmente- con calma, sintiendo cómo el buque se mece al vaiven del oleaje, con el viento rolando juguetonamente, centrandose en cada instante sin preocuparse por lo enfermizo del detalle, quedandose con la etérea sensación de un entorno que nos domina, estimulando los sentidos desde tantos ángulos que resulta imposible asimilarlo todo. Sin perder el rumbo, de cualquier manera: manteniendo suave el timón y haciendolo virar sin sentirlo, o brúscamente si las condiciones del entorno lo requieren.

Navegar es muchas cosas. Navegar es, por ejemplo, madrugar cada mañana, mezclarse con el batallón de gérmenes que puebla la atmósfera del metro en hora punta solo para reencontrarse en ese pasillo, ese aula de la facultad con el acento que lo hace enloquecer a uno. Navegar es, cómo no, sentir la fuerza del Cantábrico bajo la cubierta y el esplendor de la luna llena sobre la cabeza, cerrando los ojos y pensando:

- Si esto no es el Nirvana, que me parta un rayo.

(Y el rayo no aparece…)

Hay muchas maneras de navegar por la vida. Puede uno abandonarse a uno mismo o entregarse a los demás, dos extremos del mismo cabo que terminan por entrelazarse en la ilógica lógica de lo terrenal. Se puede navegar en seco o condenarse al dique seco de lo húmedo. Cantar a la chica de ayer es, a mi parecer, una de las más bellas maneras de navegar. Tambien reconocer que se echa de menos a alguien, y abrazar efusivamente a los verdaderos amigos en los desvaríos etílicos varios amparados por la sombra de los rascacielos.

En realidad, todos estamos atados inevitablemente a los caprichos de la navegación. Porque no compramos pasaje alguno ni nos entregamos voluntariamente al plan de viaje: naemos a bordo, sin opción de elegir. Lo que diferencia al común de los mortales de los navegantes es que éstos últimos son conscientes de su situación y se entregan por completo al viaje. Ello no significa, cuidado, considerar el camino un viaje de rosas: cualquiera que conozca el mar sabe que, por mucho que lo ame y allí se cobijen algunos de los mejores momentos, tambien esperan lo más duros y complicados devaneos inesperados.

Pero están ahí, ojo avizor, sonriendo a la adversidad o llorando a la rutina, incomprensibles, enumerables con los dedos de pocas manos y a la par infinítamente inclasificables, incomprensibles, gente de la noche entregada al carnaval de la luz del día, navegantes místicos.

25
Oct
07

¿Dónde estarán los besos? Se los han quedao las flores…(Saliendo)

A punto de salir, solo puedo decir:

“Tú, harta de tanta duda
Yo, de preguntarle al viento
Tú, qué dónde conocí a la Luna?
Yo, qué en que coño ocupo el tiempo?

En salir, beber, el rollo de siempre,
meterme 1000 rayas, hablar con la gente
y llegar a la cama y jóder qué putada sin tí.”

“Para unos, la vida es galopar un camino empedrado de horas, minutos y segundos.
Yo, más humilde soy, y sólo quiero que la ola que surge del último suspiro de un segundo,

me transporte mecido hasta el siguiente”.

 

Porque vuelven. Y estamos esperando…

24
Oct
07

Oooh Nenaaa

Hemos comido palomitas de maiz en tu sofa viendo aquella película de los años 80, remendando sombreros que llevarnos a la cabeza, anticipándonos a la tormenta, haciendo promesas que no valen nada, y tal y tal, contento porque me gusta ver la lluvia a través de la ventana (lo sabes) y hoy ha llovido con rabia, calando a corredores y jubilados, estudiantes con mochila y sin paraguas… Anocheció antes y la farola bajo la habitación refleja el repiqueteo de las gotas gordas y frías que chocan contra el asfalto.

Invierno, ya ves.

23
Oct
07

La caja de la melancolía o cómo hay palabras que cambiaron nuestras vidas

El título de la entrada es un regalo que me ha hecho Marcos. Él vive a 36 habitaciones de distancia, en la 249. Como estamos en el lado impar, el que da al jardín, al parque, en realidad solo nos separan la mitad de habitaciones, 18, que en la jerga residencial se traduce en pasillo y medio. Relativamente lejos, físicamente cerca.

Acaba de marcharse de este pequeño microcosmos que he creado en Leganés a base de recuerdos, aburrimiento y viajes al Ikea de Alcorcón. Hemos estado charlando unos pocos minutos, él dice que desde hoy mira hacia delante, pero sabe, sabemos, que mirará de reojo a sus espaldas y es posible que vueva sobre sus pasos, por la sencilla razón de que todos lo hacemos. A cabo, le he regalado un discurso (soporífero a estas horas, imagino, te permito corroborarlo en un comentario) sobre la nostalgía que me invadía. Y es que cuando ha llegado, acababa de hablar por teléfono con una voz de niña que está junto a la Alhambra (aunque desde su piso no la vea: solo hay luz natural en el salón). Después, he sacado de la cajonera de la cama escondida tras la mesilla -un lugar recóndito en la geografía de la 213- la caja azul donde guardo, desde hace cuatro años, recuerdos de los muy mejores amigos (¿2, 3?), romances veraniegos, amigas-novias, y toda clase de etiquetas sentimentales que nunca conseguí diferenciar y terminé por depositar en el mismo zurrón: el de personas que se quieren, se aprecian, y no tienen miedo a decirselo.

Tengo allí dentro el recuerdo de una pequeña cerámica que nos regaló una familia de desconocidos tras acogernos en su casa en una isla al norte de Croacia; cartas que llegaron de Madrid (cuando aún yo tenía esta masa de hormigón y asfalto por destino turístico y no hogar itinerante), del interior de Gipuzkoa (allí donde vivía un alma andaluza en cuerpo giputxi, pecas de Zumarraga, okupa de camas y canibal al compas de la cerveza irlandesa), de Granada, siempre terminaban llegando cartas de Granada, punzadas dulces de nostalgia incontrolable y preguntas que nunca -y me temo que es así, categóricamente: nunca- serán respondidas… Hay una carta de un amigo con un poema de Gerediaga en euskera (lo dejamos para mañana), una bandera de Brasil bañada en cachaca, una ikurrina deshilachada y escrita abajo a la izquierda (donde estaba el corazón en los dibujos que nos mostraban las horribles profesoras de primaria) por aquella que se atrevió a romper la burbuja y visitarme cuando los botellones novatos aún sonaban en el parque de Leganés. Una declaración de cariño no pretendida que cómplices pícaros colaron en la 259 -cuando aún el rubio y yo vivíamos allí- bañada en perfume. Se ha perdido el olor, pero queda su recuerdo, los momentos posteriores a desenlazar -venía con lazo rojo- y leer aquellas palabras, sabiendo que se complicaba la historia.

Hay tambien una nota, la carta más breve que nunca me escribieron, una de las pocas que no trajo el cartero. Corría mi primer año de carrera (se ve ya más próximo el final que el comienzo, y da miedo) y una musa -la primera y auténtica, la que sería referente para las demás musas, la única que nunca fue alcanzada por mí más allá de la burbuja, me temo- había venido de visita a Madrid. Despidiendonos en la intermodal de Avenida América, con un inocente abrazo, un beso como el punto de la i más efímera y traviesa y dulce, me dió un papel pequeñito, rasgado po haber sido cortado a mano y doblado en cuatro partes, dos pliegues. Me dijo en silencio:

- No lo abras hasta que me haya ido.

Obedecí porque me incomodan las despedidas, porque nunca supe despedirme y siempre queda todo pendiente y en el aire, como los abrazos que vuelan presurosos y van a chocar contra el cristal del bus que ya se va, que ensucia el asfalto y roba, rodando y sin inmutarse, esa sonrisa que te daba la vida.

Camino del metro, bajando hacia la linea 7, me encontré con Helios, que entonces era para mí otro veterano -aunque ya se intuía que era buena gente- y curiosamente acababa de despedir a su novia. Él lo habrá olvidado, pero yo, mientras leía las diez -no nueve ni once, sino diez- palabras que ella había escrito con un boligrafo pilot negro, y asimilaba que un canario y un euskaldun que prácticamente no se conocían podían compartír vagón y despedidas, casi sin palabras, descubrí lo que era vvir en una residencia, y en una ciudad, y lejos de casa y de la gente que quieres o crees querer. Así las palabras de letra mayúscula y redonda fueron a caer a la caja azul, repasé lo poco que ya había guardado, y la nostalgia -dulce por ser recuerdo de pasado glorioso- abrió veredas para un sentimiento nuevo, que cuando llega es para quedarse y solo puede taparse momentáneamente -por largos que sean los momentos-con euforia bien administrada. Descubrí el significado -con muchos de sus matices- de la palabra melancolía, mientras abrigaba como podía las manos del frío gélido que invade en invierno estas tierras lejanas del mar. Si mal no recuerdo, era noviembre, y fue entonces cuando empecé a hacerme mayor.

23
Oct
07

Sobre lunas y musas

En esta vida uno va caminando a la intemperie por una calle cualquiera de la ciudad insensible, cruza una mirada curiosa (¿indiferente?) con una chica y piensa:

- Quizás ella podría ser mi musa.

Luego resulta que estando dormido, en un pasillo de la facultad y enfadado por ser el único con una asignatura a las nueve de la mañana, te das cuenta de que siempre ha estado ahí, que te habla y saluda, y el problema es tuyo por haber sido incapaz de asumir su condición, eres un cobarde que no te has atrevido a situarla exactamente donde le correspondía, en la línea difuminada entre lo divino y lo carnal, lo poético y lo patético, esa maravillosa línea de lo indefinible,  lo que a los demás resulta ridículo porque es para ellos incomprensible.

Y te dices:

- A partir de hoy me empeñaré, me atreveré a coger las armas y luchar. La revolución no será cartas que nunca llegaron a su destino, o ideas de medianoche incapaces de trasnochar. Será hechos y sonrisas conquistadas, será nervios y fracasos, abrazos de un solo dueño.

Esa misma noche la luna, creciente, parece mirarte de soslayo, humillada por la infidelidad.  Sacas la cámara y le robas una foto, sabiendo que la distancia -para variar- es insalvable. Y los ancianos que observan (oye chaval, si te molestamos para mirar la luna, nos avisas) sonríen cómplices, porque ellos, seguramente, ya pasaron por esto alguna vez en su vida -quien no ha amado, no ha vivido, supongo…-. Te apartas un poco para que no te oigan, y le susurras a la blanca oblea:

- Joder, no te enfades. Ella tiene brazos para rodearme.  Tiene ojos que chispean. Y sus palabras me despiertan cuando los ojos aún no han terminado de abrirse… Es una musa, pero tambien es una mujer. Una mujer, ¿entiendes? Abandonó la infancia y puede rescatarme…

La luna no lo entiende, pero te da exactamente igual. Para que nos vamos a engañar.

19
Oct
07

Animaladas

19
Oct
07

Me acuerdo de…

Me acuerdo del camiino entre la Residencia y el costillar, del novato y la ccocola hablandose al oido en la parada destrozada del autobús. Me acuerdo de la mía namorata, que hoy llevaba un jersey verde igual (quizás el mismo) que cuando me enamoró y cada  vez que hemos cruzado la mirada me gustaba más, como los primeros días, las primeras semanas. Y lloro de impotencia, porque no soy capaz de acercarme y decirle:

- Sabes, me sigues gustando. Quiero hacerte el amor y empezar una nueva bonita historia de amor en la residencia.

Pero no. Voy donde su amga y  le digo (a la amiga):

- Eyyyyyy- Qu tal.

Y así queda la cosa. Llamo a Leire para rellenar el tiempo, porque no tenemos nada que decirnos, o poco, y nunca estando borrachos, o contentos, o perdidos. Quiero decirle:

- Quier que volvamos a comer bombones al atardecer mirando atardecer sobre el mar para terminar haciendo el amor.

Pero le digo:

- E!! Que tal el Gran Hermano. Quién está nominado!

Cuando en realidad me da igual el programa ese, y solo quiero seguir escuchandola a ella un poco más, porque solo quiero oir su voz, solo quiero oir cómo resopla cuando para de hablar. Ffffffffffffff

Pero no. Le doy un beso y cuelgo.

Y me acuerdo de cuando Miky me pidó que escribiera esto.

Y de la novata que me preguntó si era del twitter y que sino, le agregase al messenger para pasarle las fotos. Y era guapa, demasiado guapa para mí.

Y me acuerdo de aquellos tiempos, donde iban de la mano el cólera y el amor.

Me ACUERDO,   en definitiva, de cuando aún existía el amor.




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