Dice Jeffrey Sachs en su libro The End of Poverty que “en algunos aspectos, la economía del desarrollo actual es como la medicina del siglo XVIII, cuando los médicos usaban sanguijuelas para extraer sangre a sus pacientes, a quienes a menudo mataban en el proceso”. Los países económicamente desarrollados se han entregado al rescate del tercer mundo a través de organismos multilaterales como el Banco Mundial, la ONU y múltiples agencias estatales. Se han inyectado grandes cantidades de dinero y proyectado infinidad de actuaciones. Sin embargo, los principales indicadores económicos no dejan lugar a la esperanza: según el informe Indicadores de Desarrollo Mundial 2007 publicado en abril por el Banco Mundial, más de 2.600 millones de personas viven con menos de dos dólares al día y la esperanza de vida en África continúa cayendo debido, principalmente, al azote del VIH.
El peso de la deuda
¿Cuáles son las causas de este fracaso en la lucha contra la pobreza? Hay opiniones encontradas entre los especialistas, pero el peso de la deuda externa aparece en todos los diagnósticos. Los responsables de la campaña “Quién debe a quién”, que aglutina a decenas de organizaciones no gubernamentales en la lucha común para la condonación de la deuda externa, creen que “el pago de la Deuda Externa se cobra diariamente la muerte de personas” y hacen especial hincapie en que “las deudas que se reclaman del Sur son ilegítimas y por lo tanto, no deben ser pagadas”. Se da la paradoja de que gran parte de la deuda que los países soportan actualmente fue contraida por régimenes dictatoriales anteriores y utilizada para el lucro y despilfarro de las clases gobernantes, apoyadas o al menos consentidas por las principales naciones acreedoras -Estados Unidos y los países europeos, a través del FMI (Fondo Monetario Internacional) y el Banco Mundial-. Se trata de la conocida como “deuda odiosa”. Mobutu Sese Seko, dictador y dueño único de la República de Zaire desde 1965 hasta 1997 con el beneplácito de Estados Unidos y Francia, amasó una fortuna personal que en 1984 superaba los 4.000 millones de dólares -el equivalente a la deuda externa del país- y estaba convenientemente depositada en cuentas suizas. La dictadura argentina de los años 1976 a 1983 contrajo una deuda externa de 40.000 millones de dólares, que fue utilizada principalmente para financiar la compra de armamento y enriquecer la estructura represiva del Estado. ¿Deben pagar los argentinos la factura de los instrumentos con los que fueron torturados?
Tal y como recuerda Sachs, “los países pobres muy endeudados son incapaces de devolver lo que deben (…) pero los deudores insisten desde hace demasiado tiempo en que continúen pagandolas, a menudo en unas cifras que superan el gasto nacional en sanidad o educación”. De hecho, los intereses que los países subdesarrollados tienen que afrontar en el pago de la deuda superan ampliamente lo que reciben en concepto de ayudas al desarrollo. Según Jaime Atienza, economista y miembro de Manos Unidas, por cada dólar que los países desarrollados envían como ayuda, reciben otros tres dólares como cobros de intereses de la deuda externa del Tercer Mundo. De este modo, las instituciones nacidas en Bretton Woods con la intención de garantizar la estabilidad económica mundial y la lucha contra la pobreza, el FMI y el Banco Mundial respectivamente, han agudizado la trampa de pobreza en que muchos países están inmersos.
Mafias gubernamentales
Otra crítica recurrente entre los agentes sociales implicados en la lucha contra la pobreza es la abrumante cantidad de dinero que se gasta en informes, delegaciones, misiones y sueldos de burócratas encargados de planificar y distribuir la ayuda. Muhammad Yunus, precursos del sistema de microcréditos y Premio Nobel 2006, afirma que un porcentaje mayoritario de la ayuda exterior “se pierde en gastos de burocracia y en corrupción masiva”. Por eso el sistema propuesto por su Grameen Bank se basa en la interacción directa con los individuos “que a fín de cuentas, saben mejor que los gobiernos lo que necesitan”. Mediante pequeños prestamos cuya devolución es incentivada mediante la responsabilidad colectiva, Yunus y su banco han conseguido reactivar a pequeña escala grandes segmentos de la economía bangladeshí, hundida por los desastres naturales y el círculo vicioso de deuda en que están envueltos los sectores más pobres, los que quedan fuera del alcance de los bancos comerciales y la ayuda oficial, obligados a aceptar préstamso con unos intereses abusivos por parte de usureros para poder sobrevivir.
Un cooperante que ha trabajado para diversos organismos oficiales y para una conocida ONG, y que prefiere mantenerse en el anonimato, relata como “en los países obsequiados con ayuda exterior, las mayores cantidades se gastan en auténticos ghetos de lujo, donde los funcionarios viven en mansiones que no podrían permitirse en sus países de origen, y además lllevan un nivel de vida más propio de estrellas de cine que de cooperantes: cenas en restaurantes caros, pertenencia a clubs sociales, traslados en helicóptero… En Dhaka, los funcionarios extranjeros viven prácticamente en una ciudad aparte, mientras realizan informes con estadísticas que igualmente podrían hacer en sus despachos de Washington o Bruselas, y juegan a experimentar con una ayuda que, de momento, se ha demostrado totalmente ineficaz”.
La Coordinadora Vasca de Organizaciones Solidarias con la R.A.D.S., en la presentación de un proyecto de emergencia de ayuda alimentaria para la población refugiada, se quejó de que “…la tardanza para acudir en situaciones críticas por la burocracia de las agencias de cooperación, hacen del alimento un auténtico sistema de control de la voluntad política del pueblo saharaui que se encuentra sometido a una situación de sitio.” Esta situación se repite en aquellos lugares donde las agencias de cooperación ha pasado a formar parte del paisaje urbano habitual.
Nadie sabe a ciencia cierta -ni tan siquiera la AECI (Agencia Española de Cooperación Internacional) cuántas ONG hay en España. Según los profesores Víctor Pérez-Díaz y Joaquín P. López Novo, que publicaron en 2003 el informe El tercer sector social en España, existen unas 15.000 solo en España. Cada una con sus gastos administrativos (que llegan a superar el 50% del presupuesto global) y de personal -tienen en nómina a unas 200.000 personas -. El profesor de Sociología de la Universidad Complutense Joaquín López Novo, en conversación con el periódico El País, declaró que “organizaciones que nacen para ayudar pueden terminar viviendo de la ayuda”. Los recientes casos de corrupción en Intervida y Anesvad, que han terminado con directivos de ambas organizaciones en prisión, han mostrado una realidad preocupante: existen multitud de organizaciones que, ilegalmente o legal pero ilegítimamente, se lucran aprovechandose de las buenas intenciones de benefactores individuales que canalizan sus ayudas a través de una maraña impenetrable de organizaciones.
Ayuda condicionada
Otro de los factores que, en opinión de los economistas dedicados a estudiar la ineficacia de la ayuda exterior, puede ser clave en el fracaso de la lucha contra la pobreza, es el carácter interesado de la ayuda exterior.
La gran mayoría de la ayuda oficial al desarrollo está enfocada desde la perspectiva del beneficio para el sector exterior del país donante, bien mediante la canalización de la ayuda en forma de créditos, bien mediante la condicionalidad de la ayuda. Así, la campaña “Quién debe a quién” denuncia que “la agenda corporativa del Gobierno español y el uso de la política de cooperación como Caballo de Troya para ejecutar dicha agenda son cada vez más evidentes”. El 48% de la deuda externa que terceros países contraen con España se genera a través de los Fondos de Ayuda al Desarrollo, que son contabilizados como ayuda oficial al desarrollo. De los 50 millones de euros que España destinó como ayuda a los países del sureste asiático tras el tsunami de 2004, solo dos millones llegaron en forma de donaciones. La AECI no ha querido aportar ninguna valoración sobre este hecho al ser preguntada en el proceso de elaboración del presente reportaje.
La trampa de la pobreza
En la economía del desarrollo se maneja constantemente un concepto denominado “trampa de la pobreza”, que se refiere al círculo vicioso que se forma en niveles bajos de acumulación de capital, atando a los países pobres al subdesarrollo indefinidamente. La ayuda exterior de los países desarrollados está teóricamente enfocada a impulsar a esos países hasta unos niveles superiores desde los que sean capaces de avanzar por sí mismos. Sin embargo, involuntariamente o por la existencia de interesas comerciales y financieros más fuertes, el mundo desarrollado está ayudando únicamente a que los países pobres se hundan cada día más en su propio agujero.





Bueno, aquí va. Primer reportaje para la asignatura Periodismo Social. Quiero seguir expandiendolo, corrigiendolo y limándolo (daría para un libro), así que de buen gusto se aceptan críticas, sugerencias y comentarios.
Besarkada handi bat danontzat.
Contigo aprendo.
Una chica (un encanto de mujer) que hace unos tres veranos estuvo en Bolivia tratando de impulsar una cooperativa de agricultures para que adquirieran mayor fuerza y pudieran dejar de ser dependientes de una ONG extranjera, hizo un trabajo tan bueno que acabó metido en un cajón: “si los agricultores no necesitan de nosotros, que voy a hacer yo que vivo de la cooperación internacional?” le dijo el ingeniero agrónomo encargado del proyecto.
Ez dekot denborarik, baia testua irakurri ta hereinegun konta zidaten istorio hau idatzi nahi neban. Besarkada bat Guatemalatik!