Últimamente me he visto invadido por la compleja disyuntiva que supone elegir entre horas de estudio o pasitos de vida. Todo ello, amenizado por rolas de Enanito Verdes, un grupo de rock nacido en Mendoza (Argentina) en 1979 y que aún sigue al pie del cañón. Redescubierto a última hora, por casualidades (o mejor dicho, amistades). He aquí una de mis favoritas (no quisiera despreciar Lamento Boliviano, Tu carcel, Aún sigo cantando, Rebeca, Guitarras Blancas, Amores Lejanos... pero ésta es la mía, aquí y ahora.). Se llama Dame otra oportunidad, y al amigo Marciano Cantero se le nota que realmente está pidiendo otra oportunidad. Y es que todos alguna vez tuvimos que pedir una oportunidad.
Al margen de este arrebato melómano (qué le voy a hacer si me gusta compartir los descubrimientos), unos apuntes cuando enero comienza a despuntar:
- Me gusta el sol acariciendo suavemente la cara en los mediodías claros del invierno.
- Me gusta la sensación de levantarse un poquito (solo un poquito) cansado, vaguear unos minutos entre sábanas y darle los buenos días a una nueva jornada con una ducha refrescante y buen desayuno.
- Me gusta cenar la mejor lasagna del mundo -preparada por la cocinera más dulce- en un piso escondido de Fuenlabrada, dar cuenta de un vino peleón y una botellita de cava en una mesa preparada para pocos y confirmar que con ciertos amigos de ejercicio (los de vocación no los analizamos) el tiempo no pasa, y si lo hace, es para bien.
- Me gusta rebelarme y dejar el árbol de navidad de la Residencia unos cuantos días más, a pesar de que el espíritu navideño brille en mí por su ausencia. Y es que es ridículo, porque lo que la gente considera “espíritu navideño” es lo que yo trato de aplicar siempre (”¿Navidad? Para mí siempre es Navidad”)
- No me gusta la cobardía, pero forma parte de mí.
- No me gustan las convenciones sociales que la historia ha convertido en leyes naturales (algún día lo explico).
- Entusiasmado por algunas rolas (véase comienzo del post) y renegado de ciertas personas.
Ahora mismo, salvando el pequeño margen de movimiento impuesto por el autoritario calendario de examenes, siento curiosidad por la vida. Y esa es la mayor fortuna del desheredado. Porque todos alguna vez tenemos que pedir una oportunidad…





Sin dudarlo dos veces me parece que la mejor opción es la de los pasitos de vida, ya habrá tiempo para estudiar, esto también es otro paso más, aunque en mi lista no es el primordial (aunque tenga su importancia), supongo que me entenderás. Zornotzatik mosu bat ta ondo ibili!