Hoy no tengo mucho tiempo; estoy redactando una larga entrada sobre la cena que compartimos anoche con lal diputada Escudero. Fue una velada amena, pero tambien polémica. Como no está terminada y las prisas no son buenas (aunque no esté totalmente de acuerdo con esta afirmación) lo dejamos para mañana.
PROLEGÓMENOS:
Día aburrido, estudio sin sobresaltos. Lluvia intermitente. Comedor vacío, una araña que agonizaba en el suelo, patas arriba, mientras desayunabamos por segunda vez. Me acerco y resultaba ser una cucaracha, desesperada, fea.
Al mediodía, empacho de galletas napolitanas. Vuelve a chispear. Gema, compañera del Despacho de Cultura, me regaña por dudar -en un mail- de la capacidad intelectual de la clase política actual.
Por otro lado, en plena negociación decidimos que, como eramos buenas personas y nunca habíamos tomado rehenes, finalmente intercambiariamos fotografías. Así se hizo en un punto indeterminado del cinturón sur de Madrid. Sin cámaras ni taquigrafos.
LA HISTORIA:
EPÍLOGO:
Toda la culpa -y por ello no cabe eximirle de responsabilidad alguna- de este descubrimiento lírico es del no-amigo CaparZo, cómplice de algunas fechorías y salvaguarda de obsesiones ridículas. Así que los créditos “morales” del post son suyos. Los inmorales tambien, pero un poco menos.
Arrivederci.





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