Así va la vida, entre apuntes y mensajes, piscina y cafes, correos y canciones, charlas y clases:
Optimista, porque esta tarde encontré un disco de Tracy Chapman (Crossroads, 1989) que daba por perdido. Pesimista, porque un tío cultivado como Caparso no la conocía.
Optimista, porque acabo de llegar de la piscina y vuelvo a recuperarle el gusto al líquido elemento. Pesimista, porque mi corazón late al ritmo que le da la gana: acelera de 50 a 120 en segundos, pero luego no hay quien lo haga frenar. Como dijo el maestro (aunque con diferente sentido…) ¿Podrido de latir?
Optimista, porque empiezo a entender las asignaturas. Pesimista, porque no termino de entenderlas.
Optimista, porque me ofrecieron mentir y decidí no hacerlo. Pesimista, porque la honestidad sale cara.
Optimista, porque hay mucho camino por recorrer. Pesimista, porque sigue siendo un camino lleno de fronteras, pasaportes y visados.
Optimista, porque esta mañana, al despertarme, la luna llena estaba dando golpecitos al cristal de mi ventana. Pesimista, porque me hubiese gustado que una mujer pudiese ver aquello desde el mismo colchón, y ella estaba a kilómetros.





deberías sentirte optimista por el hecho de que exista alguien con quien realmente quieras compartir tu cama…
eso no lo podemos decir todos.