Archivos para Febrero 2008

17
Feb
08

“Todo se derrumba y es tan facil…

… todos mis castillos son de arena, todo lo que sueño es tan fragil, todo lo que bebo es tu ausencia”

Se terminaron los examenes. A pesar de que en los últimos cinco días he tenido que enfrentarme a cuatro examenes, y que mi cuerpo pide a gritos un descanso que en cuanto termine estas palabras voy sin duda a concederle, lo cierto es que ahora mismo me siento algo huerfano y perdido. Siempre he sostenido que los exámenes, viviendo en un Colegio Mayor, son una época bonita. Porque se conviven más horas, porque se arriman más los hombros y llega un momento en que los aprobados y suspensos son compartidos, y uno espera las notas de los amigos con una ansiedad similar a la que espera la sentencia propia. Si un amigo regresa de la Universidad con cara de derrota y diciendo que ha hecho un examen pésimo, el fracaso es, hasta cierto punto, compartible y compartido por todos. Son ya casi legendarias las noches en vela sentados en las incómodas sillas del comedor, los descansos que -no exagero- superan en horas al tiempo dedicado al estudio. Son muchas horas de cafés, de charlas intrascendentes, o charlas profundas y sinceras. Son horas en las que un amigo, cuando le confiesas ese secreto que guardabas como tesoro único, te dice:

- Pues la verdad, yo tambien tengo que contarte algo…

Académicamente, el toro de los suspensos ha empitonado a la mayoría y los ánimos del grupo vuelan a ras del suelo, y sin embargo, llegando marzo, estamos mucho más unidos que antes de irnos a nuestras casas en Navidades. Quizás yo lo vea así porque finalmente conseguí evitar el arrebato academicida de muchos profesores incapaces de comprender el espíritu juvenil y creativo del que somos depositarios más allá de las puertas de la Facultad, pero lo cierto es que el balance no puede ser negativo, porque juntos hemos llorado sin lágrimas y hemos reido a mandíbula batiente, y somos, posiblemente, más nosotros y menos yo.

Hay quien dice que la amistad y el amor nos vuelven más débiles, y probablemente tenga razón, pero tambien nos hacen más felices, y si ese es el precio a pagar, un servidor está más que dispuesto a asumirlo.

Y todo esto lo digo aunque en realidad, estos examenes han sido lo más diferente posible a una típica época de examenes. Por diferentes motivos -en realidad, para qué engañarnos, por un único motivo con nombres y apellidos- he pasado bastantes menos horas entre estas paredes y cuando lo he hecho ha sido sin que la concentración se atreviera a invadir mi masa cerebral. Hay momentos de la vida en que unos minutos compartidos so pretexto de un café se convierten, paradójicamente, en una lucha contra el mismo tiempo, y aún siendo plenamente consciente de que la derrota es el único destino posible, seguimos jugando peligrosamente, hacia adelante. Al final, voy a terminar creyendome aquello de que lo importante no es la meta sino el camino. Y lo cierto es que el camino, diga lo que diga la razón, el sentido común, las convenciones sociales, y todos los pretextos que el entorno nos sirve en bandeja para excursanos, ha sido muy bonito. Y espero que siga siendolo, más bonito, cada día, con cada café, y cada bola de migas de pan que se estrelle contra terceras personas inocentes, y con cada minuto robado al día o a la noche.

Es curioso, porque de repente uno descubre, como suele comentar el colega Fito – que en Mugica vive cerca de las vías- que la alegría y la tristeza viajan en el mismo tren. Desmenuzaría aquí cada miedo y cada ilusión, pero en el punto de inflexión en el que me encuentro, uno de los cambios propuestos es no traspasar en este blog, sentimentalmente hablando, los límites de intangible. Antes, revisando las estadísticas, he visto por sorpresa que en pocos días, y tras año y medio de vida, la página está a punto de alcanzar 50.000 visitas. Y tantas visitas que entran sin llamar son demasiadas para desgranar cualquier cosa que, aparte de a un servidor, afecten a otra persona. Así que me llevo la incomprensión, el amor, la rabia, la esperanza y los buenos recuerdos como parte del equipaje para mi próximo viaje, no vaya a ser que algún desaprensivo me los robe antes de que regrese.

Porque me voy. Mañana a estas horas estaré en el aeropuerto, esperando para subirme a un avión que me llevará a Bucarest, esa ciudad que Ceaucescu destrozó y reconstruyó como si de su jardín particular se tratara. Rumanía, hogar y patria abandonada de muchos de nuestros vecinos. Nos vamos una docena larga -muy larga- de amig@s de clase, mochila al hombro y kilómetros de vía por delante. El plan de viaje es patearnos Rumanía, para de allí plantarnos en un salto en Budapest, y en otro salto, atravesando Hungría, llegar hasta Viena. Desde Viena mis compañeros se vuelven a casa, pero un servidor va a alargar unos pocos días el periplo para llegar hasta Berlin, donde se ha exiliado voluntariamente a través de ese invento burocrático denominado “beca Erasmus” un buen amigo, el que fuera mi compañero de aventuras y desventuras en los años anteriores que pasé en el Colegio Mayor: Felix Coloma, un rubio que tiene la boca casi tan grande como el corazón. Y esto lo digo en sentido metafórico, pero solo un poquito.

Hace tiempo escribí en estas páginas:

Yo seguiré defendiendo nuestro derecho a dormirnos al sol en cualquier playa a la que el mar pueda llevarnos, en cualquier lugar donde podamos seguir inventando historias de naufragos de arena sin más pasaporte que nuestros miedos e ilusiones.

Miedo, en esta vida, solo tengo a dos cosas, y una de ellas es la muerte -cuando ésta llegue, me temo, no tendré mucho tiempo para asustarme-. Ilusiones, sin embargo, tengo a toneladas, como para compartirlas a granel. Por lo que creo que, estas semanas que viene por delante, cruzaré muchas fronteras, y no todas ellas dibujadas en un mapa.

En un plano más material, he tenido que enfrentarme a la dificil realidad de configurar la mochila que será mi única y fiel compañera desde el primer hasta el último día. Es la misma mochila verde de Panama Jack que tengo desde el día que nos reunimos en Indautxu los vizcainos que ibamos a participar en Ruta Quetzal, hace ya cinco años. Aquel día el padre de Laura nos repartió unas mochilas que, al menos en mi caso, no debían ser muy conscientes del camino que les quedaba por hacer. Con el monigote de Panama Jack a la altura del culo y el escudo del Athletic cosido en la seta, este saco de 60 litros ha recorrido lugares tan diferentes como Escocia, República Dominicana, Bosnia, Brasil, Polonia, Alemania, Grecia, Perú, Italia, Irlanda, Puerto Rico… Y los que le quedan. Hace tiempo que, con la complicidad de mi madre, reforzamos las costuras con silicona y zurzimos los pequeños agujeros. Desde entonces, ese zurrón repleto de cremalleras, bolsillos y enganches se ha convertido en visitante privilegiado de algunos de los más increibles rincones del planeta. Ha descansado en el Hotel Balmoral de Edimburgo, en casas okupas, en playas caribeñas, en trenes de tercera y en autobuses que se parecían más a naves espaciales que a vehículos con ruedas. Esta mochila, en definitiva, ha seguido una vida paralela a la mía. Ha aceptado con la misma facilidad las cinco estrellas de un hotel y las infinitas estrellas de dormir al aire libre. Y sigue haciendolo.

Nuestra madre, seguramente, no era muy consciente de las implicaciones que tenía convertir la mochila en un saco irrompible cuando decidió ayudarme a hacerlo.

Y hoy vuelvo a rellenarla, en ese ritual mágico. La composición de la mochila será aproximadamente la que sigue:

- Equipo fotográfico: 55% de la mochila.

- Saco de dormir: 15%

- Útiles de higiene: 5 %

Con lo que queda un 25% de la mochila para ropa y otras cosas secundarias. Un colega de viajes me dijo en cierta ocasión que si llevas los calzoncillos limpios y los calcetines secos, entonces es que estás limpio, y todo lo demás da igual. Como ese amigo es un gran viajero, en Perú me salvó de varios líos y en la selva me demostró su sabiduria, qué otra opción tengo que hacerle caso. Como calzado, el que lleve puesto. Pantalones, lo mismo. Anoche me inquirían: ¿y si se te rompen los pantalones? Bueno, en ese caso, entro al primer supermercado y me compro otros. Así de facil. Camisetas las justitas y ropa de abrigo -que en Bucarest para mañana se preven máximas de 1º grado y mínimas de -4º) de montaña, que ocupa poco y calienta mucho.

He decidido prescindir, para este viaje, de utensilios secundarios como maquinilla de afeitar o reloj, con lo que viajaré previsiblemente más ligero.

Llevo, como equipaje obligado, un cuaderno y varios boligrafos -lleve los que lleve, nunca sobrevive más de un boligrafo, nunca- y un par de libros para cuando me quede solo y necesite compañía en las horas de tren. Los elegidos han sido Paz y Guerra, de Lev Tolstoi, y Rayuela, de Julio Cortazar.

Así que me despido, si es que no lo hice ya de alguna de las personas de quien debía hacerlo, con la siguiente recomendación. Es una lista de rolas imprescindibles (no me hago responsable de si alguna gran canción va acompañada de un pésimo video):

- Someday (The Strokes)
- Corazón oxidado (Fito&Fitipaldis) (es la versión en vivo del concierto de la Aste Nagusia 2004, INOLVIDABLE).
- Copa rota (Los Rodriguez)
- New Shoes (Paolo Nutini)
- My stupid mouth (John Mayer)
- Landing in London (3 doors down)
- He can only hold her (Amy Winehouse)
- Riot Van (Arctic Monkeys)
- Bigger than me (Rob Clydesdale)
- Urepel (Gatibu)
- Wish I (Jem)
- Wishful thinking ( The Ditty Bops)
- If I had eyes (Jack Johnson)
- Bueltatzen (Berri Txarrak)
- Plan A (The Dandy Warhols)
- Revolución (Amaral)
- Caminito del almendro (Los Delinquentes)
- Por mi tripa (Pereza)
- Fidelity (Regina Spektor)
- Somebody told me (The Killers)
- I wan to hold your hand (The Beatles)
- Surfin’ USA (Beach Boys)
- Blowin’ in the wind (Bob Dylan)
- Turnedo (Ivan Ferreiro)
- Tu carcel (Enanitos Verdes)
- Take me out (Franz Ferdinand)
- Honk Kong (Gorillaz)
- Contigo (Joaquin Sabina)
- The Sea (Morcheeba)
- Everybody knows (Ryan Adams)
- Concrete bed (Nada Surf)
- X- ray (The Maccabees)
Si escuchais un par de estas joyas cada día, para cuando termineis -y mucho antes- ya estaré de vuelta. Porque aunque ésta vaya a ser una experiencia única, y vayamos a descubrir buenos tesoros (en todas partes los hay), lo mejor se queda aquí.
Hasta pronto.
10
Feb
08

Rajoy y sus contratos

Hace pocos días, la campaña electoral española -quien diga que estamos en precampaña debe tener los ojos cerrados y las orejas tapadas- abría un nuevo e inevitable frente: la inmigración.

El señor Rajoy anuncia un contrato para inmigrantes si llega a la Presidencia del Gobierno. Dicho contrato -me gustaría ver una copia normalizado pero, a día de hoy, el Departamento de Prensa del Partido Popular se resiste a facilitarnoslo, quizás por que no han pensado aún cómo lo redactarían- prevé exigir a quienes lleguen “cumplir las leyes, aprender la lengua y a respetar sus costumbres”. Analicemos la cuestión.

Para empezar, yo pensaba que cualquier persona en suelo español está obligada a cumplir las leyes, aún sin haber firmado contrato alguno. Pero soy solo tres cuartas partes de economista y una cuarta parte de periodista, con lo que de leyes sé mas bien poco. Quizás ahora, como no existe tal contrato, los inmigrantes puedan cometer inpunemente cualquier delito, pero a mí me da que no.

En segundo lugar, lo de aprender la lengua. Supongo que se referirá a la lengua oficial de esta gloriosa y gran nación. Que alguien me explique, ¿dónde está el problema, en que en Leganés haya un hombre de Zhejiang que, sin hablar más que cuatro palabras de esta preciosa lengua, sea capaz de venderme -más barato que nadie, por cierto- el destornillador que yo necesito? Si a nuestra manera nos entendemos, ¿por qué tiene nadie que obligarle a aprender un idioma? La gran mayoría de las personas que abandonan sus lugares de origen no lo hacen por capricho, sino por necesidad; esta misma necesidad les empuja a aprender la lengua de su lugar de acogida, para poder integrarse y ganar el jornal. Además, ¿qué va a pasar con los ancianos de mi pueblo que solo hablan euskera? ¿Los van a extraditar? ¿A dónde? Uno de mis mejores amigos desde la infancia habla poco castellano, y mal. ¿Le van a examinar y suspender? O es que a él se lo van a “permitir” porque no es inmigrante. Dejemos a cada uno que hable como le de la gana; la naturaleza -y la sociedad- son bastante más sabias que el gobierno, y obligarán por si mismas a cada uno a aprender lo que necesita. De hecho, y siento particularizar, pero creo que es representativo, la mayoría de los inmigrantes que conozco han aprendido a hablar español bastante más rápido que todos los niñitos que cada verano acuden en tropel a Malta, Irlanda, Gran Bretaña o EE.UU. a aprender inglés. Un colega senegales aprendió a hablar castellano y a chapurrear euskera en un plazo mucho menor del que piden los funcionarios vascos para aprender euskera. Sé que las comparaciones son odiosas, pero ¿qué ocurriría si el Gobierno vasco exigiese a quien viniese a vivir a Euskadi, que firme un contrato en el que se compromete a aprender euskera? Todo el mundo pondría el grito en el cielo y con razón. Pues idem. Lo más curioso es que esta iniciativa parte de gente -y es defendida por personas y grupos- que se definen abiertamente como liberales. Yo pensaba que defendían libertad en lo económico y en lo personal, pero con este tipo de iniciativas -y la defensa a ultranza del modelo católico de familia, y etc., y etc.- queda demostrado que la única libertad que les preocupa es la de las cuentas de Pérdidas y Ganancias de sus amigos de las patronales.

En tercer lugar, el contrato obligará a asimilar las costumbres españolas. ¿Perdón? ¿Alguien me puede explicar cuales son las costumbres españolas? Habrá quien me acuse de rojo separatista (sí, me lo han dicho unas cuantas veces) pero yo incumplo las españolisimas costumbres de echar la siesta, ver el futbol; no voy a misa desde la primera comunión y además, lo que llaman “la fiesta nacional”, los toros, me parece una salvajada aberrante. Lo mismo me quitan la nacionalidad. Aclara Manuel Pizarro, fichaje estrella del PP, que por ejemplo, “costumbre española es no robar”. Si esa costumbre es española, la verdad es que España ha extendido bastante sus costumbres por el mundo, porque no conozco ningún lugar donde la costumbre sea robar. Además, en el caso de que algún habitante de, por ejemplo, Neptuno, viniese con intención de robar porque en su pueblo es lo más normal y aceptado, no hace falta que firme ningún contrato, porque el código penal español ya penaliza el robo.

Claro que todo contrato tiene su contrapartida (yo te doy algo a cambio de que tú me des otra cosa). El PP ofrece, atentos… tachán, tachán… que los inmigrantes “dispondrán de los mismos derechos que los españoles”. Esta promesa es, cuanto menos, curiosa. Yo pensaba que España, como nación avanzada, suscribía sin reserva alguna la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Parece ser que no. Esta dice en su primer artículo, explicitamente, que:

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

Y no menciona nada de que tengan que firmar un contrato para disfrutar de tal igualdad.

La verdad es que ya estoy un poco harto de tanta xenofobia oculta tras argumentos económicos, sociales y morales facilmente desmontables. La primera decisión que tomé fue hace unas pocas semanas, en una comida familiar. Estabamos en un céntrico restaurante madrileño, celebrando un cumpleaños, cuando empezamos a discutir sobre inmigración. Una familar directa (hermana de mi madre, eso que llaman tía) dijo en un determinado momento -literalmente- que “la inmigración es una lacra”. Me levanté de la mesa, abandoné el restaurante y no he vuelto a hablar con ella -ni tengo intención de hacerlo-. No por obstinación, sino mas bien porque llegué a la conclusión de que no tengo nada interesante que compartir o aprender de una persona así. Lo más gracioso de todo es que ella es, a su modo, inmigrante, porque abandonó su Vizcaya natal para asentarse en Madrid. Como yo. Como todos los que dejamos atrás nuestro hogar en busca de algo, lo que sea, y somos emigrantes. Que a unos inmigrantes se nos bendiga y otros sean marginados en nombre de unas fronteras intangibles es una broma macabra.

Viñeta de Forges

Es ridículo que una sociedad históricamente emigrante (olvidamos que aquí, hasta hace cuatro días, la gente se moría de hambre y los barcos a Argentina iban tan repletos como los trenes a Alemania y Suiza) expulse ahora a patadas a quienes hacen lo mismo que nosotros hace unas décadas. Chile, Argentina -y en menor medida, cualquier país latinoamericano- están llenos de apellidos vascos, de los descendientes de aquellos que un día se echaron al mar con una maleta y poco más. A los españoles se les llama “gallegos” en muchos lugares de América, porque gallegos eran -como Rajoy- muchisimos trabajadores que llegaron a la otra orilla del Atlántico en busca de un mendrugo de pan.

Siempre he pensado y defendido, con la mofa consiguiente de casi todos mis colegas de la Universidad y resto de personas que me rodean, que la Declaración de los Derechos Humanos está incompleta porque no recoge el derecho a la libre circulación. Creo que las fronteras solo tienen sentido como límites administrativos -yo gestiono hasta esta línea, y a partir de ahí, el siguiente- y que nadie tiene la autoridad como para decirle a otra persona:

- A partir de esta línea, no puedes pasar, no puedes respirar este aire, ver este mar, caminar este camino, porque es mío.

Me jode tener que pedir un visado para entrar a la India, y me jode que a un indio le pidan -¡en mi nombre!- un visado para venir a Madrid.

Si dejasemos que la gente se moviese libremente por el mundo, cada uno terminaría estando donde más a gusto se encontrara y más necesario sea para la sociedad. Porque nadie deja su hogar y se juega la vida para ir a un lugar donde sabe que no hay trabajo. Si construimos muros, es lógico que quienes se quedan al otro lado crean que ocultamos algo goloso e intenten saltar. Si dejamos la puerta abierta, cuando no haya trabajo no vendrá nadie, y cuando haya trabajo ¿por qué no van a venir? Yo no quiero que a mí me den un trabajo “por ser español” si hay una persona mauritana, eslovena, tailandesa o peruana que lo merezca más, entre otras cosas, porque la nacionalidad es un atributo que nos viene dado por imperativo legal y no dice nada a nuestro favor.

Así que hace pocas horas he tomado una segunda decisión. Conocida es por muchos mi apatía hacia el actual sistema “democrático” que tenemos, ese de “vote-una-vez- cada-cuatro-años- y-preparase-para-que- le-jodamos-bine-jodido”. El sistema actual nos permite votar, discutir en el bar con los amigos, ir a algún mitin a aplaudir y jalear como auténticos idiotas -en la gran mayoría de los mítines solo hay idiotas, y/o lameculos- y poco más. Así que mi voto declarado es la abstención. Creo que, si el 9 de marzo, menos de la mitad de los votantes ejerciera su derecho al voto, la clase política tendría que hacer autocrítica, pedir perdón, y replantearse su comportamiento desde la base. Nada de revoluciones utópicas, eso dejemoslo para más adelante -todo a su debido tiempo-, me basta con unos políticos más responsables, honestos y democráticos.

Sin embargo, estas elecciones van a ser diferentes. Un amigo mío, latinoamericano, residente legal y trabajador, vive en España pero nuestro sistema actual no le da ni voz ni voto. “Qué es eso de que los inmigrantes voten, nada, nada, que paguen impuestos y punto pelota” reza nuestro ordenamiento jurídico. Así que he decidido darle mi voto. El sobre es suyo. Pediré los papeles del voto por correo y se los daré para que él decida cual es su opción y me devuelva el sobre cerrado con la papeleta en el interior. El 9 de marzo votaré, y cuando tachen mi nombre en el listado del censo, y el presidente de mesa recite solemnemente mi nombre (hay que ver lo que le gusta a la gente la pompa y lo fastuosos que se ponen en cuanto les dan un asiento con un cargo, por irrisorio que éste sea) mientras introduce el sobre en la urna, se estará cometiendo un acto de justicia, por todos los que viven con nosotros, lloran, ríen y se emborrachan con nosotros, trabajan codo con codo, honestamente pagan sus impuestos, ceden sus asientos en el Metro, comparten sus sueños e ilusiones. Será algo sin relevancia, pura justicia poética, pero justicia al fin y al cabo.

Y no sé, ni quiero saber, a quien votará mi amigo, pero sé a quién no votará. Y con eso me basta.

P.D.: La viñeta es del sábado, de Borges, genial como siempre.

P.D.: Cuatro exámenes en cinco días, me retiro hasta el sábado. Aio.

10
Feb
08

Yes we can

Últimamente me ha ocurrido algo raro; mi habitual aversión a la clase política se ha visto mermada por un sentimiento muy extraño: la ilusión. Me ha ilusionado, sobremanera, Barack Obama. Si la política es una cuestión de actitudes, esa es la que a mí me gusta. Acostumbrado a la campaña electoral contínua y monótona de aquí, a que la gestión del partido de turno en el gobierno se haga siempre pensando en las elecciones -ganar las elecciones deja de ser un medio y se convierte en un fin-, el discurso de Barack Obama en New Hampshire me ilusionó sobremanera, porque transmitía energía, ilusión, determinación y sobre todo, esperanza. No soy el único que lo piensa, y William, cantante de Black Eyed Peas, ha reunido a un grupillo de amigos para hacer el increible video que acompaña a estas palabras.

Sinceramente, creo que Obama es la esperanza que le queda al resto del mundo frente a sus alternativas como mandatarios de la primera potencia mundial: un tenebroso McCain, disfrazado de anciano sabio y afable, o el “más de lo mismo” que representa Clinton. Cuidado con McCain, ignorado en Europa (eclipsado por la lucha de titanes en el bando demócrata) pero archiprotagonista en el circuito mediático estadounidense.

Now the hopes of the little girl who goes to a crumbling school in Dillon are the same as the dreams of the boy who learns on the streets of LA (…)

Es posible (¿probable?) que el próximo noviembre esté viviendo en Norteamérica; si es así, prometo que celebraré, por todos los que estén de este lado del Atántico, que una época de nuevas oportunidades, en la que podamos olvidar los últimos oscuros años, habrá comenzado con aquella dclaración de intenciones en New Hampshire.

Yes we can to justice and equality.

Yes we can to opportunity and prosperity.

Yes we can heal this nation.

Yes we can repair this world.

Yes we can.

Mientras tanto, en suelo íbero, más de lo mismo. Qué pena.

08
Feb
08

Momentos legendarios (II)

Estabamos en Tarapoto (departamento de San Martín, puerta del Amazonas) y queriamos ir a Moyobamba. Para ir del punto A al punto B, sin gastar mucho dinero, y aplicando los principios de optimización que he aprendido en las clases de Microeconomía…

Se alquilan dos camiones de ganado, y se acabó el problema.

Detalles a tener en cuenta: la carretera estaba asfaltada, pero solo unos kilómetros. Duración aproximada del viaje, entre seis y siete horas. Lluvias amazónicas, diluvios universales: solo la segunda mitad del trayecto.  Pertrechos disponibles: lonas de plástico azul. Música: la ambiental de la selva.

Importante, en la foto: la ikurriña ha viajado a rincones insospechados, pero en aquella ocasión, alguien que yo me sé la dejó en el camión tal y como se ve en la foto. Cuenta la leyenda que desde entonces vaga, errante, por todos los rincones de la selva.

En ese camión, en esta foto, estaban (están) tres amigos que me dan la vida, y una mujer que me la dió y quitó cada día, dependiendo del humor que se levantase (o se acostase). Hace bastante tiempo que ya no arponea mi corazón -de eso ya se encarga alguna otra, y con qué arte, pardiez- y solo me regala sensaciones bonitas, aunque sea con la complicidad del cartero. Es una musa y no quiere saberlo.

Aquellos días Javi se travestió, me bañé de noche en una charca llena de peces comefango de dos metros (¡lo juro!), aprendí a dormir en una hamáca, (“recuerdo la primera vez que hablamos… en aquel comedor de la escuela militar”), subimos al morro, acompañé a Penélope a dejar que una santera le compusiese el tobillo (para mí que era un esguince, pero la señora dijo que se lo había “machucado”, y ciertamente se lo curó al instante…). Y tal y tal y tal.

Sí, para nosotros aquellos días fueron un momento legendario. Lo que digan los demás, pues eso, está de más.

06
Feb
08

Que nos quiten lo bailao’

Campamento en CuzcoPor motivos de divera índole que no vienen al cuento, hoy estoy triste. Antes de preparar el examen de mañana – Periodismo Social- he rescatado algunas fotos de hace años. Entonces eramos unos críos. Ahora, como hemos superado los 20, nos creemos mayores. Ahora, que somos universitarios, terminando la carrera e inmersos en el mundo laboral, nuestros problemas son ahorrar dinero, colocarnos en un buen puesto, pasar a ser miembros aceptables de la sociedad y tener una familia estable liquidando la hipoteca lo antes posible. Ahora, queremos ser adultos. Ahora, antes de atrevernos a querer a una persona hacemos cálculos complicados del futuro.

Estas fotos son del verano del 2004, que lo pasamos entero recorriendo la columna vertebral de América Latina, los Andes, Perú. Entonces, como no teníamos aún 20 años, nos sabíamos niños. Entonces, que aún estabamos con el bachillerato, que eso de trabajar lo veíamos como un mal menor con el que pagarnos aquel verano y no sabíamos muy bien qué ibamos a estudiar, nuestros problemas eran dónde ibamos a dormir la siguiente noche, cómo ibamos a seguir el viaje si los buses no se atrevían a realizar el viaje por la carretera donde aún había senderistas, qué cojones ibamos a comer al día siguiente si ya no nos quedaba dinero y no queríamos robar (terminamos robando). Entonces, no nos preocupaba ser adultos. Entonces, no hacíamos cálculos antes de querer a nadie, porque en una aldea a 4.000 metros de altura y sin teléfonos es absurdo hacer cálculos del futuro. Y es que entonces, nuestro futuro era dónde nos despertaríamos al día siguiente.

Grupo en Moquegua

Tengo que creerme que ahora somos personas más maduras? ¿Que hemos vivido más? No, me niego. Decía Oscar Wilde que vivir es lo más raro de este mundo, pues la mayor parte de los hombres no hacemos otra cosa que existir. Y tenía razón.

En Chiclayo

Pero ahora somos adultos, nos comportamos de un modo racional y llevamos vidas normales. En aquel momento no. Antes eramos solo unos críos incoscientes que no tenían ni idea de qué va la vida… Hay que joderse.

FOTOS DEL VERANO EN PERÚ

05
Feb
08

¿Qué es lo que me queda?

A 5 de febrero, seis examenes pendientes y un corazón es todo lo que tengo.

03
Feb
08

Días de invierno

Hoy todo está gris y mojado. Mientras tomabamos el café en los sofás del comedor, les he dicho a Apolo y Marquitos:

- Ey, hay una canción que dice…

Gravity is working against me
and gravity wants to bring me down…
Oh I’ll never know what makes this man
With all the love that his heart can stand
Dream of ways to throw it all away

Como no querían seguir escuchando, me he fijado en el jardín, a través de la cristalera. Se veían gotitas de agua resistiendose a caer cristal abajo, charcos en el cesped, ahora mismo veo dos viandantes parapetados bajo sus paraguas negros.

Y me recuerda un poquito a los días de invierno en Euskadi, cuando aita traía bollos de Ayarza y nos tapabamos con las mantas para no hacer nada en toda la tarde… O cuando ama, armandose de todo valor, nos llevaba a mi hermano y a mí (por aquel entonces, imberbes sin carnet de conducir) a Laga para que pillasemos unas olas, y terminaba la mañana con un chocolate con tostadas en el bar de Merche… Aquellos días que tenían como espectador omnipresente a la lluvia, sin que nos importase demasiado.

Hoy llueve en Leganés, y aunque no vea descampados, ovejas y bosque desde la ventana, me siento un poco más cerca de casa, del norte, de esa muralla de bosque y roca que choca contra el mar. No son unas fronteras: son unos colores, unos recuerdos, unas sensaciones. Puedo ir a Ortigueira, a Llanes, y quedarme allí para siempre, porque los días de invierno -y de verano- serían los mismos. Pero, ¿Leganés? ¿Madrid? Serán siempre lugares de paso…

Ayer, de cualquier modo, el día fue más claro. Al anochecer, desde esta ventana se veía, sin artificio posible, el siguiente espectaculo:

Y es que tal y como dice mi colega Bill, “There’s Treasure everywhere“. Solo hay que mirar bien-

03
Feb
08

Modelo alternativo de Malthus

Son las 5:02. El amigo Tomás Guerrero y un servidor (con Marcos Barriuso como colaborador en la sombra), enfrentados a Civil 5 y Economía Financiera respectivamente, hemos desarrollado un modelo alternativo de equilibrio poblacional de Malthus. Malthus era un tipo religioso que escribió el Ensayo sobre el principio de la población. Si alguien quiere leerselo, se lo puedo dejar. No problem.

En nuestra opinión, si Malthus levantara cabeza, en vez de invocar que abandonemos los placeres de la carne, haría una limpieza (un descenso en n, la población) para terminar con la actual teoría del caos imperante en el sistema financiero.

Modelo malthusiano

Así se conseguiría un equilibrio interesante.

Y a esta conclusión hemos llegado entre Lambrusco, discusiones sobre féminas y otros menesteres. Mañana -o cuando nos acostemos, despues de terminar con esos apuntes que aún esperan- os hablaremos de los Fernández – Saurios, una especie en grave peligro de extinción desde que su habitat natural -un país llamado Costillar - se vió invadido por hordas de residentes.

Sed felices.




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