El regreso del viaje a lindes europeas estaba siendo un aterrizaje forzoso: cuando parecÃa que nada podÃa ir peor, regresamos a la prehistoria con el cobarde asesinato a bocajarro de un currela, un cobrador de peaje (supongo que un peligroso enemigo para cualquier “gudari”).
Venceréis, pero no convenceréis.
Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta;
pero no convenceréis,
porque convencer significa persuadir.
Y para persuadir necesitáis algo que os falta:
razón y derecho en la lucha.
Miguel de Unamuno
Una amiga de la residencia, cuando le escribo explicándole que en Euskadi el zarpazo duele doble (porque la cifra no es un nombre y apellidos, es un nombre y recuerdos, anécdotas, vida) me reprocha que, al fin y al cabo, tambien era español y el dolor es compartido.
Y ahà está el problema: en que somos capaces de asignar casi infinitas etiquetas a las personas: se es español, de izquierdas, heterosexual, conservador, ecologista, de derechas, homosexual, blanco, progresista, marxista, antimarxista (discusiones de tren rumano), artista, homosexual, euskaldun, etiope, comunista…
Mientras clasifiquemos a las personas asÃ, por su pasaporte, su carnet polÃtico u otras minucias, habrá lunáticos analfabetos, descerebrados idiotas a los que cuando les den una pistola serán capaces de utilizarla.
Y somos tan desgraciados, que no queremos darnos cuenta de que los charcos de sangre y las lágrimas son iguales en todas partes, porque antes que nada, y principalmente, somos personas.
Triste, muy triste en un txoko oscuro, viendo corderos y cigueñas, esperando que abran las urnas…
P.D: (Solo nos salva, y que no me tachen de frÃvolo, la surrealista gala de TVE para designar canción en ese bodrio llamado Eurovisión. Con la candidata elegida, hay esperanzas. A mÃ, al menos, consiguió arrancarme una risa en este dÃa gris)
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