Tengo demasiado apego al presente como para mirar al futuro, pero lo cierto es que, cuando el presente no da más de sí y el pasado resulta demasiado confuso para detenerse en él, la única opción viable es levantar la vista y decir:
Se nos ha escapado de entre las manos otro año, un año bonito, un año con sobresaltos, con alguna lágrima, con ocasiones desperdiciadas que no sé si alguna vez seremos capaces de perdonarnos. Pero eso es ya agua pasada, a pocas horas de alejarme varios cientos de kilómetros de distancia esta ciudad que me ha visto crecer (habrá que decir madurar…).
Aquí vivimos las borracheras más sucias junto a los amigos más fieles, a quienes contamos las aventuras más oscuras. Aquí cubrimos de silencio complicidades, camuflamos en miradas compartidas aquello que solo era pensamiento indiscreto. En Madrid, ciudad que concuerda, sin problemas, con las palabras examen, sudor, calor, otoño, mojito, frío, apuntes, jardín, museo, contaminación, amante, ensayo, locura, tedio, taxi, euforia, café, noche, día, más noche y otro día.
Supongo que llegará el día en que nos reprochemos no haber salido aquel martes, no haber comenzado a estudiar antes, no haber ido a tal museo, no haber pedido perdón a aquel amigo, no haber sabido dar el paso antes, o después, no haber…. Supongo. Llegará. La cuestión es que cuando uno cree haberlo dado todo, da igual cuánto haya recibido a cambio, porque es un juguete del destino, un juguete roto sin demasiada utilidad.
Entrar en una cafetería con la secreta esperanza de que te dejen allí encerrado para siempre. Pero cuando se hace de noche y terminan de recoger las mesas de alrededor, una amable señora viene a pediros que os vayais. Luego te comentan que eso es la vida, y no te queda más remedio que creerlo. Que todo tiene hora y nombre y límites y un por qué, aunque no te lo den, y si no te gusta, te vas a a otro lugar.
No sé, la verdad, dónde estaré cuando septiembre acabe. Sí sé dónde y con quíen me gustaría estar. Aunque eso no importe.






Leyéndote me vino a la memoria una canción que me acompañaba hace ya un tiempo cada vez que intentaba evadirme de la realidad que me rodeaba. Si acaso eso es posible, cuando uno vive en Madrid y usa el transporte público para sus desplazamientos…Decía algo así:
here comes the rain again
falling from the stars
drenched in my pain again
becoming who we are
as my memory rests
but never forgets what I lost
wake me up when september ends
Por cierto, si sabes con quién y dónde te gustaría estar, tienes mucho ganado Juan, créeme. La mayoría avanza por inercia, y esos sí que están perdidos.
Un abrazo.
Me encanta lo que has escrito, estoy en el mismo momento, cerrando o iniciando (según se mire) etapas al acabar una carrera y sin saber a dónde iré. No importa todo lo que hayamos dado, siempre podríamos haber hecho más cosas, pero supongo que siempre podremos seguir haciendo otras. Cuesta mucho encontrar un camino o empezar uno nuevo. Salir a la vida real (¿…pero la de antes no lo era…?).
En fin, creo que todos andamos igual de perdidos. Lo importante es seguir adelante sabiendo lo que queremos sin dejarnos a la suerte de la inercia.
Un saludo!