Conversación en un parque arrinconando de Leganés, atípicamente tranquilo y bonito. Cantante de boleros. ¿Por qué no? En casa nos criamos con las letras y la voz envolvente de Armando Manzanero; quizás de ahí el romanticismo de patente caducada, quién sabe… La cuestión es que uno se cree los boleros, y el cantante que se cree sus propias letras está condenado al fracaso (si es capaz de salvarse del ridículo…). Así que arrinconamos la vocación a la esquina más húmeda de la ducha.
Los primeros días en casa (sí, resulta que en el fondo, aquella es mi casa…) una vez hemos comenzado la temporada de playas, han sido tristes. Tristes, porque uno se ha acostumbrado a ser no uno mismo, sino parte de, y cuando pasan las horas, currando y con la cabeza entretenida pero con el pensamiento latente, echa de menos las triquiñuelas por conseguir un café, unos minutos, una sonrisa (los días soleados y sin examen cerca…) y, de puro casual, alguna noche de sofá o desayuno a destiempo.
Pero desde el 7 de junio, solo hay talkies que suenan por el canal de zona 6, aperturas de puesto, alguna bronca del jefe. ¿Sol? ¿Chicas guapas en bikin? ¿Kilometros de complicidad en la furgoneta de Cruz Roja, charlando con Nayi y convenciendonos mutuamente de los desagradecido que es el curro de coordinador? Claro que sí. Esos momentos que hacen que cada verano en esto del socorrimos (y vamos camino del lustro) sea un momento irrepetible de nuestras vidas. Pero tambien está el mar. El mar solo. El mar. Sólo.





Desprendo de tus palabras que no tienes ni puta idea de lo que hablas. La envidia es la religión de los mediocres y envidia es lo único que deduzco de la pobre y no poco trabajada literatura que te gastas.
Uno cree en aquello en lo que pone alma, corazón y mucho, mucho empeño. Así que te pediría por favor que dejaras de criticar a los innumerables cantantes de triunfaron poniendo voz a lo que su corazón les decía y te dedicaras a las playas y el socorrismo.
Se un poco mas prudente en tus comentarios porque la verdad absoluta (o doble verdad) solamente la conocía Santo Tomás.
Estimado compa,
Antes de nada, te confieso que no creo en la verdad absoluta (ni siquiera la de Santo Tomás…) así que no me veo en la obligación de protegerla ni respetarla. Si tuviesemos que escribir cada línea pensando en que todas y cada una de las afirmaciones tiene que ser cierta, creo que habría poca gente lo suficientemente pretenciosa como para escribir nada. Así, con tu permiso, seguiré escribiendo a la ligera lo primero que me pase por la cabeza, y si es necesario, contradiciendome tantas veces como sea necesario.
Por otro lado, si vuelves a leer lo que he escrito (si es que ya lo leiste…) verás que no critico a nadie sino a mí mismo con mis dotes musicales… No es la envidia de un mediocre, porque gustosamente aceptaría escalar musicalmente a la mediocridad (estoy más bien al nivel de cantante de ducha, como ya reseñé). No sería comprensible lo contrario cuando hablo de mi infancia acompañada de las letras de Manzanero, y termino la entrada con un video de Ángel Torres en casa… ¿De verdad crees que Ángel no se cree lo que canta? ¿Que no es, por ello, un cantante cojonudo y destinado al éxito?
Otra vez ahorrate los insultos, que se puede decir lo mismo.
Las verdades que buscas querido amigo no las podrás encontrar en los libros a menos que derribes algún que otro muro que tienes tendido.
¿Insultos? Mediocridad puede describirse como aquello que simple y llanamente posee mediana calidad y el hecho de no tener ni puta idea en la mayoría de las ocasiones y de cara al populismo puede considerarse una virtud.