Hoy es un día especial.
Porque hace sol, porque el calor permite salir a la calle en bermudas sin escandalizar a nadie (bueno, a las pijas de la facultad un poco, pero eso hasta tiene su gracia).
Porque miro por el lucernario y el añil del cielo casi me convence de que estamos en verano. Porque ese verano no es un sueño lejano ni un recuerdo difuso, el verano es dentro de cuatro días.
Porque cuento con impaciencia las horas que me faltan para subir a un autobus que me plante en el único sitio donde no me siento un extraño. Porque esta mañana, imaginando quién estará esperandome en la estación con una sonrisa, he sentido mariposas en el estómago.
Porque he recuperado una canción olvidada: Supersexy Girl
Porque es Sant Jordi. Libros y rosas, la Diada. Gente que se quiere y se aprecia, regalandose letras y vida. Cosas del exilio, en previsión de que nadie me regalase hoy el libro, me lo he obsequiado yo mismo. Hijos de la medianoche, de Salman Rushdie.
Porque… porque entre montones de apuntes, trabajos, trabajo, objetivos… En esa maraña de responsabilidad letrada, hay algo mucho más fresco, dulce, vivo, tangible, alegre, que consigue arrancarme una sonrisa al despertarme.
Hoy es un día especial. Pero mañana lo será mucho más.





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