Banda Sonora (imprescindible para continuar)
Como en todos los accidentes, ha sido cuestión de tiempo que se derrumbara. Se trata de una enfermedad que como la gripe llama a la puerta todos los años, sin faltar. Desde que me explicaron lo que era el amor -sin utilizar ilustraciones de animalitos- he realizado una incesante busqueda con resultados cuestionables. Dicen que estas cosas vienen por sí solas, pero yo voy a por ellas. Quizás no como debiera -de frente- pero si al menos de costado. Y como dice un proverbio japonés, el clavo que sobresale es el que más golpes recibe.
En pocos días tras el regreso de las Navidades -y pasada la euforia del anónimo reencuentro- fui percibiendo detalles en mí mismo que, inevitablemente, mostraban la cruda realidad: no era amor. Ni tampoco desamor. Cristian, que ya regresó de Bolivia y se incorpora a esta aventura de la vida residencial los sábados y domingos en franja nocturna, lo ha clavado: un encaprichamiento.
Un puto encaprichamiento.

De pronto no me parece tan guapa, al fin puedo escuchar su voz entre la algarabía del comedor y se me antoja vacía de todo: de sensualidad, de misterio, de curiosidad, de vida. De repente, es como una Barbie olvidada en los cajones de cualquier niña, una Barbie a la que dando cuerda se le oye decir palabras huecas, siempre con el mismo brillo barnizado en la mirada. De un día para otro su virginal reserva ha pasado a ser algarabía sin límites para todos -para todos, menos para mí-.
(NOTA: Es un problema de mis construcciones mentales, de la dimensión en la que vivo. Es tan colosal como fragil, y al menor soplo de aire, rancio o fresco, se desmorona. Lo bueno es que sin pausa comienzo a reconstruirla, porque sin ese parapeto no puedo vivir).
Todos estos cambios, todo este movimiento en los trazos pictorico-sentimentales, se ha producido en cuestión de quince minutos mientras dibujaba una cara en la pera que, amablemente, me regaló Olmata S.L. (la subcontrata del comedor de la Residencia). Acompañado por Apolo y David, dos de los co-protagonistas de esta historia.
Y siento un gran hueco en el pecho, un poquito del centro hacia abajo y la izquierda, allá donde debe quedar el corazón. Éste ya no se me sale por entre las costillas y echa a volar; ahora solo hay un gran hueco donde el llanto hace eco incesantemente. No sé si realmente será que me han robado el único corazón que tengo, o bien el orgullo herido de saber que he dejado pasar una oportunidad única por falta de valor, pero algo me duele aquí dentro. Por si acaso, estoy pidiendo por ahí que me devuelvan el corazón, con la vana esperanza de que se dé por aludida.
Y así, a botepronto y después de unas horas de comedor estudiando la demanda de capital y otras minucias económicas -con el zumbido de las máquinas frigoríficas y los fluorescentes y alguna que otra tos espontanea-, se me ocurren algunas cosas a anotar para la posteridad:
NOTAS
- Cada vez que enfrento el desenlace de un enamoramiento, bien por éxito en la empresa bien por despecho, al final llego a la conclusión de que no era para tanto. Solo una vez pensé “joder, hasta las lágrimas han valido la pena” y todavía me sigo doliendo por ello -es una pequeña cojera que me hará renquear por mucho tiempo-. La implicada parece no entenderlo y sigue jugando conmigo como si de un soldadito de plomo me tratase. Me reafirmo, por tanto, en la afirmación de que “si nos enamoramos, no es por gusto, sino por necesidad”.
- Necesidad no sexual; necesidad sentimental. Ahora mismo la palabra amante resulta demasiado similar a “bogavante”, por lo que me iré a meditar a la playa o al monte -cuando vuelva a casa-, o a dar vueltas en cualquier linea de Metro, en definitiva, a cualquier lugar donde uno pueda sentirse lo suficientemente solo como para no temer ser herido por un puñal de sonrisas o miradas.
- La canción que pensaba colar bajo su puerta se la regalaré a la primera que me lo pida y nisiquiera será momento de lamentos. Ya es hora de dejarse de tonterías y comenzar a prostituirse.
- Los poetas ya murieron hace mucho y desgraciadamente para nosotros no queda ninguno. Los poetas ya murieron hace mucho y afortunadamente para nosotros no queda ninguno. Gracias helotavio
- No se puede ser un romántico chapado a la antigua en un mundo forjado por la novedosidad. Te etiquetan de loco e infantil -como si ello fuera malo- y además, pocos llegan a entender que la poesía es masturbación, no busqueda de atención.
- El caramelo de mora que en el último vuelo guardé para regalarle lo guardaré por si acaso, porque si bien todos los sentimientos se desgastan hasta convertirse en un fino hilo que puede romperse y se rompe, empezar desde cero resulta bonito incluso cuando hablamos de cenizas. Y un caramelo, si es rico y bonito y guarda recuerdos y algo de esos sentimientos, puede resultar un buen punto de partida.
- Todos los planes de aproximación quedan oficialmente clasificados como absurdos y por tanto, son condenados al olvido -si existe por casualidad lo contrario al olvido-.
- En una Residencia con decenas de ventanas, cualquiera de ellas puede ser el espejo del Paraíso o el Infierno. Por lo cual, resulta más recomendable tirarse en el cesped, al resol de invierno, sintiendo el pequeño picor de la hierba en la nuca. No hay daños colaterales.

- Respecto a las apuestas realizadas por ciertas señoritas, solo puedo decir una cosa: Rosa, desde luego no acertó. Podria describir a la dama distante detalladamente y terminariais por resolver vuestro juego -aunque lo dudo-, pero ahora no es momento. Puede que sea cuestión de tomar algún Colacao más, o cuestión de que es muy tarde, o puede que no sea mi juego y en el fondo el fallo fue preocuparme más por el sentimiento que por la persona.
- Y es que a veces creemos que cuando sentimos algo todo el mundo puede notarlo, y las palabras sobran y los gestos tambien porque, qué coño, el amor está en el aire. Pero no, mira, resulta que no.
Así que, gracias y perdón a todos y a todas,
FIN
(Otra historia de amor con triste final…)
CRÉDITOS
(Por orden de aparición…)
Ella (novata desconocida, dama distante y adolescente instantanea)
Yo (en el papel de payaso que agoniza, que cree creer en el amor)
Caparso, Apolo, Marcos, David, Sergi(consejeros, cómplices, conocedores únicos de la identidad y desmitificadores)
Felix (indefinible, no termina de enterarse de la fiesta)
Tomás (grandes carcajadas, otro enamorado, comprensivo y el primero en darse cuenta de quién era ella, aunque luego afortunadamente lo olvidó)
Todos los que en algún momento se han reido de la historia de amor (interpretandose a ellos mismos)
Quien lea estas lineas
Ángel Arias (dando ánimos cibernéticos; resultó gracioso: al final se equivocó)
Olmata S.L., (haciendonos coincidir a los dos protagonistas principales en el carrusel del desayuno varias veces gracias a su tranquilidad)
Cristian (en el papel de “todavia-me-reiré-de-ti-durante-semanas”)
Y muchos otros que, sin saberlo, presenciaros el nacimiento y defunción de la que podría haber sido la historia de amor mas bonita jamás acontecida sobre la faz de la tierra.
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