Archivos para la Categoría 'amorfam'

16
Nov
07

Déjame comerme toda la naranja

Cenabamos espaghetis. Nos habían servido un segundo plato horrible y nadie quería ser el primero en enfrentarse a él. El tiempo giraba en torno a la mesa estirandose hasta lo imposible. Solo así puede explicarse que naciera aquella conversación.

- ¿Sabes? Tengo suerte porque la vida es una puta que se acuesta con cualquier a precio de saldo. Si no…

- ¿Qué?

- Nada. Eso. Que la miro y cada vez me gusta más. No sé… tiene algo especial. Hay otras más guapas y otras más explosivas, muchas. Pero ella tiene ese aura.

- Joder, para mí hoy el ochenta por ciento de las mujeres que hay aquí la tienen. Además siempre estás igual… – (aquí es cuando el poeta se para y mastica tranquilamente una porción del indescriptible segundo plato)-. Y te voy a describir tu progresión de los últimos días. El miercoles decías que este fin de semana tenías que estudiar, ayer que “no sé, no sé…” y hoy que quieres acabar la cena y beber hasta perder el control.

- Es que nunca he sentido igual una derrota…

- Pero si ella no te dijo se acabó. Para eso primero tiene que empezar. -(Aquí me imagino a Antonio Vega, que es casi tan guapo como el poeta pero canta mejor, dejando caer su voz a la luz de un farolillo…)-. No está perdido.

- Esa es la derrota, querido poeta, esa es: que el comienzo nunca llegará…

- Anda, dejalo. Esta noche voy a poner el listón muy bajo. Y no te levantes que todavía no he terminado la naranja…

Pues eso. Viernes noche. Nos vamos por ahí, a buscar luz, que el sol se ha fundido.

(Parte ficticia y parte real, no vaya nadie a pensar otra cosa. La ducha espera.)

23
Oct
07

La caja de la melancolía o cómo hay palabras que cambiaron nuestras vidas

El título de la entrada es un regalo que me ha hecho Marcos. Él vive a 36 habitaciones de distancia, en la 249. Como estamos en el lado impar, el que da al jardín, al parque, en realidad solo nos separan la mitad de habitaciones, 18, que en la jerga residencial se traduce en pasillo y medio. Relativamente lejos, físicamente cerca.

Acaba de marcharse de este pequeño microcosmos que he creado en Leganés a base de recuerdos, aburrimiento y viajes al Ikea de Alcorcón. Hemos estado charlando unos pocos minutos, él dice que desde hoy mira hacia delante, pero sabe, sabemos, que mirará de reojo a sus espaldas y es posible que vueva sobre sus pasos, por la sencilla razón de que todos lo hacemos. A cabo, le he regalado un discurso (soporífero a estas horas, imagino, te permito corroborarlo en un comentario) sobre la nostalgía que me invadía. Y es que cuando ha llegado, acababa de hablar por teléfono con una voz de niña que está junto a la Alhambra (aunque desde su piso no la vea: solo hay luz natural en el salón). Después, he sacado de la cajonera de la cama escondida tras la mesilla -un lugar recóndito en la geografía de la 213- la caja azul donde guardo, desde hace cuatro años, recuerdos de los muy mejores amigos (¿2, 3?), romances veraniegos, amigas-novias, y toda clase de etiquetas sentimentales que nunca conseguí diferenciar y terminé por depositar en el mismo zurrón: el de personas que se quieren, se aprecian, y no tienen miedo a decirselo.

Tengo allí dentro el recuerdo de una pequeña cerámica que nos regaló una familia de desconocidos tras acogernos en su casa en una isla al norte de Croacia; cartas que llegaron de Madrid (cuando aún yo tenía esta masa de hormigón y asfalto por destino turístico y no hogar itinerante), del interior de Gipuzkoa (allí donde vivía un alma andaluza en cuerpo giputxi, pecas de Zumarraga, okupa de camas y canibal al compas de la cerveza irlandesa), de Granada, siempre terminaban llegando cartas de Granada, punzadas dulces de nostalgia incontrolable y preguntas que nunca -y me temo que es así, categóricamente: nunca- serán respondidas… Hay una carta de un amigo con un poema de Gerediaga en euskera (lo dejamos para mañana), una bandera de Brasil bañada en cachaca, una ikurrina deshilachada y escrita abajo a la izquierda (donde estaba el corazón en los dibujos que nos mostraban las horribles profesoras de primaria) por aquella que se atrevió a romper la burbuja y visitarme cuando los botellones novatos aún sonaban en el parque de Leganés. Una declaración de cariño no pretendida que cómplices pícaros colaron en la 259 -cuando aún el rubio y yo vivíamos allí- bañada en perfume. Se ha perdido el olor, pero queda su recuerdo, los momentos posteriores a desenlazar -venía con lazo rojo- y leer aquellas palabras, sabiendo que se complicaba la historia.

Hay tambien una nota, la carta más breve que nunca me escribieron, una de las pocas que no trajo el cartero. Corría mi primer año de carrera (se ve ya más próximo el final que el comienzo, y da miedo) y una musa -la primera y auténtica, la que sería referente para las demás musas, la única que nunca fue alcanzada por mí más allá de la burbuja, me temo- había venido de visita a Madrid. Despidiendonos en la intermodal de Avenida América, con un inocente abrazo, un beso como el punto de la i más efímera y traviesa y dulce, me dió un papel pequeñito, rasgado po haber sido cortado a mano y doblado en cuatro partes, dos pliegues. Me dijo en silencio:

- No lo abras hasta que me haya ido.

Obedecí porque me incomodan las despedidas, porque nunca supe despedirme y siempre queda todo pendiente y en el aire, como los abrazos que vuelan presurosos y van a chocar contra el cristal del bus que ya se va, que ensucia el asfalto y roba, rodando y sin inmutarse, esa sonrisa que te daba la vida.

Camino del metro, bajando hacia la linea 7, me encontré con Helios, que entonces era para mí otro veterano -aunque ya se intuía que era buena gente- y curiosamente acababa de despedir a su novia. Él lo habrá olvidado, pero yo, mientras leía las diez -no nueve ni once, sino diez- palabras que ella había escrito con un boligrafo pilot negro, y asimilaba que un canario y un euskaldun que prácticamente no se conocían podían compartír vagón y despedidas, casi sin palabras, descubrí lo que era vvir en una residencia, y en una ciudad, y lejos de casa y de la gente que quieres o crees querer. Así las palabras de letra mayúscula y redonda fueron a caer a la caja azul, repasé lo poco que ya había guardado, y la nostalgia -dulce por ser recuerdo de pasado glorioso- abrió veredas para un sentimiento nuevo, que cuando llega es para quedarse y solo puede taparse momentáneamente -por largos que sean los momentos-con euforia bien administrada. Descubrí el significado -con muchos de sus matices- de la palabra melancolía, mientras abrigaba como podía las manos del frío gélido que invade en invierno estas tierras lejanas del mar. Si mal no recuerdo, era noviembre, y fue entonces cuando empecé a hacerme mayor.

20
Feb
07

Enamorarse en un Colegio Mayor (VII): Con el Secretario de Estado de Telecomunicaciones

Quiero pensar que no,

que si yo tenía calor mientras todos pasaban frío en el Salón de Actos,

que si he olvidado toda la interesante y amena charla (lo digo de verdad) sobre sociedad de la información,

que si me temblaba la mano mientras sacaba las fotos de asistencia a la conferencia,

no era

¡los dioses me libren!

por una recaida, porque ella estuviese ahí -escrutando y juzgando, comentando y riendo-.

Porque yo solo quiero beber zumo de fresa al abrigo de cualquier haya en un prado gigante en Eslovenia, dejando pasar los trenes y riendonos del tiempo, sin carteros esperando la prejubilación ni hormonas en ebullición.

21
Ene
07

ENAMORARSE EN UN COLEGIO MAYOR (VI): FINAL INFELIZ

Banda Sonora (imprescindible para continuar)

Como en todos los accidentes, ha sido cuestión de tiempo que se derrumbara. Se trata de una enfermedad que como la gripe llama a la puerta todos los años, sin faltar. Desde que me explicaron lo que era el amor -sin utilizar ilustraciones de animalitos- he realizado una incesante busqueda con resultados cuestionables. Dicen que estas cosas vienen por sí solas, pero yo voy a por ellas. Quizás no como debiera -de frente- pero si al menos de costado. Y como dice un proverbio japonés, el clavo que sobresale es el que más golpes recibe.

En pocos días tras el regreso de las Navidades -y pasada la euforia del anónimo reencuentro- fui percibiendo detalles en mí mismo que, inevitablemente, mostraban la cruda realidad: no era amor. Ni tampoco desamor. Cristian, que ya regresó de Bolivia y se incorpora a esta aventura de la vida residencial los sábados y domingos en franja nocturna, lo ha clavado: un encaprichamiento.

Un puto encaprichamiento.

Mirada

De pronto no me parece tan guapa, al fin puedo escuchar su voz entre la algarabía del comedor y se me antoja vacía de todo: de sensualidad, de misterio, de curiosidad, de vida. De repente, es como una Barbie olvidada en los cajones de cualquier niña, una Barbie a la que dando cuerda se le oye decir palabras huecas, siempre con el mismo brillo barnizado en la mirada. De un día para otro su virginal reserva ha pasado a ser algarabía sin límites para todos -para todos, menos para mí-.

(NOTA: Es un problema de mis construcciones mentales, de la dimensión en la que vivo. Es tan colosal como fragil, y al menor soplo de aire, rancio o fresco, se desmorona. Lo bueno es que sin pausa comienzo a reconstruirla, porque sin ese parapeto no puedo vivir).

Todos estos cambios, todo este movimiento en los trazos pictorico-sentimentales, se ha producido en cuestión de quince minutos mientras dibujaba una cara en la pera que, amablemente, me regaló Olmata S.L. (la subcontrata del comedor de la Residencia). Acompañado por Apolo y David, dos de los co-protagonistas de esta historia.

Y siento un gran hueco en el pecho, un poquito del centro hacia abajo y la izquierda, allá donde debe quedar el corazón. Éste ya no se me sale por entre las costillas y echa a volar; ahora solo hay un gran hueco donde el llanto hace eco incesantemente. No sé si realmente será que me han robado el único corazón que tengo, o bien el orgullo herido de saber que he dejado pasar una oportunidad única por falta de valor, pero algo me duele aquí dentro. Por si acaso, estoy pidiendo por ahí que me devuelvan el corazón, con la vana esperanza de que se dé por aludida.

Y así, a botepronto y después de unas horas de comedor estudiando la demanda de capital y otras minucias económicas -con el zumbido de las máquinas frigoríficas y los fluorescentes y alguna que otra tos espontanea-, se me ocurren algunas cosas a anotar para la posteridad:

NOTAS

- Cada vez que enfrento el desenlace de un enamoramiento, bien por éxito en la empresa bien por despecho, al final llego a la conclusión de que no era para tanto. Solo una vez pensé “joder, hasta las lágrimas han valido la pena” y todavía me sigo doliendo por ello -es una pequeña cojera que me hará renquear por mucho tiempo-. La implicada parece no entenderlo y sigue jugando conmigo como si de un soldadito de plomo me tratase. Me reafirmo, por tanto, en la afirmación de que “si nos enamoramos, no es por gusto, sino por necesidad”.

- Necesidad no sexual; necesidad sentimental. Ahora mismo la palabra amante resulta demasiado similar a “bogavante”, por lo que me iré a meditar a la playa o al monte -cuando vuelva a casa-, o a dar vueltas en cualquier linea de Metro, en definitiva, a cualquier lugar donde uno pueda sentirse lo suficientemente solo como para no temer ser herido por un puñal de sonrisas o miradas.

- La canción que pensaba colar bajo su puerta se la regalaré a la primera que me lo pida y nisiquiera será momento de lamentos. Ya es hora de dejarse de tonterías y comenzar a prostituirse.

- Los poetas ya murieron hace mucho y desgraciadamente para nosotros no queda ninguno. Los poetas ya murieron hace mucho y afortunadamente para nosotros no queda ninguno. Gracias helotavio

- No se puede ser un romántico chapado a la antigua en un mundo forjado por la novedosidad. Te etiquetan de loco e infantil -como si ello fuera malo- y además, pocos llegan a entender que la poesía es masturbación, no busqueda de atención.

- El caramelo de mora que en el último vuelo guardé para regalarle lo guardaré por si acaso, porque si bien todos los sentimientos se desgastan hasta convertirse en un fino hilo que puede romperse y se rompe, empezar desde cero resulta bonito incluso cuando hablamos de cenizas. Y un caramelo, si es rico y bonito y guarda recuerdos y algo de esos sentimientos, puede resultar un buen punto de partida.

- Todos los planes de aproximación quedan oficialmente clasificados como absurdos y por tanto, son condenados al olvido -si existe por casualidad lo contrario al olvido-.

- En una Residencia con decenas de ventanas, cualquiera de ellas puede ser el espejo del Paraíso o el Infierno. Por lo cual, resulta más recomendable tirarse en el cesped, al resol de invierno, sintiendo el pequeño picor de la hierba en la nuca. No hay daños colaterales.

Ventanas

- Respecto a las apuestas realizadas por ciertas señoritas, solo puedo decir una cosa: Rosa, desde luego no acertó. Podria describir a la dama distante detalladamente y terminariais por resolver vuestro juego -aunque lo dudo-, pero ahora no es momento. Puede que sea cuestión de tomar algún Colacao más, o cuestión de que es muy tarde, o puede que no sea mi juego y en el fondo el fallo fue preocuparme más por el sentimiento que por la persona.

- Y es que a veces creemos que cuando sentimos algo todo el mundo puede notarlo, y las palabras sobran y los gestos tambien porque, qué coño, el amor está en el aire. Pero no, mira, resulta que no.

Así que, gracias y perdón a todos y a todas,

FIN

(Otra historia de amor con triste final…)

CRÉDITOS

(Por orden de aparición…)

Ella (novata desconocida, dama distante y adolescente instantanea)

Yo (en el papel de payaso que agoniza, que cree creer en el amor)

Caparso, Apolo, Marcos, David, Sergi(consejeros, cómplices, conocedores únicos de la identidad y desmitificadores)

Felix (indefinible, no termina de enterarse de la fiesta)

Tomás (grandes carcajadas, otro enamorado, comprensivo y el primero en darse cuenta de quién era ella, aunque luego afortunadamente lo olvidó)

Todos los que en algún momento se han reido de la historia de amor (interpretandose a ellos mismos)

Quien lea estas lineas

Ángel Arias (dando ánimos cibernéticos; resultó gracioso: al final se equivocó)

Olmata S.L., (haciendonos coincidir a los dos protagonistas principales en el carrusel del desayuno varias veces gracias a su tranquilidad)

Cristian (en el papel de “todavia-me-reiré-de-ti-durante-semanas”)

Y muchos otros que, sin saberlo, presenciaros el nacimiento y defunción de la que podría haber sido la historia de amor mas bonita jamás acontecida sobre la faz de la tierra.

08
Ene
07

ENAMORARSE EN UN COLEGIO MAYOR (V): YO MATÉ A PAPA NOEL

Bien. Ayer terminaron definitivamente las Navidades. Desmontar el ábol de Navidad fue bastante más sencillo que montarlo. Desgraciadamente, el vandalismo residencial fue implacable y dejó al pobre abeto sin un solo adorno. Por la tarde llegaron todos los residentes en tropel -hoy se reanudaban las clases- y después de felicitarse el año y comentar las epopeyas de Nochevieja, todo volvió a ser lo que era. Los propositos e intenciones para el año venidero son como la procesión, cada uno los lleva por dentro, y aparentemente, nada ha cambiado. Los astros no se han puesto de mi parte y poco ha cambiado la predisposición del mundo para con nuestra historia. Nadie parece darse cuenta de que, en este pequeño rincón de Leganés, podría estar germinando una de las más bellas historias de amor de la historia, una de esas que el día de mañana inspirará grandes poemas y hará llorar de emoción al mundo entero.

Eso si queda algún poeta. Porque… ¿habrá poetas en el Siglo XXII? El día de ayer, que envolvió la residencia en una niebla espesa, no suponía un buen presagio. Ni cielo azul, ni pájarillos, ni siquiera lluvia.

Niebla en la FAM

Anoche entre tanta vorágine de bienvenidas no pude verla, pero en realidad, tampoco la busqué. y es que ayer dedicamos nuestro tiempo -por culpa de tres tazas de café en un breve periodo- a dar caza y captura a Papa Noel por la Residencia. No el cutre Papa Noel de juguete que colgaba de una lámpara y que afortunadamente alguien robó, no. El de verdad. El que está (estaba) a sueldo de Coca-Cola. (Todos sabemos que el verdadero se llamaba San Nicolas, era turco y vestía de verde).

Lo encontramos vilmente escondido entre unos arbustos secos del jardín y sin juicio, garantías ni atención al Derecho Internacional, lo degollamos. Aquí la prueba (el desgraciado de él se niega a cerrar los ojos):

Papa Noel

Al barbudo lo hemos ajusticiado por el simple motivo de que, a pesar de haber sido buenas personas y haber minimizado el daño que hacíamos al mundo, no se ha dignado a traernos nada, ni siquiera -hay que ser desgraciado- papel de colorines y perfumado para escribir cartas de amor preadolescentes, como se hacía en Primaria. Y eso no tiene perdón, porque cuestan poco más de un euro.

Hoy, por la mañana, cumpliendo con el ritual obligatorio, me desperté para verla en el desayuno, con la esperanza de que hubiese llegado y no estuviera aún por tierras interiores. Añadí el factor “ducha matutina” (no en sustitución, sino como complemento de la ducha vespertina) para ir buscando el punto perfecto en ese cruzar de miradas diario, de milésimas. La ví, sonreí con el poeta, cómplice de esta aventura, y ya está. Abrumadoramente emocionante.

No me ha sentado muy bien el aseo. Nada más desayunar, con la intención declarada de ir a clase, he comenzado a sentirme mal -de camino a la habitación- y he terminado en la cama sintiendo que la cama se movía y que junto a la mesilla de cama estaba el diablo. No le ví, pero pude sentirlo. Lo único que me ha hecho darme cuenta de que no se trataba de una visita anticipada de la muerte es que ésta, normalmente, huele bastante mal. Y aquí aunque tuviesemos una extraña atmosfera de habitación estudiantil cerrada, no olía a muerte.

Comentandolo al mediodía -ya recuperado del envite de este extraño virus fugaz que me ha dejado debil por dentro- un colega ha sugerido:

- Quizás sea amor

- Desamor, me temo. – le he contestado.

21
Dic
06

Enamorarse en un Colegio Mayor (IV): Cerrado por vacaciones

Hasta los sentimientos están condicionados por el calendario. Todavía creo recordar el tacto de la arena en Sao Miguel do Gostoso, preparandonos para un nuevo curso y descansando del trabajo, y ya tenemos los dedos congelados y los manjares en la despensa.

Y es que ha llegado la Navidad: el arbol está solo en el Comedor.

Arbol de Navidad en la FAM

Los hombrecillos de mteal parapetados en el jardín, espantapájaros innecesarios y bonitos, no tienen con quien hablar.

Esculturas del jard�n

El arbol más alto ya perdió todas las hojas.

Arbol del jard�n

El Colegio Mayor se está quedando vacío. Los últimos nos vamos mañana, y después del 22 apenas quedará nadie. Ella no se ha ido, porque esta mañana la vi desayunar, pero supongo que se marchará esta misma tarde. Apenas ha habido avances, exceptuando alguno que, por motivos de estricta estrategia, no se pueden desvelar ahora pero que en nombre del arte contaré en un futuro.

No la encontré tan guapa como otros días, pero posiblemente la culpa la tengan el sueño acumulado y el hecho de que que hubiera olvidado las gafas sobre la mesa de noche, arriba en la habitación. Aunque la miopía sea el menor de los problemas posibles, y haya otros seis que me causan bastantes más escalofríos. Se llaman Macroeconomía, Estadística, Teoría de la Decisión y los Juegos, Microeconomía, Derecho Civil Patrimonial y Teoría de la Comunicación Mediática y acechan a la vuelta de las vacaciones.

De cualquier modo, lo que tenga que ser será. Por ahora centremonos en este momento y este lugar. Pues eso. Feliz Navidad. No olvideis que estas fechas, más que para empachos, son para volver a darnos una oportunidad de querernos, a nosotros mismos y a los demás. No la desaprovechemos.

20
Dic
06

Enamorarse en un Colegio Mayor (III): Vaivenes peligrosos

Una de las más grandes personas que he conocido en esta vida, estudiante de ingenieria a priori, filósofo de lo cotidiano en realidad, está saboreando el amor en su faceta más dulce. Lo que comenzó con una sorpresa momentanea ha terminado en lo que, desde mi punto de vista, es la mejor manifestación del amor. Ver a una chica, a quien no se le ha hecho ninguna promesa eterna, aguardando pacientemente a que se duerma la más patética manifestación de una borrachera, es amor. Dos manos que se deslizan en un anónimo salón de actos, haciendo como que escuchan unas palabras aburridas cuando solo se escuchan a ellos mismos… eso es amor. Amor sin estridencias, suave, el mejor de todos. Aparentemente por ellos no pasan los temibles ciclos del inicio de una relación.

Manos

Hablando de ciclos. Siguiendo con el peligroso juego de amar, hoy ha sido un día de grandes reflexiones. Y es que los días en que a uno le duele el estómago son idóneos para la autolamentación y ya de paso, la filosofía barata.

He pasado una noche horrible, despertandome a las seis de la mañana con los pies fríos y un tremendo dolor de estómago. Y aunque el médico, a primera vista, pudiera haberlo llamado gastroenteritis, la ausencia de continuidad le habría enfrentado a la cruda realidad: es amor.

El amor puede manifestarse de tantas maneras como personas hay. Algunas personas se sonrojan, otras cantas, hay quien incluso le da por componer y escribir… Algunos se van a pasear a su perro al monte -una mascota fiel nunca arroja opiniones impertinentes que destrocen la moral- e incluso hay quien siente que le están extirpando el estómago desde dentro. Hay algún caso extremo en el que se llegan a juntar todas estas reacciones, pero es mejor no analizarlo en excesiva profundidad.

La cuestión es que hoy de repente ya no me mira, el poeta que ayer me decía ver factible la hazaña se muestra reticente o apático, y lo peor de todo: quizás todo haya sido fruto de mi imaginación. Ni siquiera sabe que existo y la amiga con la que he establecido contacto no es tan amiga, y se trata de un puente roto, como el de Mostar: imposible cruzar. Evidentemente todo es cíclico; a la euforia le sigue la desesperación para finalmente volver a un estado de gracia aparentemente infinita. Es como un tobogán con una gran pendiente de bajada: al terminar, vuelve a subir, y con el impulso de la caida, se llega de nuevo hasta arriba y comienzas a caer de nuevo…

La única duda que me queda es la de saber si lo que se revuelve y repite son las hormonas o los sentimientos.

19
Dic
06

Enamorarse en un Colegio Mayor (II): Reflexiones en la clase de Macroeconomía

(Universidad Carlos III. 10 de la mañan. Ejercicios sobre tipos de interés…)

Voy a tener que dejar de contar aquí mis intimidades. Aparentemente nadie me lee, y es todo más aséptico que en los cuadernos con letra irregular, manchas de café y tachones. Sin embargo parece ser que alguien sí que nos sigue. Y puede ser peligroso desvelar completamente mi estrategia, por dos motivos principales:

1) El enemigo se me puede adelantar. Yo pensaba que ella, acórdemete a mis sentimientos, era pura e intocable, algo casi místico. Sin embargo este fin de semana vi planear la sombra del flirteo por parte de novatos por estrenarse que ven en las colegialas posibilidades de sexo barato y limpio. Uno, curtido ya en estas lides y buen conocedor de los parajes residenciales -es al fin y al cabo mi casa- no busca atacar a la más inocente o la más borracha o la más agraciada. Busco cariño. Y estos pasos peligrosos por devoción hacia el arte pueden truncar el esfuerzo en sonoro fracaso.

2) Esta noche, desvelado, descubrí que si ella por casualidad leyera mi blog, muy probablemente no me tomaría por un romántico, idealista, transgresor y feliz. Me tendría por un obseso neurótico y desaprensivo.

Así que limitaré mi elocuencia. No hablaré más de acercamiento a las amigas -que por lo demás avanza sorprendentemente rápido- ni de archivos secretos.

De cualquier modo, me debo a mí mismo estas entradas. El arte, desahogo u ociosidad -como quieran ser llamados- son imprescindibles. Desahogarse de este modo es lega, y bien enfocado, posiblemente, sea poéticamente reciclable.

Uno de los pasos más complicados -quizás el punto de inflexión- será construir la carta más bella de la historia. El año pasado ya exprimí los pocos remanentes de inspiración que contenía, escribiendo una carta a A., a quien tambien dediqué algún que otro relato. Aquella carta solo la leyó Caparso, amigo y poeta, y a él tendré que acudir para que me ayude a renovarme. (A. no está ya, por cierto. Se fue y no volverá y yo pensaba que moriría y sin embargo aquí estoy, tachando nuevas letras de mi alfabeto sentimental.)

La carta habrá de ser concisa, emotiva, graciosa, liviana y perfecta. Tiene que gustarle a ELLA. No puede ser pedante, tiene que… Llamemoslo X. Pero me asaltan dudas shakespearenas “Si es más noble para el alma soportar…”

Mi compañero de habitación, Felix, me dijo esta mañana desde la cama, con regocijo: “A quien madruga, Dios le ayuda”. Pero yo ya no sé en qué creer.

17
Dic
06

Enamorarse en un Colegio Mayor

Valga decir que según mis amigos me enamoro cada semana. Pero esta vez es diferente.

* * *

Un día, después de tres meses de siesta peremne y disfrute del otoño madrileño, la ves en la parada del Metro. Morena de tez nívea, rasgos graciosos y delicados, vestir curioso, sin alardes. No recuerdas haberla visto nunca, pero está esperando al metro en la misma línea, la misma parada que tú, y espera junto a chicas de la Residencia. Son las ocho y media de la mañana, y no recuerdas cuando fue la última vez que esperabas al tren a esa hora. Ergo, es una novata.

Novato/a es un término cuidadosamente apartado de lo políticamente correcto por la idiosincrasia universitaria, pero lo cierto es que seguimos realizando novatadas cada comienzo de curso. Este año perdí las novatadas de mi Colegio Mayor por un viaje que me llevó a Brasil. Lo bueno de esta pérdida es que, junto al frío, diciembre puede reparar sorpresas como ésta.

He cambiado. Me levanto cada día con los primeros cafés para coincidir en el desayuno, el metro. El corazón me da un vuelco cuando la veo aparecer en algún rincón. De repente se me ocurre volver a escribir esos poemas patéticos que terminan siempre en el montón de papeles a reciclar, y los escribo. Vuelvo al blog. Y canto. Hace escasas dos horas, les ofrecí un increible repertorio de música romántica a mis amigos residenciales, con novedosas versiones de Paraules de amor, Sunrise, Endless love y éxito principal, How deep is your love. Respecto a esta última, uno de los compañeros, inmiscuido en menesteres amorosos de índole turbia, no se lo ha tomado demasiado bien. Algún día contaré su historia en algún lado, cambiaré los nombres y mi colega será piloto en vez de estudiante, pero serán él y ella, los dos. Y la transformación de la residencia en avión ya veremos cómo enfocarla.

En la Residencia, si uno sabe hacerlo con discreción, pueden conseguirse los datos básicos de cualquier chica sin hacer partícipe de el sentimiento privado a nadie. Se consideran datos básicos: nombre, origen, número de habitación (¡habitación doble o individual–ESENCIAL!) y círculo de amigos.

Estando enamorado uno puede decir frases como “Al amor no se le pueden medir las tetas” nada más despertarse sin ser por ello marginado; se puede decir que se está enamorado sin conocer el nombre siquiera: sin saber cómo suena su voz. Se puede escribir aquí todo ésto sabiendo que no lo va a leer y que si lo lee se acabó el juego, pero deseando a la par que lo lea y sonría. Porque un orgasmo se puede comprar, pero la sensación de arrancar una sonrisa a esa chica que te llena el estómago de mariposas no tiene mercado dónde poder ser adquirida.

Y ya le saqué alguna que otra sonrisa. O eso creo.

Tengo los datos básicos. Ahora he de aproximarme a su círculo de amigas para establecer el nexo imprescindible. De momento todo marcha bien.

Seguiremos informando, desde el centro mismo de la noticia.




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