Archivos para la Categoría 'Cultura'

01
Dic
08

Izarren hautsa (Mikel Laboa)

Izarren hautsa egun batean bilakatu zen bizigai,
hauts hartatikan uste gabean noizpait giûaden gu ernai.
Eta horrela bizitzen gera sortuz ta sortuz gure aukera
atsedenik hartu gabe: lana egiûaz goaz aurrera
kate horretan denok batera gogorki loturik gaude.

Gizonak ba du inguru latz bat menperatzeko premia,
burruka hortan bizi da eta hori du bere egia.
Ekin ta ekin bilatzen ditu, saiatze hortan ezin gelditu,
jakintza eta argia; bide ilunak nekez aurkitu
lege berriak noizpait erditu, hortan jokatuz bizia.

Gizonen lana jakintza dugu: ezagutuz aldatzea,
naturarekin bat izan eta harremanentan sartzea.
Eta indarrak ongi errotuz, gure sustraiak lurrari lotuz,
bertatikan irautea: ezaren gudaz baietza sortuz,
ukazioa legetzat hartuz beti aurrera joatea.

Ez dadukanak ongi ahi daki euketzea zein den ona,
bere premiak bete nahirik beti bizi da gizona.
Gu ere zerbait ba gera eta gauden tokitik hemendik bertan
saia gaitezen ikusten: amets eroak bazterturikan,
sasi zikiûak behingoz erreta bide on bat aukeratzen.

Gu sortu ginen enbor beretik sortuko dira besteak,
burruka hortan iraungo duten zuhaitz-ardaska gazteak.
Beren aukeren jabe eraikiz ta erortzean berriro jaikiz
ibiltzen joanen direnak : gertakizunen indar ta argiz
gure ametsa arrazoi garbiz egiztatuko dutenak.

Eta ametsa bilakaturik egiaren antziduri
herri zahar batek bide berritik ekingo dio urduri;
guztian lana guztien esku jasoko dute sendo ta prestu,
beren bizitzen edargai; diru zakarrak bihotzik eztu,
lotuko dute gogor ta hestu haz ez dadin gizonen gain.

Goian bego.

30
Abr
08

Un poco de chocolate

Y si no tenemos plan, lo inventamos… Anoche, bonitos momentos y sonoras carcajadas, con las croquetas de Casa Julio y las idas de olla de los compañeros de Sexpeare en el teatro Alfil, respectivamente… Ahora por delante unos días de asueto y estudio.

¿Y al regresar? Madrid puede resultar abrumadoramente gris, insensible y rutinaria si uno no se marca pequeñas aventuras. Como a estas alturas de lo académico, uno se resigna a las grandes epopeyas, solo queda abandonarse a las pequeñas alegrías.

Y una de ellas, sospecho, va a ser encerrarme en una sala de cine para ver la opera prima del ondarrutarra Aitzol Aramaio, “Un poco de chocolate“. Basada en el libro de Unai Elorriaga “SPrako tranbia” (de lo mejor que se ha escrito en euskera en los últimos años, sin duda) y con la interpretación de pesos pesados de la pantalla como Hector Alterio, Julieta Serrano, Ramon Barea… el resultado solo puede un bombón cinematográfico. Cuenta, además, con las figuras emergentes Daniel Bruhl (Salvador) y la bellísima donostiarra Bárbara Goenaga.

Lucas y María son dos hermanos ancianos, Marcos un okupa frustrado y Roma una joven enfermera, pintora de vocación. Si alguien quiere disfrutar la historia ahora mismo, que corra a comprar SPrako tranbia (Desconozco el título de la traducción al castellano, creo recordar que lo tradujeron como “Un tranvía en SP”. Si sois capaces de esperar, pasado mañana se estrena en toda España. Muy recomendable. Yo trataré de embaucar a alguna princesa que ande perdida en la ciudad; si no lo consigo, iré solo. Os dejo un teaser.

28
Abr
08

When you dig my grave…

Y ahora, ¿qué?

23
Abr
08

Nosotros nacimos de la noche, en ella vivimos…

17
Mar
08

je pense a toi

Si no he escrito estos últimos días no ha sido por falta de ganas: los días entre semana los dediqué por entero a recuperar las horas perdidas en el trabajo de la Universidad (mucho tiempo de vacaciones…) y el viernes, nada más llegar a Euskadi, agarré un traje de baño, toalla y el uniforme. El carro me plantó en la base de salvamento marítimo en cuestión de minutos. Un bonito fin de semana de guardia, incluyendo la cobertura de una de las regatas más emblemáticas de todo el año, la Ingenieros-Deusto (algo así como la versión bilbaina de la Oxford-Cambridge).

Aprovechando que había quedado una bonita tarde (terminamos la mañana de regatas a eso de las tres de la tarde) y que estaba patroneando una increible moto de agua de rescate, salí al Abra exterior a practicar unos minutos con las olas que el mar nos regalaba, retazos de un temporal que amainaba. Y ahí, saboreando la espuma del Cantábrico, volando por segundos, notando el mar levantarse gallardo o retraerse precavido, dejandome acariciar por el sol de invierno que el agua refleja suave, recordé una canción que un amigo -conato de abogado- exiliado en Barcelona me descubrió hace ya demasiado tiempo.

Si la vida tuviese Banda Sonora (como Peter Griffin le pidió a un genio que había de concederle tres deseos) ésta sería la rola que mi vida tendría en estos momentos (y espero que las clases de frances te sirvieran…).

Certains t’ont promis la terre
D’autres promettent le ciel
Il y en a qui t’ont promis la lune
Et moi je n’ai rien que ma pauvre guitare

17
Feb
08

“Todo se derrumba y es tan facil…

… todos mis castillos son de arena, todo lo que sueño es tan fragil, todo lo que bebo es tu ausencia”

Se terminaron los examenes. A pesar de que en los últimos cinco días he tenido que enfrentarme a cuatro examenes, y que mi cuerpo pide a gritos un descanso que en cuanto termine estas palabras voy sin duda a concederle, lo cierto es que ahora mismo me siento algo huerfano y perdido. Siempre he sostenido que los exámenes, viviendo en un Colegio Mayor, son una época bonita. Porque se conviven más horas, porque se arriman más los hombros y llega un momento en que los aprobados y suspensos son compartidos, y uno espera las notas de los amigos con una ansiedad similar a la que espera la sentencia propia. Si un amigo regresa de la Universidad con cara de derrota y diciendo que ha hecho un examen pésimo, el fracaso es, hasta cierto punto, compartible y compartido por todos. Son ya casi legendarias las noches en vela sentados en las incómodas sillas del comedor, los descansos que -no exagero- superan en horas al tiempo dedicado al estudio. Son muchas horas de cafés, de charlas intrascendentes, o charlas profundas y sinceras. Son horas en las que un amigo, cuando le confiesas ese secreto que guardabas como tesoro único, te dice:

- Pues la verdad, yo tambien tengo que contarte algo…

Académicamente, el toro de los suspensos ha empitonado a la mayoría y los ánimos del grupo vuelan a ras del suelo, y sin embargo, llegando marzo, estamos mucho más unidos que antes de irnos a nuestras casas en Navidades. Quizás yo lo vea así porque finalmente conseguí evitar el arrebato academicida de muchos profesores incapaces de comprender el espíritu juvenil y creativo del que somos depositarios más allá de las puertas de la Facultad, pero lo cierto es que el balance no puede ser negativo, porque juntos hemos llorado sin lágrimas y hemos reido a mandíbula batiente, y somos, posiblemente, más nosotros y menos yo.

Hay quien dice que la amistad y el amor nos vuelven más débiles, y probablemente tenga razón, pero tambien nos hacen más felices, y si ese es el precio a pagar, un servidor está más que dispuesto a asumirlo.

Y todo esto lo digo aunque en realidad, estos examenes han sido lo más diferente posible a una típica época de examenes. Por diferentes motivos -en realidad, para qué engañarnos, por un único motivo con nombres y apellidos- he pasado bastantes menos horas entre estas paredes y cuando lo he hecho ha sido sin que la concentración se atreviera a invadir mi masa cerebral. Hay momentos de la vida en que unos minutos compartidos so pretexto de un café se convierten, paradójicamente, en una lucha contra el mismo tiempo, y aún siendo plenamente consciente de que la derrota es el único destino posible, seguimos jugando peligrosamente, hacia adelante. Al final, voy a terminar creyendome aquello de que lo importante no es la meta sino el camino. Y lo cierto es que el camino, diga lo que diga la razón, el sentido común, las convenciones sociales, y todos los pretextos que el entorno nos sirve en bandeja para excursanos, ha sido muy bonito. Y espero que siga siendolo, más bonito, cada día, con cada café, y cada bola de migas de pan que se estrelle contra terceras personas inocentes, y con cada minuto robado al día o a la noche.

Es curioso, porque de repente uno descubre, como suele comentar el colega Fito – que en Mugica vive cerca de las vías- que la alegría y la tristeza viajan en el mismo tren. Desmenuzaría aquí cada miedo y cada ilusión, pero en el punto de inflexión en el que me encuentro, uno de los cambios propuestos es no traspasar en este blog, sentimentalmente hablando, los límites de intangible. Antes, revisando las estadísticas, he visto por sorpresa que en pocos días, y tras año y medio de vida, la página está a punto de alcanzar 50.000 visitas. Y tantas visitas que entran sin llamar son demasiadas para desgranar cualquier cosa que, aparte de a un servidor, afecten a otra persona. Así que me llevo la incomprensión, el amor, la rabia, la esperanza y los buenos recuerdos como parte del equipaje para mi próximo viaje, no vaya a ser que algún desaprensivo me los robe antes de que regrese.

Porque me voy. Mañana a estas horas estaré en el aeropuerto, esperando para subirme a un avión que me llevará a Bucarest, esa ciudad que Ceaucescu destrozó y reconstruyó como si de su jardín particular se tratara. Rumanía, hogar y patria abandonada de muchos de nuestros vecinos. Nos vamos una docena larga -muy larga- de amig@s de clase, mochila al hombro y kilómetros de vía por delante. El plan de viaje es patearnos Rumanía, para de allí plantarnos en un salto en Budapest, y en otro salto, atravesando Hungría, llegar hasta Viena. Desde Viena mis compañeros se vuelven a casa, pero un servidor va a alargar unos pocos días el periplo para llegar hasta Berlin, donde se ha exiliado voluntariamente a través de ese invento burocrático denominado “beca Erasmus” un buen amigo, el que fuera mi compañero de aventuras y desventuras en los años anteriores que pasé en el Colegio Mayor: Felix Coloma, un rubio que tiene la boca casi tan grande como el corazón. Y esto lo digo en sentido metafórico, pero solo un poquito.

Hace tiempo escribí en estas páginas:

Yo seguiré defendiendo nuestro derecho a dormirnos al sol en cualquier playa a la que el mar pueda llevarnos, en cualquier lugar donde podamos seguir inventando historias de naufragos de arena sin más pasaporte que nuestros miedos e ilusiones.

Miedo, en esta vida, solo tengo a dos cosas, y una de ellas es la muerte -cuando ésta llegue, me temo, no tendré mucho tiempo para asustarme-. Ilusiones, sin embargo, tengo a toneladas, como para compartirlas a granel. Por lo que creo que, estas semanas que viene por delante, cruzaré muchas fronteras, y no todas ellas dibujadas en un mapa.

En un plano más material, he tenido que enfrentarme a la dificil realidad de configurar la mochila que será mi única y fiel compañera desde el primer hasta el último día. Es la misma mochila verde de Panama Jack que tengo desde el día que nos reunimos en Indautxu los vizcainos que ibamos a participar en Ruta Quetzal, hace ya cinco años. Aquel día el padre de Laura nos repartió unas mochilas que, al menos en mi caso, no debían ser muy conscientes del camino que les quedaba por hacer. Con el monigote de Panama Jack a la altura del culo y el escudo del Athletic cosido en la seta, este saco de 60 litros ha recorrido lugares tan diferentes como Escocia, República Dominicana, Bosnia, Brasil, Polonia, Alemania, Grecia, Perú, Italia, Irlanda, Puerto Rico… Y los que le quedan. Hace tiempo que, con la complicidad de mi madre, reforzamos las costuras con silicona y zurzimos los pequeños agujeros. Desde entonces, ese zurrón repleto de cremalleras, bolsillos y enganches se ha convertido en visitante privilegiado de algunos de los más increibles rincones del planeta. Ha descansado en el Hotel Balmoral de Edimburgo, en casas okupas, en playas caribeñas, en trenes de tercera y en autobuses que se parecían más a naves espaciales que a vehículos con ruedas. Esta mochila, en definitiva, ha seguido una vida paralela a la mía. Ha aceptado con la misma facilidad las cinco estrellas de un hotel y las infinitas estrellas de dormir al aire libre. Y sigue haciendolo.

Nuestra madre, seguramente, no era muy consciente de las implicaciones que tenía convertir la mochila en un saco irrompible cuando decidió ayudarme a hacerlo.

Y hoy vuelvo a rellenarla, en ese ritual mágico. La composición de la mochila será aproximadamente la que sigue:

- Equipo fotográfico: 55% de la mochila.

- Saco de dormir: 15%

- Útiles de higiene: 5 %

Con lo que queda un 25% de la mochila para ropa y otras cosas secundarias. Un colega de viajes me dijo en cierta ocasión que si llevas los calzoncillos limpios y los calcetines secos, entonces es que estás limpio, y todo lo demás da igual. Como ese amigo es un gran viajero, en Perú me salvó de varios líos y en la selva me demostró su sabiduria, qué otra opción tengo que hacerle caso. Como calzado, el que lleve puesto. Pantalones, lo mismo. Anoche me inquirían: ¿y si se te rompen los pantalones? Bueno, en ese caso, entro al primer supermercado y me compro otros. Así de facil. Camisetas las justitas y ropa de abrigo -que en Bucarest para mañana se preven máximas de 1º grado y mínimas de -4º) de montaña, que ocupa poco y calienta mucho.

He decidido prescindir, para este viaje, de utensilios secundarios como maquinilla de afeitar o reloj, con lo que viajaré previsiblemente más ligero.

Llevo, como equipaje obligado, un cuaderno y varios boligrafos -lleve los que lleve, nunca sobrevive más de un boligrafo, nunca- y un par de libros para cuando me quede solo y necesite compañía en las horas de tren. Los elegidos han sido Paz y Guerra, de Lev Tolstoi, y Rayuela, de Julio Cortazar.

Así que me despido, si es que no lo hice ya de alguna de las personas de quien debía hacerlo, con la siguiente recomendación. Es una lista de rolas imprescindibles (no me hago responsable de si alguna gran canción va acompañada de un pésimo video):

- Someday (The Strokes)
- Corazón oxidado (Fito&Fitipaldis) (es la versión en vivo del concierto de la Aste Nagusia 2004, INOLVIDABLE).
- Copa rota (Los Rodriguez)
- New Shoes (Paolo Nutini)
- My stupid mouth (John Mayer)
- Landing in London (3 doors down)
- He can only hold her (Amy Winehouse)
- Riot Van (Arctic Monkeys)
- Bigger than me (Rob Clydesdale)
- Urepel (Gatibu)
- Wish I (Jem)
- Wishful thinking ( The Ditty Bops)
- If I had eyes (Jack Johnson)
- Bueltatzen (Berri Txarrak)
- Plan A (The Dandy Warhols)
- Revolución (Amaral)
- Caminito del almendro (Los Delinquentes)
- Por mi tripa (Pereza)
- Fidelity (Regina Spektor)
- Somebody told me (The Killers)
- I wan to hold your hand (The Beatles)
- Surfin’ USA (Beach Boys)
- Blowin’ in the wind (Bob Dylan)
- Turnedo (Ivan Ferreiro)
- Tu carcel (Enanitos Verdes)
- Take me out (Franz Ferdinand)
- Honk Kong (Gorillaz)
- Contigo (Joaquin Sabina)
- The Sea (Morcheeba)
- Everybody knows (Ryan Adams)
- Concrete bed (Nada Surf)
- X- ray (The Maccabees)
Si escuchais un par de estas joyas cada día, para cuando termineis -y mucho antes- ya estaré de vuelta. Porque aunque ésta vaya a ser una experiencia única, y vayamos a descubrir buenos tesoros (en todas partes los hay), lo mejor se queda aquí.
Hasta pronto.
30
Ene
08

Poesía en el supermercado (AHORA)

Hay un poema, de un tal Antonio (de apellido, Machado) que consta únicamente de un verso.

Esta tarde, al salir de la piscina, camino de la Residencia, recordé que había olvidado comer. Así que entré en el supermercado, y cuando vivía una apasionante lucha interna para ver si me decantaba por el paquete de galletas de chocolate, el litro de horchata o un racimo de uvas (finalmente compré las uvas, más tres peras dulces y acuosas), me ha venido a la mente dicho poema.

Es de los Proverbios y Cantares (Nuevas Canciones). Es el octavo. Dice así:

Hoy es siempre todavía.

Legendario pensamiento. Lo he recordado porque un amigo al que le gusta mucho eso de tocar la guitarra y hacer vibrar el aire con poemas en forma de onda sonora, ha tenido a bien regalarme, a cambio de mi fugaz visita (tras mucho tiempo) una canción que se llama Ahora. Y que, en concierto, un día, fue presentada con estas palabras:

Crecer recordando aquel verso de Machado: Hoy es siempre todavía. Toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde, ahora.

Mi amigo, un genio a la altura del poeta de aquella generación del 98, con el que comparte incluso cierta similitud física -aunque no tiene la frente, de momento y solo de momento, tan despejada como el autor de Nuevas Canciones- no ha podido atinar mejor a la hora de cantarme una canción que se antoja ridículamente actual. No me resisto a copiar aquí la letra, porque quizás merezca la pena.

Ahora que la adolescencia es un septiembre lejano,
humo de cerveza en un portal, un verano inacabado.
Algunos años en la facultad de ciencias,
papeles escritos, ron de Cuba, hojas de hierba,
un tren dormido en una vía muerta,
la luz de la ventana azul que siempre estaba abierta.

Ahora que quedan tan lejos las playas de Corfú,
las estaciones de trenes de Praga, Hamburgo o Estambul,
los viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos,
la luz de una cafetería, los amores conversos.

Ahora que te cansas y las piscinas cierran,
y apura el último baño la luz de las estrellas.
Ahora que regreso a los lugares a donde quise huir
y nadie me espera allí.
Ahora que casi llego a fin de mes,
que amo a una mujer.

Que amo a una mujer.

Ahora que pago las facturas, que me besé en La Habana,
que sueño con Lacandona, que ya no escribo cartas,
que cumplimos más añós que promesas,
que se hunden nuestros corazones como la vieja Venecia,
que llego tarde a los cines y al fin del planeta,
que alquilo un pequeño piso en un castillo de arena.

Ahora que duelen las resacas y cortan como una navaja.
Ahora que nadie nos saluda por los bares de Malasaña,
que pido auxilio, besos y comida por teléfono,
que fumo flores y lloro a veces mientras duermo.
Ahora que tiemblo como un niño abandonado.
Ahora que viejos amigos nos han traicionado.

Ahora es el momento de volver a empezar, que empiece el carnaval,
la orgía en el Palacio de Invierno, de banderas y besos.
Se cayeron mis alas y yo no me rendí,
así que ven aquí,
brindemos que hoy es siempre todavía,
que nunca me gustaron las despedidas.

(Ismael Serrano)

Pues eso. Pasando de aventurarme en terrenos cenagosos, de escribirle a nadie su guión, de bucear en subconscientes vetados, de luchar contra dragones que vomitan fuego, en castillos perdidos de antemano…, me resisto, como dice la canción, a “ser libre… libre para venderme y caer muerto donde mi libertad prefiera”. Yo solo sé, y no es poco, que porque ayer no lo hicimos, porque mañana será tarde, ahora parece un buen momento.

28
Ene
08

Aquel rincón

Bueno, aquí estoy: el inevitable exilio se consumó, y esta habitación 213 vuelve a sentirse un poco huerfana. Ya nadie acaricia los cojines, ni dobla cuidadosamente la manta de colores que yo descuidadamente había tirado al sofá. Imposible, por más que busque y rebusque en los pocos rincones de este habitáculo, encontrar dos ojos que remolonean y se cierran, entregandose al sueño vago. No queda nada, más que hueco y silencio.

Flor en un balcón de MadridAsí que, después de unos ejercicios de microeconomía, y antes del paseito a la piscina, llegó el momento de contar una historia. ¿Alguien, siquiera aquella anciana a la que afortunadamente perdoné la vida, recuerda el librero de barba poblada, el rótulo abandonado, la librería misteriosa?

La semana pasada, volviendo una noche por aquellas calles de Getafe, paré a observarla. Dice el rótulo, madera reseca, mal sujeta por clavos que indudablemente sucumbirán mas pronto que tarde:

LIBRERÍA SILVERIO LANZA

Las estrechas ventanas de la librería miran a las tapias de lo que antes era el Cuartel de Artillería y hoy es nuestra universidad. Tengo entendido que en la parte más cercana a la librería, donde ahora se levanta la biblioteca y se ubican las pistas de tenis, era donde estaban las pocilgas. Todo eso da igual, porque hoy solo queda una entrada trasera a la universidad, una callejuela llena de coches mal aparcados y donde a duras penas pasan los autobuses verdes de la EMT.

En aquel rincón se constituyó un templo de la sabiduría, y ninguno de los alumnos que pasan a toda prisa camino de la copistería parece saberlo. He tratado de buscar algo más sobre aquel lugar, con las lógicas limitaciones impuestas por las exigencias académicas, y apenas un nombre, alguna referencia. El librero se llamaba (¿se llama?) Emilio García Gómez -como el arabista- y en aquel bajo de un edificio simple y vetusto dió alas a un movimiento cultural que, posiblemente, no tenga equiparables hoy en la zona, aunque varios miles de estudiantes nos enclaustremos diariamente a su vera.

Cuando pasen los examenes, cuando regrese de Rumanía, intentaré contactar con alguna de las personas que desde allí se sumergió en el revuelto y cálido mundo de la literatura. Intentaré conseguir la llave de aquel lugar, echar un vistazo.

De momento, me voy a la piscina. A ver si ahogo la morriña.

23
Ene
08

Confundido

Así va la vida, entre apuntes y mensajes, piscina y cafes,  correos y canciones, charlas y clases:

 

Optimista, porque esta tarde encontré un disco de Tracy Chapman (Crossroads, 1989) que daba por perdido. Pesimista, porque un tío cultivado como Caparso no la conocía.

Optimista, porque  acabo de llegar de la piscina y vuelvo a recuperarle el gusto al líquido elemento. Pesimista, porque mi corazón late al ritmo que le da la gana: acelera de 50 a 120 en segundos, pero luego no hay quien lo haga frenar. Como dijo el maestro (aunque con diferente sentido…) ¿Podrido de latir?

Optimista, porque empiezo a entender las asignaturas. Pesimista, porque no termino de entenderlas.

Optimista, porque me ofrecieron mentir y decidí no hacerlo. Pesimista, porque la honestidad sale cara.

Optimista, porque hay mucho camino por recorrer. Pesimista, porque sigue siendo un camino lleno de fronteras, pasaportes y visados.

Optimista, porque esta mañana, al despertarme, la luna llena estaba dando golpecitos al cristal de mi ventana. Pesimista, porque me hubiese gustado que una mujer pudiese ver aquello desde el mismo colchón, y ella estaba a kilómetros.

18
Ene
08

Una super-abuela: la mía.

Creo poder afirmar, sin demasiado miedo a equivocarme, que las tres personas que más han influido en mi vida, y en consecuencia en mi manera de ser, son mis padres y mi abuela.

Aita, por sus broncas y su complicidad. Aunque cuando se pone a chillar tenemos que sujetar las paredes de la casa para que no se venga abajo, esto es algo que soportamos con relativa calma, porque tanto ama como yo tenemos el mismo fallo de fábrica -Alvaro no, mi hermano tiene una capacidad casi japonesa de permanecer impasible ante todo-. Con mi padre comparto en gran parte la manera de ver el mundo, y por ello tenemos una complicidad que no requiere de muchas palabras o gestos.

Ama, por su parte, en esos largos paseos que dabamos por los caminos de Arazosas, entre pinos y robles, desde Bizkargi hasta Autzagane -pasando por el refugio abandonado y por el estanque de los peces rojos- me guió en las reflexiones que me llevarían a decidir estar hoy aquí, escribiendo en esta ciudad con apuntes de Econometría en la mesa. De ella he aprendido a escuchar a los sentimientos y saber darles la debida importancia. No me importa decir que extraño cada día aquellos paseos después de comer, escuchando solo pajarillos y a nuestra perra alborotando a los desprevenidos animales de algún caserio.

Luego está mi abuela, que es el motivo de que escriba hoy esta entrada: cumple 80 años. No se imagine ningún lector la imagen de una señora mayor que a duras penas lleva en una mano la bolsita de recados del mercado mientras con la otra sujeta el bastón. No, mi abuela desafía todas las leyes de la cronología física. No tiene reparo alguno en marcharse de ruta por los glaciares argentinos, y si se lo plantean, recorrerse Egipto hasta llegar a una escuela en un pueblito nubio en Sudán. Me hubiese encantado acompañar esta entrada de una fotografía tomada en aquel último viaje, para que se entendiese a lo que me refiero cuando digo que lo de su edad debe ser alguna broma pesada de un funcionario del Registro. Es una señora de mente y espíritu libres: conservadora y antimonarquica, creyente y anticlerical, una victoria de la razón sobre la ideología. Solo le pide a la vida salud para que sus piernas le sigan llevando allá donde la curiosidad le pida, y afortunadamente, ésta le es concedida de buena gana.

De mi abuela lo he aprendido casi todo. Ella quiso estudiar Medicina, pero no le dejaron porque en su época solo podía estudiarse en Madrid: como era mujer, su padre no quería que se fuese sola a la ciudad. Así que se conformó con Enfermería en Bilbao, donde se diplomó. Nunca llegó a ejercer. Con el tiempo tuvo clara su vocación, y estando más cerca de los cincuenta años que de los 30, volvió a las aulas para licenciarse en Historia. Cuando escucha noticias sobre la situación de las aulas en la actualidad, no llega a comprenderlo del todo. ¿Por qué os cuento esto? Porque es un ejercicio, para tratar de comprender lo que ella me ha dado a cambio de nada. Desde que siendo un crío que apenas levantaba un metro del suelo, nos contaba a mi prima y a mí, paseando por las playas del sur, cómo se suicidaron Cleopatra y Marco Antonio, las epopeyas de Napoleón y su ocaso en Santa Helena. La Historia era para ella un drama ameno, el mundo su escenario, y así nos lo transmitió. Ella me enseñó quienes fueron Van Gogh, Hitler, Assurbanipal, Atila, Gaughin, Chillida, Baroja, Abraham Lincoln, Isabel la Católica. De ella aprendí, y siempre como si la vida fuese un bonito cuento digno de ser contado con todo el entusiasmo, lo mejor y lo peor de la Humanidad a través de su memoria, eso que llamamos Historia. Nunca, nunca olvidaré el día que entramos de la mano en Les Invalides y, cómo anticipandome lo que estaba a punto de ver, me confió al oído:

- Napoleón era un chiquitajo, pero su tumba es como una onza de chocolate gigante, ya verás…

Y me apretó la mano fuerte la mano, como diciendome: estás aquí, aprovechalo.

Cuando le digo a la gente que me voy a Rumanía, y si me dejase la burocracia mundial que conspira contra mi derecho al libre desplazamiento, hasta Moscú, mientras otros claman por mi locura y piden que el destino se apiade de mi integridad física, a ella se le abren los ojos como platos y se le ilumina la mirada.

- Moscú…

Ella ha sido mi defensora en todos y cada uno de los proyectos que he emprendido, desde que a los 16 años casi me escapé a Perú con una pequeña mochila y gran ilusión (que no viene de iluso, aunque tambien sería aplicable al caso) hasta que decidí saltar a Madrid en busca de algo, sin saber exactamente qué. Ella ha sido el principal acicate para mi curiosidad, ese virus que desde la más tierna infancia me inoculó y ha ayudado a mantener. Todo lo mejor que no he abandonado de mi infancia es, en gran parte, debido a su actitud positiva y decidida ante los retos y los proyectos.

Ha sido y es mentora, asesora, mecenas, crítica, guía, refugio, impulso, confidente. Cómplice desde que empecé a hablar, leer y escuchar (creo que ocurrió en ese orden).

Por ello, y por el día a día, gracias infinitas. Y felicidades.

En la foto, nuestra madre y nuestra abuela, en la playa de Laga. La foto es de este otoño.




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