Archivos para la Categoría 'FAM'

25
May
08

Capitulación

Vista de la banda de estribor de la Sea Doo GTi 2008Acabo de volver de Euskadi, donde he pasado un par de días preparando la temporada de playas que está a la vuelta de la esquina (empezamos el día 7 de junio). El jefe me enseño el nuevo “”juguete” con en el que voy a contar en mi zona, una moto de agua de rescate que llevo dos años pidiendo insistentemente (tengo la sospecha de que me la han concedido por no seguir aguantándome…). Una Bombardier Sea Doo de 130cv y motor de cuatro tiempos con una camilla hawaiana acoplada, perfecta para manejarnos en rompientes y zonas de dificil acceso donde con la zodiac no podíamos operar en cuanto levantaba algo de mar. Lo de juguete lo he entrecomillado, porque es la herramienta de trabajo más util con la que podemos contar en las playas peligrosas, y sé que con ella este año daremos un salto de gigante en el servicio de socorrismo en las playas que tengo el placer de coordinar, Laida y Laga.

Vino a Arriluze Xabi, de la base de salvamento marítimo de Donosti (Cruz Roja del Mar) y nos dió a Asier y a mí unas lecciones magistrales sobre las técnicas de salvamento con moto de agua. Dos días intensos en los que llegamos a recoger a socorrista y victima en ¡8 segundos!. Hay mucho trabajo por delante, muchas horas de entrenamiento, pero se ha abierto ante mí un nuevo mundo en lo que se refiere al salvamento acuático.

Ahora toca estudiar (y esto no es un pretexto para continuar el apagón bloguero, pero tambien). Un capítulo de El Principito narraba cómo éste se encontraba con un borracho que decía beber para olvidar, olvidar que bebía. Yo no necesito beber, pero sí olvidar. Asi que estudiaré para olvidar. Para olvidar que hay una persona a la que tengo que olvidar, por salud emocional. Es curioso cómo convertirmos un juego inocente en ficción creible, la ficción creible en realidad peligrosa, y así, jugando con fuego, empezamos a quemarnos. Nos quemamos y nos importa poco, por el placer de ver el fuego tan de cerca, pero llega un momento en que las heridas son ya tan serias que dejarán inevitablemente herida, por mucho que nos retiremos.

Así que me centro, en los estudios y en el trabajo, esos estudios que me han aburrido y dado satisfacciones intelectuales a partes iguales, ese trabajo que es lo más intenso de mi vida y que a su vez me ha llevado a vivir los disgustos más amargos.

Atardecer en Leganés

Y digo me centro por no decir que me rindo, aunque el olvido premeditado solo puede ser una forma educada de rendirse, guardando las apariencias, pero rendirse, al fin y al cabo. Es muy dificil dar un paso cuando en el fondo sabes que te estás equivocando, que buscas un equilibro que es imposible y por eso caes. Pero, ¿qué hacer? Cada día estoy más convencido de que la vida es solo una huida hacia adelante, a veces corres más, otras menos, pero siempre escapas. Y un servidor, ahora mismo, si se va, es por escapar, para qué engañarnos. Me rindo.

23
Abr
08

Aprovechando el descuido

Ahora que se acaba de marchar, que el café despierta los sentidos y con la prisa oportuna por si decidiera regresar, declaro:

El silencio no es ni mejor ni peor que el ruido, ni tan siquiera resulta más facil. La inercia tiende a empujarnos hacia torrentes de palabras, conversaciones vacías, excusas no pretendidas y pretextos que más tarde, revisados en la distancia, resultan inevitablemente ridículos. Si me he callado, si sigo callado, si no vuelvo a hablar, es porque he llegado a la conclusión -triste quizás, abrumadora sin duda- de que no tengo nada que decir.

Estos últimos meses han sido meses extraños. Hubo un día fatal, indeterminado, a lo largo del otoño en que se cruzó esa piedra que nos hace humanos: la piedra sobre la que uno tropieza una y otra vez.

La vida desde que abandoné el norte hace ya unos cuantos años, viniendo a Madrid en busca de no-sé-qué, parece estar siendo un viaje contínuo. De la capital a la costa, de la costa a la capital, sin una meta concreta y dejandome llevar por los caprichos de un calendario que no se ajusta, desde luego, al calendario que mi cuerpo lleva de serie. Uno se plantea los años de estudio como algo temporal. El después queda muy lejos. Al fin y al cabo, siempre queda el hogar, se dice. Pero pasan los años, las asignatura van siendo incorporadas -con mayor o menor gloria- al expediente académico, y entonces viene el “y ahora qué”.

Pues resulta que estaba yo empezando a intuir esos conflictos existenciales, cuando me pilló el final de verano. Dije hasta luego al trabajo, la familia, los amigos. Dije hasta luego a la sonrisa, la complicidad femenina y la paciencia de quien supo aguantarme amaneciendo, trabajando y anocheciendo, quien exprimió al verano los mejores momentos y me los regaló, sin pedir nada a cambio. Unos días disfrutando de las noches veraniegas de principios de octubre de Madrid, un abrazo en el intercambiador de Avenida América y hasta luego. Siempre digo hasta luego, que solo es una manera educada de decir adiós.

Entre cervezas, patatas bravas, noches de jolgorio, resacas académicas y alguna que otra pequeña locura, el curso avanzó. Los amigos, cada vez más amigos. La educación, cada vez menos educativa. El amor, cada vez menos amable.

Hasta un encuentro mañanero en un pasillo, hasta una asignatura elegida en mal momento. Ahí de repente todo se va al garete. La estabilidad del no pensar más a largo plazo que este fin de semana, de las confidencias poco rigurosas con los amigotes. Y es que, así sin pretenderlo ni desearlo, me enamoré. Entiendase, mi estado natural es el enamoramiento. Diariamente confieso mi devoción por alguna musa. No tengo miedo a enamorarme ni lo evito, más bien lo busco. El problema es que, jugando a enamorarme, terminé enamorandome a diario.

Y enamorarse todos los días es algo precioso, pero yo me enamoré -sospecho que sigo haciendolo- mañana tras mañana de la misma mujer.

Así que un buen -mal día- digo “vamos a hacer balance” y miro hacia atrás. Ves que la costa ya quedó lejos y que el mar en el que temerariamente te has adentrado no es navegable. Hay tormenta, corrientes confusas, calmas ecuatoriales, vientos alíseos, olas, pero ya no se puede volver hacia atrás. He soltado amarras, para bien o para mal. Y me entra el miedo, pero ¿qué hacer?

Así que en esas andamos, navegando sin rumbo. Ya he abandonado el sueño de alcanzar la otra orilla, pero quien sabe, lo mismo en medio de la tormenta aparece alguna islilla y permite clemencia por un tiempo, hasta hacer acopio de víveres y poder seguir huyendo, siempre huyendo, siempre hacia adelante, cada vez más lejos, cada vez más perdido, cada vez más solo, más hueco, más confuso, más, más, más, más… hasta que al final ya no queda nada, porque la inercia te lleva a olvidar que estas luchando, y por descuido, te rindes.

Y entonces, cuando el tiempo haya terminado de ganarnos esta batalla que le estamos permitiendo conquistar a pesar de poder pararla facilmente, (¿por qué coño le estamos regalando minutos preciosos, voluntades ocultas?) seremos solo una ilusión pasada, un recuerdo vago y dulce, una melancolía que se cura con lágrimas o chocolate o mar, seremos solo el sueño de una noche de verano.

Y si me estoy equivocando y siempre fue un sueño, entonces, permiteme decirte: yo no quiero despertar.

03
Feb
08

Días de invierno

Hoy todo está gris y mojado. Mientras tomabamos el café en los sofás del comedor, les he dicho a Apolo y Marquitos:

- Ey, hay una canción que dice…

Gravity is working against me
and gravity wants to bring me down…
Oh I’ll never know what makes this man
With all the love that his heart can stand
Dream of ways to throw it all away

Como no querían seguir escuchando, me he fijado en el jardín, a través de la cristalera. Se veían gotitas de agua resistiendose a caer cristal abajo, charcos en el cesped, ahora mismo veo dos viandantes parapetados bajo sus paraguas negros.

Y me recuerda un poquito a los días de invierno en Euskadi, cuando aita traía bollos de Ayarza y nos tapabamos con las mantas para no hacer nada en toda la tarde… O cuando ama, armandose de todo valor, nos llevaba a mi hermano y a mí (por aquel entonces, imberbes sin carnet de conducir) a Laga para que pillasemos unas olas, y terminaba la mañana con un chocolate con tostadas en el bar de Merche… Aquellos días que tenían como espectador omnipresente a la lluvia, sin que nos importase demasiado.

Hoy llueve en Leganés, y aunque no vea descampados, ovejas y bosque desde la ventana, me siento un poco más cerca de casa, del norte, de esa muralla de bosque y roca que choca contra el mar. No son unas fronteras: son unos colores, unos recuerdos, unas sensaciones. Puedo ir a Ortigueira, a Llanes, y quedarme allí para siempre, porque los días de invierno -y de verano- serían los mismos. Pero, ¿Leganés? ¿Madrid? Serán siempre lugares de paso…

Ayer, de cualquier modo, el día fue más claro. Al anochecer, desde esta ventana se veía, sin artificio posible, el siguiente espectaculo:

Y es que tal y como dice mi colega Bill, “There’s Treasure everywhere“. Solo hay que mirar bien-

30
Ene
08

Poesía en el supermercado (AHORA)

Hay un poema, de un tal Antonio (de apellido, Machado) que consta únicamente de un verso.

Esta tarde, al salir de la piscina, camino de la Residencia, recordé que había olvidado comer. Así que entré en el supermercado, y cuando vivía una apasionante lucha interna para ver si me decantaba por el paquete de galletas de chocolate, el litro de horchata o un racimo de uvas (finalmente compré las uvas, más tres peras dulces y acuosas), me ha venido a la mente dicho poema.

Es de los Proverbios y Cantares (Nuevas Canciones). Es el octavo. Dice así:

Hoy es siempre todavía.

Legendario pensamiento. Lo he recordado porque un amigo al que le gusta mucho eso de tocar la guitarra y hacer vibrar el aire con poemas en forma de onda sonora, ha tenido a bien regalarme, a cambio de mi fugaz visita (tras mucho tiempo) una canción que se llama Ahora. Y que, en concierto, un día, fue presentada con estas palabras:

Crecer recordando aquel verso de Machado: Hoy es siempre todavía. Toda la vida es ahora. Y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos, porque mañana es tarde, ahora.

Mi amigo, un genio a la altura del poeta de aquella generación del 98, con el que comparte incluso cierta similitud física -aunque no tiene la frente, de momento y solo de momento, tan despejada como el autor de Nuevas Canciones- no ha podido atinar mejor a la hora de cantarme una canción que se antoja ridículamente actual. No me resisto a copiar aquí la letra, porque quizás merezca la pena.

Ahora que la adolescencia es un septiembre lejano,
humo de cerveza en un portal, un verano inacabado.
Algunos años en la facultad de ciencias,
papeles escritos, ron de Cuba, hojas de hierba,
un tren dormido en una vía muerta,
la luz de la ventana azul que siempre estaba abierta.

Ahora que quedan tan lejos las playas de Corfú,
las estaciones de trenes de Praga, Hamburgo o Estambul,
los viajes que trajeron a otros vistiendo nuestros cuerpos,
la luz de una cafetería, los amores conversos.

Ahora que te cansas y las piscinas cierran,
y apura el último baño la luz de las estrellas.
Ahora que regreso a los lugares a donde quise huir
y nadie me espera allí.
Ahora que casi llego a fin de mes,
que amo a una mujer.

Que amo a una mujer.

Ahora que pago las facturas, que me besé en La Habana,
que sueño con Lacandona, que ya no escribo cartas,
que cumplimos más añós que promesas,
que se hunden nuestros corazones como la vieja Venecia,
que llego tarde a los cines y al fin del planeta,
que alquilo un pequeño piso en un castillo de arena.

Ahora que duelen las resacas y cortan como una navaja.
Ahora que nadie nos saluda por los bares de Malasaña,
que pido auxilio, besos y comida por teléfono,
que fumo flores y lloro a veces mientras duermo.
Ahora que tiemblo como un niño abandonado.
Ahora que viejos amigos nos han traicionado.

Ahora es el momento de volver a empezar, que empiece el carnaval,
la orgía en el Palacio de Invierno, de banderas y besos.
Se cayeron mis alas y yo no me rendí,
así que ven aquí,
brindemos que hoy es siempre todavía,
que nunca me gustaron las despedidas.

(Ismael Serrano)

Pues eso. Pasando de aventurarme en terrenos cenagosos, de escribirle a nadie su guión, de bucear en subconscientes vetados, de luchar contra dragones que vomitan fuego, en castillos perdidos de antemano…, me resisto, como dice la canción, a “ser libre… libre para venderme y caer muerto donde mi libertad prefiera”. Yo solo sé, y no es poco, que porque ayer no lo hicimos, porque mañana será tarde, ahora parece un buen momento.

28
Ene
08

Aquel rincón

Bueno, aquí estoy: el inevitable exilio se consumó, y esta habitación 213 vuelve a sentirse un poco huerfana. Ya nadie acaricia los cojines, ni dobla cuidadosamente la manta de colores que yo descuidadamente había tirado al sofá. Imposible, por más que busque y rebusque en los pocos rincones de este habitáculo, encontrar dos ojos que remolonean y se cierran, entregandose al sueño vago. No queda nada, más que hueco y silencio.

Flor en un balcón de MadridAsí que, después de unos ejercicios de microeconomía, y antes del paseito a la piscina, llegó el momento de contar una historia. ¿Alguien, siquiera aquella anciana a la que afortunadamente perdoné la vida, recuerda el librero de barba poblada, el rótulo abandonado, la librería misteriosa?

La semana pasada, volviendo una noche por aquellas calles de Getafe, paré a observarla. Dice el rótulo, madera reseca, mal sujeta por clavos que indudablemente sucumbirán mas pronto que tarde:

LIBRERÍA SILVERIO LANZA

Las estrechas ventanas de la librería miran a las tapias de lo que antes era el Cuartel de Artillería y hoy es nuestra universidad. Tengo entendido que en la parte más cercana a la librería, donde ahora se levanta la biblioteca y se ubican las pistas de tenis, era donde estaban las pocilgas. Todo eso da igual, porque hoy solo queda una entrada trasera a la universidad, una callejuela llena de coches mal aparcados y donde a duras penas pasan los autobuses verdes de la EMT.

En aquel rincón se constituyó un templo de la sabiduría, y ninguno de los alumnos que pasan a toda prisa camino de la copistería parece saberlo. He tratado de buscar algo más sobre aquel lugar, con las lógicas limitaciones impuestas por las exigencias académicas, y apenas un nombre, alguna referencia. El librero se llamaba (¿se llama?) Emilio García Gómez -como el arabista- y en aquel bajo de un edificio simple y vetusto dió alas a un movimiento cultural que, posiblemente, no tenga equiparables hoy en la zona, aunque varios miles de estudiantes nos enclaustremos diariamente a su vera.

Cuando pasen los examenes, cuando regrese de Rumanía, intentaré contactar con alguna de las personas que desde allí se sumergió en el revuelto y cálido mundo de la literatura. Intentaré conseguir la llave de aquel lugar, echar un vistazo.

De momento, me voy a la piscina. A ver si ahogo la morriña.

25
Ene
08

Política de sobremesa

Hace tres horas era un ignorante; ahora, pasada la una de la madrugada, me atrevo a encender el ordenador porque sé que soy un hombre más sabio.

Sé lo que es un intervalo de confianza, un contraste de hipótesis. Y ello me da otra visión del mundo, con matices más sublimes, más completa.

Como las horas y horas de discusión de sobremesa que comenzaron a despuntar anoche y que hoy, entre ensalada -tomate, queso fresco y albahaca- y entrecott, han confirmado que nos encontramos en exames. No sé por qué, pero las discusiones más entretenidas y apasionadas nacen en estas fechas. Todo ha empezado con una tranquila charla con Diego, compañero del Despacho de Cultura, reprochandole que quiera traernos a la Residencia a ciertos personajillos oscuros del panorama política nacional. Hemos terminado con quince personas atendiendo a una lucha de titanes (Diego, Tomás, Vellisca y un servidor, con Miki como invitado estrella) sobre la universidad y el equipo rectoral, entre otras muchas muchísimas cosas. Si no hemos discutido sobre el color del cielo no ha sido porque nos resultase obvia la solución; con algo más de tiempo, hubiesemos llegado a pelearnos por lo azul del mismo (personalmente opino que, si alguien en Madrid se atreve a calificar el cielo de azul, es porue no conoce el mar cantábrico el día después de una tormenta de verano).

Hablar, rebatir, gritar, y de vez en cuando, lanzar algún trozo de pan. (Escuchar alguna burrada tambien, pero esas las ahorro, no son necesarias profanaciones de tal índole en este templo).

Me encanta la época de examenes. Y a efectos prácticos, ha comenzado hoy.

P.D.: Feliz, a pesar de que nadie sabía quien fue Kropotkin…

23
Ene
08

Confundido

Así va la vida, entre apuntes y mensajes, piscina y cafes,  correos y canciones, charlas y clases:

 

Optimista, porque esta tarde encontré un disco de Tracy Chapman (Crossroads, 1989) que daba por perdido. Pesimista, porque un tío cultivado como Caparso no la conocía.

Optimista, porque  acabo de llegar de la piscina y vuelvo a recuperarle el gusto al líquido elemento. Pesimista, porque mi corazón late al ritmo que le da la gana: acelera de 50 a 120 en segundos, pero luego no hay quien lo haga frenar. Como dijo el maestro (aunque con diferente sentido…) ¿Podrido de latir?

Optimista, porque empiezo a entender las asignaturas. Pesimista, porque no termino de entenderlas.

Optimista, porque me ofrecieron mentir y decidí no hacerlo. Pesimista, porque la honestidad sale cara.

Optimista, porque hay mucho camino por recorrer. Pesimista, porque sigue siendo un camino lleno de fronteras, pasaportes y visados.

Optimista, porque esta mañana, al despertarme, la luna llena estaba dando golpecitos al cristal de mi ventana. Pesimista, porque me hubiese gustado que una mujer pudiese ver aquello desde el mismo colchón, y ella estaba a kilómetros.

22
Ene
08

Soy solo un niño ¿Y bien?

Bonito día el de ayer. Por la mañana, muy pronto, imaginando al librero de barba poblada, sonrisa sincera y catálogo interminable que alguna vez hubo de ocupar aquel local de Getafe donde hoy solo queda un rótulo de madera abandonado al tiempo, una bella dama me acusó -saltándose toda presunción de inocencia- de tener demasiada imaginación. En aquel momento le perdóne la vida porque, en el fondo, aquello era un halago y sobre todo porque sospecho que mi vida mañana supondría más rutina (¡más todavía!) y tendría menos color si ella no estuviera. Además la pobre está ya un poco mayor, y estas cosas, a la gente anciana, hay que perdonarselas.

Luego, a última hora de la tarde, en la cafetería de la Facultad, Clara me advirtió que no soy el único que convive con un pingüino y se atreve a relatarlo. Yo no sabía nada de que alguien hubiese escrito ya su historia con el pingüino, pero me entristeció profundamente saber que incluso cuando creemos estar creando, solo rebuscamos en lo pasado.

A la noche me empaché con galletas napolitanas, nuevamente, y estudié planteamientos raros que llaman problemas (del consumidor, de la empresa, etc.) pero que no son más que una sucesión cuasi-infinita de obviedades formalizadas matemáticamente a las que los economistas se empeñan en denominar “materia de estudio”.

Y todo esto, ¿a qué viene? Bueno, son los argumentos que expongo en mi legítima acusación. Porque si soñar con librerías antiguas en un dulce momento mañanero, convivir con pingüinos fanfarrones y comer cantidades ingentes de galletas supone ser un niño, entonces me declaro culpable, con todas sus consecuencias.

16
Ene
08

Una sobremesa peliaguda

En la Residencia, el lunes tuvimos la oportunidad de escuchar a María Escudero, diputada socialista por Granada. Es psicóloga especialista en intervención social y tiene una larga trayectoria en lo que respecta a la lucha contra la violencia doméstica, como directora provincial del Instituto Andaluz de la Mujer. No he tenido tiempo para documentarme detalladamente de los logros de su gestión, pero he de decir que es una persona decidida y con una vitalidad envidiable.

Después de la charla, unos cuantos pudimos cenar con ella. Siempre he pensado que en un ambiente distendido, las ideas fluyen mejor si van animadas por algo de comida y un poco de vino. Anoche, la experiencia volvió a demostrarlo.

Una mujer mira al horizonte en la playa de Laga

Tratamos muy diversos temas, desde la prostitución a la violencia de género, pasando por las polémicas cuotas en las listas electorales, consejos de administración, etc. Prevaleció, a lo largo de toda la charla, la peligrosa sensación de que problemas tan diversos se trataban como uno solo. Cierto es que tienen el mismo origen histórico -la discriminación hacia la mujer, la sociedad patriarcal- pero han vivido un desarrollo y evolución diferentes, y como tal deben ser analizados de forma diferente. En la pobreza de los países subdesarrollados hay un cúmulo de circunstancias históricas, pero cada lugar ha evolucionado de un modo diferente, y si se quiere atenuar la pobreza no puede uno quedarse en el análisis de los grandes motivos: tiene que avanzar -evidentemente sin olvidar el origen- hacia las consecuencias concretas y ver cómo solucionarlas. Así, a nadie se le ocurre culpar de las recesiones que ha vivido Bolivia al expolio de plata, minerales y capital humano que sufrió en la invasión española, aunque el origen de muchas de sus desgracias puede que esté ahí. Analizamos las balanzas comerciales, la inflación, la estructura productiva. Ello no quiere decir que olvidemos la historia, pero esa no podemos cambiarla. Lo mismo ocurre con los problemas que afectan a la mujer. Si se tratan como uno solo -y por tanto al mismo nivel- casos de discriminación laboral y otros de maltrato y asesinato, dificilmente podrán solucionarse.

Dicen que para erradicar los problemas hay que arrancarlos de raiz, pero cuando hablamos sobre la discriminación de la mujer, se trata de un árbol tan grande que, si no se le cortan primero las ramas una por una, no hay nadie capaz de arrancarlo desde dicha raiz.

Evidentemente, en el maltrato, la prostitución, la discriminación social, está implícito el desprecio que históricamente han sufrido las féminas. Pero si creemos que por ello hay que tratarlo como un único problema, hablamos de extirpar un lastre social, y ello conlleva varias generaciones. El problema es demasiado grave como para esperar varias generaciones de brazos cruzados, con tímidas lecciones de moralidad en las escuelas y campañas de concienciación estériles.

Me hace gracia la inamovible solución de nuestra clase política a los problemas más diversos: ponencias, y después, más leyes. Una ley de violencia de género, está genial, pero… ¿no sería mejor que tambien -y sobre todo-, el Estado se preocupase de hacer cumplir las leyes ya vigentes, en las que se contemplan como delito la agresión, el secuestro, el acoso, la violación, y en definitiva, todas las manifestaciones de la violencia doméstica? A veces me da la impresión – ojalá me equivoque- de que el Estado se demuestra incompetente a la hora de aplicar las leyes que rigen nuestra sociedad, incapaz de mantener un orden básico, y dado que tal incapacidad alcanza dimensiones vergonzosas -no olvidemos que el Estado es una maquina muy grande, que nos cuesta mucho dinero, y que tiene unos deberes que cumplir- tratan de solucionarlo con parches muy coloridos, llamativos, pero poco eficaces. Lo que la policía no puede o sabe solucionar, se arregla con una votación en el Parlamento y anuncios en televisión-

Bueno, pues resulta que uno trata de plantear esto, otorgando al problema la misma gravedad solo que planteando soluciones alternativas -ante el evidente fracaso de las iniciativas hasta ahora llevadas a cabo, con 70 victimas mortales en España en 2007 frente a las 68 del 2006 o las 62 del 2005- y le llaman machista. Le dicen que, inconscientemente, es machista porque se ha criado en una sociedad machista. Que todos los somos; “incluso yo” – apostilla alguna amiga- “porque la sociedad así me ha hecho”-. Me molesta esto especialmente, porque, partiendo de la base de que identificamos el mismo problema y con las mismas dimensiones, si uno es criticado por buscar otras vías, significa que quien critica se cree en posesión de la verdad universal, una especie de iluminación, y esto, a parte de ser ciertamente improbable, resulta cuanto menos bastante vanidoso.

Tambien me acusa una amiga de teorizar mucho; me dice que ella cuando piensa en violencia de género se acuerda de una familiar suya y de la posibilidad de que el hombre que duerme con ella y es padre de sus hijos la mate cualquier día. Me llamarán cínico, pero sintiendolo mucho, creo que la única manera de estructurar soluciones es manteniendo la cabeza fría. Yo vengo de un lugar donde hay familias divididas por un voto, donde han muerto personas por defender unas ideas. Si en vez de plantearme el problema fríamente, viendo su origen y buscandole soluciones, me dejase llevar por el recuerdo de quien para pasear a su perrita tiene que llamar al escolta, del nudo en el estómago de la humillación que supone agacharse para comprobar que los bajos del coche estén limpios, entonces, probablemente, hace tiempo que hubiese comenzado una guerra civil (aunque he de decir que yo no hubiese luchado, porque ninguna de las causas me es propia). Si dejamos que los impulsos se sobrepongan a la razón, hemos perdido la batalla.

Escultura de dos niños leyendo (Recoletos)En la cena del lunes, tuve inquietante sensación de que tod@s l@s que participaban en aquella discusión -excepto la propia Escudero y alguna compañera – repetían una cantinela sobre la que no habían reflexionado en profundidad. Saben, su intuición -o la experiencia- les dice que estamos ante un problema inmenso y repulsivo, pero no se han planteado las soluciones más allá de jalear y aplaudir a aquellos políticos que se han autonombrado defensores únicos de las víctimas. No fue dificil escuchar, en boca de universitari@s, frases como “pues no, porque eso está muy mal, porque es así” y respecto a medidas polémicas como las cuotas en las listas electorales “pues porque tiene que ser así, y ya está”.

Por favor. Un poco de rigor. Estamos de acuerdo en el problema -si no lo estuvieramos, entonces sí que sería grave-. Ahora solo falta que nos pongamos de acuerdo en la solución. Pero para eso hace falta escucharse, discutir, reflexionar. No hay tiempo, evidentemente, para debates eternos. Pero tampoco para soluciones que, más que soluciones, son cuentos.

P.D: Sobre las cuotas, la prostitución… Hablamos otro día.

15
Ene
08

Fechorías compartidas

Hoy no tengo mucho tiempo; estoy redactando una larga entrada sobre la cena que compartimos anoche con lal diputada Escudero. Fue una velada amena, pero tambien polémica. Como no está terminada y las prisas no son buenas (aunque no esté totalmente de acuerdo con esta afirmación) lo dejamos para mañana.

PROLEGÓMENOS:

Día aburrido, estudio sin sobresaltos. Lluvia intermitente. Comedor vacío, una araña que agonizaba en el suelo, patas arriba, mientras desayunabamos por segunda vez. Me acerco y resultaba ser una cucaracha, desesperada, fea.

Al mediodía, empacho de galletas napolitanas. Vuelve a chispear. Gema, compañera del Despacho de Cultura, me regaña por dudar -en un mail- de la capacidad intelectual de la clase política actual.

Por otro lado, en plena negociación decidimos que, como eramos buenas personas y nunca habíamos tomado rehenes, finalmente intercambiariamos fotografías. Así se hizo en un punto indeterminado del cinturón sur de Madrid. Sin cámaras ni taquigrafos.

LA HISTORIA:

EPÍLOGO:

Toda la culpa -y por ello no cabe eximirle de responsabilidad alguna- de este descubrimiento lírico es del no-amigo CaparZo, cómplice de algunas fechorías y salvaguarda de obsesiones ridículas. Así que los créditos “morales” del post son suyos. Los inmorales tambien, pero un poco menos.

Arrivederci.




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