Archivos para la Categoría 'Mar'

17
Mar
08

je pense a toi

Si no he escrito estos últimos días no ha sido por falta de ganas: los días entre semana los dediqué por entero a recuperar las horas perdidas en el trabajo de la Universidad (mucho tiempo de vacaciones…) y el viernes, nada más llegar a Euskadi, agarré un traje de baño, toalla y el uniforme. El carro me plantó en la base de salvamento marítimo en cuestión de minutos. Un bonito fin de semana de guardia, incluyendo la cobertura de una de las regatas más emblemáticas de todo el año, la Ingenieros-Deusto (algo así como la versión bilbaina de la Oxford-Cambridge).

Aprovechando que había quedado una bonita tarde (terminamos la mañana de regatas a eso de las tres de la tarde) y que estaba patroneando una increible moto de agua de rescate, salí al Abra exterior a practicar unos minutos con las olas que el mar nos regalaba, retazos de un temporal que amainaba. Y ahí, saboreando la espuma del Cantábrico, volando por segundos, notando el mar levantarse gallardo o retraerse precavido, dejandome acariciar por el sol de invierno que el agua refleja suave, recordé una canción que un amigo -conato de abogado- exiliado en Barcelona me descubrió hace ya demasiado tiempo.

Si la vida tuviese Banda Sonora (como Peter Griffin le pidió a un genio que había de concederle tres deseos) ésta sería la rola que mi vida tendría en estos momentos (y espero que las clases de frances te sirvieran…).

Certains t’ont promis la terre
D’autres promettent le ciel
Il y en a qui t’ont promis la lune
Et moi je n’ai rien que ma pauvre guitare

16
Ene
08

El mar. La mar.

  El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!

   ¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?

   ¿Por qué me desenterraste
del mar?

   En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.

   Padre, ¿por qué me trajiste
acá?

(Rafael Alberti, 1924) 

12
Ene
08

Dulce verano…

Acaba de pasarme Abel unas cuantas fotos del verano. Y entre una y otra, he recordado todo lo que nos hemos reido y lo bonitos que son esos cuatro meses… Entre ejercicio y ejercicio de microeconomía, he elegido definitivamente ésta:

Jon y yo en el puesto de Laga

Es de algún día a mediados de agosto. La foto es de pronto, por la mañana, antes de abrir el puesto de socorro y empezar elservicio (eso ocurre a las 11:00). Habíamos salido por Bilbao la noche antes (era la Aste Nagusia, Semana Grande) pero por requerimientos femeninos, cada uno terminamos a una hora y en un lugar diferentes. Yo había ido prontito a Laida (la otra playa que coordino) a recoger el quad y marcharme a empezar la jornada con un bañito en Laga (donde está tomada la foto) antes de abrir el servicio. Según estaba abriendo el puesto, apareció Abel -que al parecer tenía similares planes-. Apenas habíamos comenzado a hablar sobre la noche anterior, cuando llegó Jon con la margarita en la oreja y bailando. Nos reimos mucho aquella mañana.

Pues eso. Felicidad en su estado natural. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en este caso me lo creo. Ahora, de vuelta al análisis de externalidades.

(P.D.: Gracias Abel por las fotos…)

04
Ene
08

Gabonak Euskal Herrian

Decoración navideña en Lekeitio

Esta foto  es de Lekeitio, un lugar donde hacen el mejor helado de chocolate negro del mundo entero, donde se puede disfrutar de charlas místicas al atardecer sentados en el rompeolas, un lugar donde Naiara dudó de mi capacidad como patrón justo en el momento más tenso de nuestra lucha contra olas de tres o cuatro metros que se cruzaban y chocaban entre sí (y a punto estuvo de costarle un chapuzón aquella osadía).

Un lugar que conocí con el mejor anfitrión y que después me ha regalado, sin pedir nada a cambio, grandes momentos.La navidad ha llegado hasta aquí, hasta ese rinconcito de la costa, nuestra costa, y quería compartiroslo. Solo eso. Hacedme el favor de imaginar, mientras veis la foto, que podeis oler el puerto y escuchar las olas, las campanas de la iglesia, y a Iosu hablando de la vida social de Lekeitio. Así vamos entrando en situación para explicaros otro día lo que significa la palabra nostalgia cuando miro desde mi ventana de Leganés.

05
Dic
07

El gran martes

¿Quién puede permitirse dedicar la mañana de un martes cualquiera a charlar con un buen amigo mientras pasean por la playa y después, una vez alimentada la mente, moverse unos pocos kilómetros para disfrutar d e las olas que el Cantábrico nos regala?

Yo sí.

Playa de OgeiaPor diferentes motivo he realizado una breve escapada a casa, y allí esperaba -ya me lo habían chivado el domingo mediante una llamada in situ, desde la carretera que une Laida y Laga – un mar rabioso, rebelde y limpio. No podía negarme pues a madrugar, rezar para que mi pobre viejito Renault Clio -sin duda una gran adquisición- arrancase (lo hizo a la primera) y escaparme a esos rincones a los que la vida me ha ido empujando con recuerdos, grandes amistades y no sé qué más ingredientes adictivos.

Quedé con Iosu en Laga; allí no había nadie salvo un hombre paseando y alguien en la cocina del Toki – alai, que emanaba unos vapores gastronómicos muy tentadores. Dimos varios paseos por la orilla mojada, viendo cómo las olas -grandes, incontrolables- engullían reiteradamente la esponja y cualquier otra roca que se atreviera a sobresalir del nivel del mar. Actualizamos vidas, opiniones, planes de futuro, esperanzas, y antes de agotar la dimensión de lo real para dejarnos llevar por la imaginación, completando lagunas de conversación con invenciones estrambóticas, decidimos poner rumbo a Ogeia. Ogeia es una cala de piedra situada en Ispaster, a la que se llega por un camino con el asfalto mordido por la naturaleza en varios puntos y rodeada de bosques de pinos. Yo apenas la recordaba de algunas excursiones en la infancia, hasta que este verano, asumiendo el puesto de coordinador de playas y teniendo como compañera coordinadora de Ogeia -y otras cuantas playas más- a Naiara, comencé a acercarme frecuentemente -Ogeia está a unos 20 minutos en quad desde Laga, 15 si es una urgencia y llevas las sirenas de ambulancia encendidas-. Se trata de un lugar increible al que os recomiendo que no vayais nunca, porque lo queremos para nosotros solos.

Allí fuimos pues, ayer martes, a entregarnos al mar y lo que éste deparase. Olas limpias, en series regulares, entre dos y tres metros de altura… Un regalo que la naturaleza tenía preparado solo para nosotros, los diez o quince desamparados que un martes cualquiera, a las once de la mañana, podemos permitirnos sentir la espuma que levantan las olas mientras el resto sufren con el transporte público, aguantan la bronca de su jefe, toman apuntes de Econometría en la Universidad, y se se dedican a un sinfín de actividades más que al final de su vida, probablemente, resulten poco o nada productivas.

Hubo tiempo para todo -y cómo no- tambien para fotos. Pero sobre todo, hubo tiempo para dejar que los engranajes de la sesera patinasen y se pusieran en marcha por si mismos, quizás alentados por el salitre, quizás porque el entorno invita -y obliga – a la abstracción.

Así, entre ola y ola, cuando la espuma rompiendo furiosa era ya un suave murmullo que se aleja impasible, han surgido varias preguntas que por mucho que trataba de expulsar, el mar traía a mí de vuelta…

12
Nov
07

Estampas varias (I)

Surfista en Laga

Espero que os guste, es en Laga, uno de los rincones del paraíso.

09
Nov
07

Surfin’ Euskadi

A ver que os parece:

Aquí un álbum con algunas fotillos de baños en diferentes playas de Euskadi; de momento son Mundaka, Laida y Laga, espero ampliar el album poco a poco. Se aceptan críticas.

VER EL ÁLBUM

He escuchado por ahí: “Mira qué gente tan rara, bañandose con el agua congelada y con esas ropas tan incómodas…”

29
Oct
07

Historia de unos susurros

Estaba de guardia, en Arriluze, y como Micky me había chivado vía SMS que la luna se acercaría a nosotros más que cualquier otro día del año, desafiando a los fantasmas de los naufragos (nuestra base está en el edificio llamado “Casa de naufragos”, y por las noches si uno se queda solo y agudiza el oído se pueden oir extraños sonidos) y luchando contra la tempestad que azotaba las escaleras y empujaba las olas contra la barandilla, llegué a lo alto del faro:

Una vez arriba, esperé a que anocheciese y la luna hiciera acto de presencia. La tormenta paró, y al fin se atrevió a salir:

Me quedé dormido, y a la mañana siguiente, me despertó un susurro que bonitamente mezcló frances e italiano:

Quando sei qui con me
Questa stanza non ha piu pareti
Ma alberi, alberi infiniti
E quando tu sei vicino a me
Questo soffitto, viola, no
Non esiste più, e vedo il cielo sopra a noi
Che restiamo quì, abbandonati come se
Non ci fosse più niente più niente al mondo,
Suona l’armonica, mi sembra un organo
Che canta per te e per me
Su nell’immensità del cielo
E per te e per me.
mmmhhhhhhhh
Et pour toi, et pour moi.

(Carla Bruni, Le ciel dans una chambre)

De vuelta en Leganés, el río baja revuelto y sin ganacia de pescadores, o eso dicen. El café de medianoche lo dictaminará y quién sabe, quizás mañana más y mejor. Gabon…

 

28
Oct
07

Navegantes místicos

Dice Iosu -compañero en lo profesional y amigo en lo personal- que últimamente estoy más místico que nunca. Lo dice guiandose por las últimas entradas del blog, ya que apenas hemos hablado desde que terminase la temporada de playas -quitando una breve conversación el viernes por la mañana, para decirle que el café acordado para esa misma tarde en un lugar secreto del Catábrico quedaba postergado, por encontrarme anclado a Madrid, a la cama y la resaca de una fiesta residencial, y que llegaría a la capital del mundo justo a tiempo para cubrir la guardia de salvamento marítimo-.

Alguna vez he mencionado en estas líneas a Iosu, atado por punzadas del corazón a su bucólica Lekeitio y persona mística por excelencia. Se entrega al kendo, a la meditación y a la extenuante lucha con la reflexión y la introspección contínuamente, con una perseverancia asombrosa y demasiado compleja como para retratar con sus matices en esta página. Quien quiera conocerlo, tendrá que buscar en los rincones inaccesibles de la costa que se pierde entre Bermeo y Motriko, y estar dispuesto a ofrecerle conversación sincera. Advierto, a riesgo de equivocarme frente a terceros, que seguramente se recibirá a cambio más de lo dado.

Y ¿por qué hablo de este compañero de andanzas veraniegas y reflexiones invernales? Primeramente, porque es un claro ejemplo de lo facil que es establecer la frontera clara entre los dos mundos que componen mi vida (Euskadi y Madrid) y lo dificil que resulta no traspasarla. Segundo, porque él forma parte de ese grupo de personas que hoy, en noche de luna pletórica precedida de día marítimo, me vienen a la cabeza.

Hay gente que navega por la vida -figurada o realmente- con calma, sintiendo cómo el buque se mece al vaiven del oleaje, con el viento rolando juguetonamente, centrandose en cada instante sin preocuparse por lo enfermizo del detalle, quedandose con la etérea sensación de un entorno que nos domina, estimulando los sentidos desde tantos ángulos que resulta imposible asimilarlo todo. Sin perder el rumbo, de cualquier manera: manteniendo suave el timón y haciendolo virar sin sentirlo, o brúscamente si las condiciones del entorno lo requieren.

Navegar es muchas cosas. Navegar es, por ejemplo, madrugar cada mañana, mezclarse con el batallón de gérmenes que puebla la atmósfera del metro en hora punta solo para reencontrarse en ese pasillo, ese aula de la facultad con el acento que lo hace enloquecer a uno. Navegar es, cómo no, sentir la fuerza del Cantábrico bajo la cubierta y el esplendor de la luna llena sobre la cabeza, cerrando los ojos y pensando:

- Si esto no es el Nirvana, que me parta un rayo.

(Y el rayo no aparece…)

Hay muchas maneras de navegar por la vida. Puede uno abandonarse a uno mismo o entregarse a los demás, dos extremos del mismo cabo que terminan por entrelazarse en la ilógica lógica de lo terrenal. Se puede navegar en seco o condenarse al dique seco de lo húmedo. Cantar a la chica de ayer es, a mi parecer, una de las más bellas maneras de navegar. Tambien reconocer que se echa de menos a alguien, y abrazar efusivamente a los verdaderos amigos en los desvaríos etílicos varios amparados por la sombra de los rascacielos.

En realidad, todos estamos atados inevitablemente a los caprichos de la navegación. Porque no compramos pasaje alguno ni nos entregamos voluntariamente al plan de viaje: naemos a bordo, sin opción de elegir. Lo que diferencia al común de los mortales de los navegantes es que éstos últimos son conscientes de su situación y se entregan por completo al viaje. Ello no significa, cuidado, considerar el camino un viaje de rosas: cualquiera que conozca el mar sabe que, por mucho que lo ame y allí se cobijen algunos de los mejores momentos, tambien esperan lo más duros y complicados devaneos inesperados.

Pero están ahí, ojo avizor, sonriendo a la adversidad o llorando a la rutina, incomprensibles, enumerables con los dedos de pocas manos y a la par infinítamente inclasificables, incomprensibles, gente de la noche entregada al carnaval de la luz del día, navegantes místicos.

03
Oct
07

¿Donde quedó?

De nuevo en Madrid, murmullos de fiesta ahí abajo… ¿Y el verano? ¿Dónde quedó? ¿El azul verdoso del mar? ¿Las promesas al atardecer? ¿Los amigos? ¿Los retos?

Mañana respuesta, si la termino de encontrar esta noche.




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