Curioso, cuanto menos. Iba hoy caminando solo por la Universidad (sí… que voy a hacer si me abandonan por una clase cualquiera), al encuentro de mi compadre Sergi y su venerable esposa (casi) cuando dos niñas de primer o segundo curso, potenciales estudiantes de LADE/Derecho, se han quedado mirandome , aparéntemente atónitas.
Por un instante pensé:
- Vaya, al fin alguna mujer que valora las horas de piscina.
Pero en unas milésimas de segundo, replanteé la cuestión desde la base:
- No, tampoco soy tan guapo (en realidad pensé: “soy un poquito feo como para desatar tanta admiración”, pero claro, como soy de los que no se consuelan con la dicha de que los feos somos más, tiendo a omitir las apreciaciones estéticas sobre mi persona).
Así que ajusté la mirada miópe y enseguida resolví el problema. Las estudiantes observaban, con estupor, mis preciosos pies desnudos, caminando alegres sobre unas chancletas azules y blancas que compré en el colmado allí cuando escribía, leía y reía en Sao Miguel do Gostoso, Rio Grande de Norte, Brasil.
No entienden que alguien, a 25 grados, casi en junio, pueda caminar por la calle en chancletas. Ellas, abanderadas del maquillaje matutino, reinas del glamour universitario. Espantapájaros disfrazados.












Comentarios recientes