Archivos para la Categoría 'Playa'

27
Oct
09

El verano solo termina…

… para que podamos disfrutar de la sensación de enroscate una bufanda al cuello, mientras te escondes bajo un gorro de lana que te regalaron en una fría estación de autobuses.

13
Jun
08

¿Veran(it)o?

Conversación en un parque arrinconando de Leganés, atípicamente tranquilo y bonito. Cantante de boleros. ¿Por qué no? En casa nos criamos con las letras y la voz envolvente de Armando Manzanero; quizás de ahí el romanticismo de patente caducada, quién sabe… La cuestión es que uno se cree los boleros, y el cantante que se cree sus propias letras está condenado al fracaso (si es capaz de salvarse del ridículo…). Así que arrinconamos la vocación a la esquina más húmeda de la ducha.

Los primeros días en casa (sí, resulta que en el fondo, aquella es mi casa…) una vez hemos comenzado la temporada de playas, han sido tristes. Tristes, porque uno se ha acostumbrado a ser no uno mismo, sino parte de, y cuando pasan las horas, currando y con la cabeza entretenida pero con el pensamiento latente, echa de menos las triquiñuelas por conseguir un café, unos minutos, una sonrisa (los días soleados y sin examen cerca…) y, de puro casual, alguna noche de sofá o desayuno a destiempo.

Pero desde el 7 de junio, solo hay talkies que suenan por el canal de zona 6, aperturas de puesto, alguna bronca del jefe. ¿Sol? ¿Chicas guapas en bikin? ¿Kilometros de complicidad en la furgoneta de Cruz Roja, charlando con Nayi y convenciendonos mutuamente de los desagradecido que es el curro de coordinador? Claro que sí. Esos momentos que hacen que cada verano en esto del socorrimos (y vamos camino del lustro) sea un momento irrepetible de nuestras vidas. Pero tambien está el mar. El mar solo. El mar. Sólo.

25
May
08

Capitulación

Vista de la banda de estribor de la Sea Doo GTi 2008Acabo de volver de Euskadi, donde he pasado un par de días preparando la temporada de playas que está a la vuelta de la esquina (empezamos el día 7 de junio). El jefe me enseño el nuevo “”juguete” con en el que voy a contar en mi zona, una moto de agua de rescate que llevo dos años pidiendo insistentemente (tengo la sospecha de que me la han concedido por no seguir aguantándome…). Una Bombardier Sea Doo de 130cv y motor de cuatro tiempos con una camilla hawaiana acoplada, perfecta para manejarnos en rompientes y zonas de dificil acceso donde con la zodiac no podíamos operar en cuanto levantaba algo de mar. Lo de juguete lo he entrecomillado, porque es la herramienta de trabajo más util con la que podemos contar en las playas peligrosas, y sé que con ella este año daremos un salto de gigante en el servicio de socorrismo en las playas que tengo el placer de coordinar, Laida y Laga.

Vino a Arriluze Xabi, de la base de salvamento marítimo de Donosti (Cruz Roja del Mar) y nos dió a Asier y a mí unas lecciones magistrales sobre las técnicas de salvamento con moto de agua. Dos días intensos en los que llegamos a recoger a socorrista y victima en ¡8 segundos!. Hay mucho trabajo por delante, muchas horas de entrenamiento, pero se ha abierto ante mí un nuevo mundo en lo que se refiere al salvamento acuático.

Ahora toca estudiar (y esto no es un pretexto para continuar el apagón bloguero, pero tambien). Un capítulo de El Principito narraba cómo éste se encontraba con un borracho que decía beber para olvidar, olvidar que bebía. Yo no necesito beber, pero sí olvidar. Asi que estudiaré para olvidar. Para olvidar que hay una persona a la que tengo que olvidar, por salud emocional. Es curioso cómo convertirmos un juego inocente en ficción creible, la ficción creible en realidad peligrosa, y así, jugando con fuego, empezamos a quemarnos. Nos quemamos y nos importa poco, por el placer de ver el fuego tan de cerca, pero llega un momento en que las heridas son ya tan serias que dejarán inevitablemente herida, por mucho que nos retiremos.

Así que me centro, en los estudios y en el trabajo, esos estudios que me han aburrido y dado satisfacciones intelectuales a partes iguales, ese trabajo que es lo más intenso de mi vida y que a su vez me ha llevado a vivir los disgustos más amargos.

Atardecer en Leganés

Y digo me centro por no decir que me rindo, aunque el olvido premeditado solo puede ser una forma educada de rendirse, guardando las apariencias, pero rendirse, al fin y al cabo. Es muy dificil dar un paso cuando en el fondo sabes que te estás equivocando, que buscas un equilibro que es imposible y por eso caes. Pero, ¿qué hacer? Cada día estoy más convencido de que la vida es solo una huida hacia adelante, a veces corres más, otras menos, pero siempre escapas. Y un servidor, ahora mismo, si se va, es por escapar, para qué engañarnos. Me rindo.

03
Feb
08

Días de invierno

Hoy todo está gris y mojado. Mientras tomabamos el café en los sofás del comedor, les he dicho a Apolo y Marquitos:

- Ey, hay una canción que dice…

Gravity is working against me
and gravity wants to bring me down…
Oh I’ll never know what makes this man
With all the love that his heart can stand
Dream of ways to throw it all away

Como no querían seguir escuchando, me he fijado en el jardín, a través de la cristalera. Se veían gotitas de agua resistiendose a caer cristal abajo, charcos en el cesped, ahora mismo veo dos viandantes parapetados bajo sus paraguas negros.

Y me recuerda un poquito a los días de invierno en Euskadi, cuando aita traía bollos de Ayarza y nos tapabamos con las mantas para no hacer nada en toda la tarde… O cuando ama, armandose de todo valor, nos llevaba a mi hermano y a mí (por aquel entonces, imberbes sin carnet de conducir) a Laga para que pillasemos unas olas, y terminaba la mañana con un chocolate con tostadas en el bar de Merche… Aquellos días que tenían como espectador omnipresente a la lluvia, sin que nos importase demasiado.

Hoy llueve en Leganés, y aunque no vea descampados, ovejas y bosque desde la ventana, me siento un poco más cerca de casa, del norte, de esa muralla de bosque y roca que choca contra el mar. No son unas fronteras: son unos colores, unos recuerdos, unas sensaciones. Puedo ir a Ortigueira, a Llanes, y quedarme allí para siempre, porque los días de invierno -y de verano- serían los mismos. Pero, ¿Leganés? ¿Madrid? Serán siempre lugares de paso…

Ayer, de cualquier modo, el día fue más claro. Al anochecer, desde esta ventana se veía, sin artificio posible, el siguiente espectaculo:

Y es que tal y como dice mi colega Bill, “There’s Treasure everywhere“. Solo hay que mirar bien-

12
Ene
08

Dulce verano…

Acaba de pasarme Abel unas cuantas fotos del verano. Y entre una y otra, he recordado todo lo que nos hemos reido y lo bonitos que son esos cuatro meses… Entre ejercicio y ejercicio de microeconomía, he elegido definitivamente ésta:

Jon y yo en el puesto de Laga

Es de algún día a mediados de agosto. La foto es de pronto, por la mañana, antes de abrir el puesto de socorro y empezar elservicio (eso ocurre a las 11:00). Habíamos salido por Bilbao la noche antes (era la Aste Nagusia, Semana Grande) pero por requerimientos femeninos, cada uno terminamos a una hora y en un lugar diferentes. Yo había ido prontito a Laida (la otra playa que coordino) a recoger el quad y marcharme a empezar la jornada con un bañito en Laga (donde está tomada la foto) antes de abrir el servicio. Según estaba abriendo el puesto, apareció Abel -que al parecer tenía similares planes-. Apenas habíamos comenzado a hablar sobre la noche anterior, cuando llegó Jon con la margarita en la oreja y bailando. Nos reimos mucho aquella mañana.

Pues eso. Felicidad en su estado natural. Dicen que una imagen vale más que mil palabras, y en este caso me lo creo. Ahora, de vuelta al análisis de externalidades.

(P.D.: Gracias Abel por las fotos…)

05
Dic
07

El gran martes

¿Quién puede permitirse dedicar la mañana de un martes cualquiera a charlar con un buen amigo mientras pasean por la playa y después, una vez alimentada la mente, moverse unos pocos kilómetros para disfrutar d e las olas que el Cantábrico nos regala?

Yo sí.

Playa de OgeiaPor diferentes motivo he realizado una breve escapada a casa, y allí esperaba -ya me lo habían chivado el domingo mediante una llamada in situ, desde la carretera que une Laida y Laga – un mar rabioso, rebelde y limpio. No podía negarme pues a madrugar, rezar para que mi pobre viejito Renault Clio -sin duda una gran adquisición- arrancase (lo hizo a la primera) y escaparme a esos rincones a los que la vida me ha ido empujando con recuerdos, grandes amistades y no sé qué más ingredientes adictivos.

Quedé con Iosu en Laga; allí no había nadie salvo un hombre paseando y alguien en la cocina del Toki – alai, que emanaba unos vapores gastronómicos muy tentadores. Dimos varios paseos por la orilla mojada, viendo cómo las olas -grandes, incontrolables- engullían reiteradamente la esponja y cualquier otra roca que se atreviera a sobresalir del nivel del mar. Actualizamos vidas, opiniones, planes de futuro, esperanzas, y antes de agotar la dimensión de lo real para dejarnos llevar por la imaginación, completando lagunas de conversación con invenciones estrambóticas, decidimos poner rumbo a Ogeia. Ogeia es una cala de piedra situada en Ispaster, a la que se llega por un camino con el asfalto mordido por la naturaleza en varios puntos y rodeada de bosques de pinos. Yo apenas la recordaba de algunas excursiones en la infancia, hasta que este verano, asumiendo el puesto de coordinador de playas y teniendo como compañera coordinadora de Ogeia -y otras cuantas playas más- a Naiara, comencé a acercarme frecuentemente -Ogeia está a unos 20 minutos en quad desde Laga, 15 si es una urgencia y llevas las sirenas de ambulancia encendidas-. Se trata de un lugar increible al que os recomiendo que no vayais nunca, porque lo queremos para nosotros solos.

Allí fuimos pues, ayer martes, a entregarnos al mar y lo que éste deparase. Olas limpias, en series regulares, entre dos y tres metros de altura… Un regalo que la naturaleza tenía preparado solo para nosotros, los diez o quince desamparados que un martes cualquiera, a las once de la mañana, podemos permitirnos sentir la espuma que levantan las olas mientras el resto sufren con el transporte público, aguantan la bronca de su jefe, toman apuntes de Econometría en la Universidad, y se se dedican a un sinfín de actividades más que al final de su vida, probablemente, resulten poco o nada productivas.

Hubo tiempo para todo -y cómo no- tambien para fotos. Pero sobre todo, hubo tiempo para dejar que los engranajes de la sesera patinasen y se pusieran en marcha por si mismos, quizás alentados por el salitre, quizás porque el entorno invita -y obliga – a la abstracción.

Así, entre ola y ola, cuando la espuma rompiendo furiosa era ya un suave murmullo que se aleja impasible, han surgido varias preguntas que por mucho que trataba de expulsar, el mar traía a mí de vuelta…

12
Nov
07

Estampas varias (I)

Surfista en Laga

Espero que os guste, es en Laga, uno de los rincones del paraíso.

09
Nov
07

Surfin’ Euskadi

A ver que os parece:

Aquí un álbum con algunas fotillos de baños en diferentes playas de Euskadi; de momento son Mundaka, Laida y Laga, espero ampliar el album poco a poco. Se aceptan críticas.

VER EL ÁLBUM

He escuchado por ahí: “Mira qué gente tan rara, bañandose con el agua congelada y con esas ropas tan incómodas…”

03
Oct
07

¿Donde quedó?

De nuevo en Madrid, murmullos de fiesta ahí abajo… ¿Y el verano? ¿Dónde quedó? ¿El azul verdoso del mar? ¿Las promesas al atardecer? ¿Los amigos? ¿Los retos?

Mañana respuesta, si la termino de encontrar esta noche.

12
Sep
07

Kamikazes de colores

La vida es una sucesión de etapas que somos incapaces de enlazar con suavidad y van amontonandose y chocando unas contra otras, como los vagones de un viejo tren cuyas ruedas son incapaces de frenar a tiempo. Si te dan la oportunidad,Cometas en Laida normalmente eliges no quemar cartuchos y quedarte quieto, porque avanzar implica dejar cosas atrás creando el temido pasado. Quien no camina no tropieza, dijo alguien.

Por eso hay tantas estaciones repletas y tantos trenes vacios: por toda la gente que no se atrevió a saltar y quedó, para siempre, sintiendo en sus piernas el sedante temblor del tren al pasar a pocos metros. Se acaba el verano, pero no es otro verano más. Quedan veinte días para terminar la temporada de playas y cerrar por última vez el puesto de socorro hasta el proximo año. Desde que izamos la bandera el ocho de junio, hemos dejado la casa en la que me crié, he abandonado la segunda década de mi vida, el que ha sido compañero de habitación y muchas andanzas en el Colegio Mayor ha hecho las maletas para una nueva vida en Berlin.

Hace cuatro años, cuando regresé de República Dominicana, supe que había muerto Barry White y la humanidad me resultó mas insulsa, simple. Ahora nos han dejado Pavarotti, Umbral. Va cayendo una generación que supo exprimir lo mejor y lo peor de lo que el ser humano es capaz, y quedamos, como herencia, quienes solo somos capaces de las medias tintas o lo negativo.

Toca una nueva etapa. Y no me da miedo saltar, pero todo es incertéidumbre. No sé que hay después. Sé los recuerdos que me llevo en la mochila, qué sonrisa me acompañará cuando sienta la soledad de cuatro paredes en una gran ciudad. Sé qué horizonte veré al cerrar los ojos en la linea plagada de gruas a las afueras de Leganés.

El día que sea todo hostil en Leganés y en la estación del Cercanías huela a caucho mojado, cuando los amigos estén demasiado ocupados repasando apuntes o engatusando a sus novias novatas, voy a cerrar los ojos y me acordaré por ejemplo de la tarde del 11 de septiembre del 2007, cuando las cometas convertidas en kamikazes coloridos hace tiempo que se habían ido y solo quedabamos nosotros dos en la playa, viendo anochecer tras Mundaka, mientras comiamos una caja de bombones y hablabamos de antiguos profesores.. Me acordaré de que a ella no le gustaban los bombones de chocolate negro, porque por dentro siempre eran de café.

Y entonces, supongo, tendrá sentido haber escapado corriendo hacia adelante. Porque el verano desgraciadamente no es para siempre, y porque recordaré que una vez jugamos a ser felices, y eso queda para siempre.




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